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Periodista del futuro trabaja en su oficina. Fuente IA
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El periodismo del futuro

Avatar de Sofía Toribio Díaz
1.170 palabras
5–7 minutos

OPINIÓN | ¿Puede el periodismo desaparecer detrás de los algoritmos? Este artículo nos transporta a un futuro donde las máquinas informan, pero solo los periodistas humanos pueden dar sentido a la realidad. Una reflexión sobre el valor irremplazable de la mirada crítica, la credibilidad y el relato compartido en la era digital.

Los últimos de la especie

Llegando a la redacción recuerdo con anhelo este mismo día hace cuarenta años. Por aquel entonces aún éramos diez en las oficinas, y las horas pasaban de forma más amena. Creo que una semana antes hice mi última crónica a las puertas del Parlamento. Doscientos periodistas se manifestaron para exigir lo que entonces parecía una batalla perdida respecto a su futuro: que las redacciones no se convirtieran en naves vacías gestionadas por algoritmos. Decidí escribir la crónica a la que titulé “Los últimos de la especie” , a mano, en una libreta como un fósil.

Siete días después, el primer domingo de mayo, nos llegó un comunicado a la oficina confirmando lo que todos augurábamos, la redacción física cerraba definitivamente. En mayo de 2080 apagamos las luces hasta nuevo aviso. Tardaron cinco años en darse cuenta de que, sin mirada humana, la actualización permanente se convirtió en ruido sin significado. Los algoritmos publicaban con una instantaneidad perfecta, pero nadie verificaba, nadie contextualizaba, nadie interpretaba.

La desinformación encontró un terreno fértil sobre el que echar raíces. Las cámaras de eco se volvieron infranqueables y el activo intangible más valiosos del periodismo, la credibilidad, se desvaneció en unos pocos años. Así que en 2085 nos llamaron de vuelta solo a dos: a Lola y a mí. Sabíamos que no íbamos para competir con las máquinas, sino para hacer aquello que se escapara de su lógica algorítmica. Cuarenta años más tarde, sigo aquí.

Lo que ellas no saben hacer

Cada mañana dedico una hora a esa parte de información censurada por el nuevo baremo de noticiabilidad. Los algoritmos pasan de largo aquello que no genere tráfico, porque no responden a patrones predecibles, siendo esos huecos donde a menudo se esconden las historias que alguien no quiere que se cuenten.  Después llegan las alertas del sistema. No noticias, sino anomalías que el algoritmo detecta: bulos amarillistas, discursos contradictorios, estadísticas inusuales

La máquina señala la incoherencia, pero no puede interpretarla, asi que se detiene en el umbral de la pregunta para que yo lo cruce. Llamadas en tiempo real, desplazamientos físicos con conversaciones cara a cara, ambientes de confianza y vínculos humanos… Y por último la construcción del relato, que ya no se escribe como antes. La hipertextualidad es la herramienta contemporánea que ha permitido pivotar de una pretensión simple en la narración de los hechos hacia una multidimensionalidad de la misma, gracias al reconocimiento de una realidad demasiado compleja como para reducirla a un titular.  El hipertexto es una forma de entender que la información se conecta con otras informaciones como las neuronas en el cerebro.

Cuando la pieza está publicada, los foros, las redes sociales y las salas virtuales inician discusiones entre sectores de la sociedad polarizados y radicalizados que se retroalimentan dentro de sus cámaras de eco.  Mi trabajo como periodista del futuro es actuar, no como un moderador que impone silencio, sino como un facilitador que aporta contexto cuando el debate se envenena. Es mi parte favorita. Una conversación frágil y desordenada, a veces crispada, que se convierte en lo más parecido que queda de aquellos cafés del siglo XVIII donde nació esto que aún llamamos periodismo.


El periodismo hoy

Llevamos años escuchando que el periodismo agoniza, que los periodistas somos una especie en extinción. Sin embargo, es la forma de ejercerlo lo que se desvanece, la óptica tradicional que se ha tenido del mismo. Y en ese debate, la tecnología ha ocupado el centro de la escena casi siempre mal interpretada, haciendo del  determinismo tecnológico la excusa perfecta para desviar la atención de las fluctuaciones sociales, atribuyendo las causas y consecuencias a las máquinas.

Maeshall McLuhan y el determinismo tecnológico. Canal TeoCom. Fuente Youtube

La digitalización no es una revolución, como bien apuntaba Tremblay, es una intensificación del capitalismo, una vuelta de tuerca más en un sistema que lleva siglos transformándose.

“La Sociedad de la Información no constituye una ruptura radical con el sistema capitalista, sino que debe entenderse como otra forma en la evolución del mismo.”

Durante décadas, la profesión se identificó con unos formatos y unas ventanas de distribución que resultaron ser circunstanciales. Sin embargo la tinta y el papel, los informativos matinales y los programas de radio eran el uniforme del periodismo, no su cuerpo. Y cuado la tecnología empezó a desnudarnos muchos creyeron que desaparecíamos con él.

Acompañado a este cambio, se sumaron las nuevas dinámicas sociales que han fomentado el ruido, la polarización, las cámaras de eco… No son la sentencia catastrófica de nuestra profesión, sino los nuevos caminos que trazan las líneas de actuación de los periodistas del futuro. Porque cuanto más se acelera la información, más valor adquiere quien se detiene a verificar. Cuanto más se fragmentan las audiencias en burbujas incomunicadas, más necesarios son los puentes.

Cuanto más se envenena el debate público, más imprescindible resulta alguien que aporte contexto sin imponer silencio. Por ello la necesidad de verificación y la consolidación de espacios de encuentro y debate seguros dejan obsoleto el término con el que Ramonet define al periodista «instantaneísta».

Cuanto más se envenena el debate público, más imprescindible resulta alguien que aporte contexto sin imponer silencio. Por ello la necesidad de verificación y la consolidación de espacios de encuentro y debate seguros dejan obsoleto el término con el que Ramonet define al periodista «instantaneísta».

«Un periodista ya no debería llamarse periodista hoy en día. Debería llamarse instantaneísta. Pero todavía no sabemos analizar al instante. Por tanto, no hay análisis, pues no hay distancia. Al final, el periodista tiene cada vez mayor tendencia a convertirse en un simple vehículo. Es el canal que enlaza el suceso y su difusión.»

Infografia sobre las habilidades de un periodista de hoy. Fuente: Alfredo Vela
Ignacio Ramonet. Fuente Wikimedia Commons

El periodista del futuro

Y todo eso, todas esas tareas que las máquinas no pueden hacer, son las que dan sentido a nuestro oficio. Ellas informan, nosotros contamos. Ellas tienen la velocidad, nosotros la credibilidad. Procesan datos, pero no pueden construir relatos. Detectan anomalías, pero no pueden interpretarlas con una mirada cómplice, con un silencio sospechosamente largo, con un murmullo lejano…con ese vínculo humano que solo se forja cara a cara.

Mientras haya alguien que necesite no solo saber qué pasó, sino entender por qué, el periodismo seguirá siendo necesario. No el periodismo de la velocidad vacía ni el de la obsesión por la primicia. Otro periodismo. Uno que ya está aquí, aunque aún no lo reconozcamos del todo. Uno que no compite con las máquinas, sino que ocupa el espacio que ellas dejan vacío. Y ese espacio, ese territorio intangible donde se teje la confianza y se construye el relato compartido, es justo el lugar del que nunca debemos irnos.

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