REPORTAJE | En la calle de José Ortega y Gasset, a la altura del número 48, Miguel Sanz abre casi todos los días su quiosco a las ocho de la mañana. Sanz prepara los expositores con todos los productos para vender a pie de acera al viandante. Periódicos, por supuesto, y revistas. Pero también golosinas, llaveros, imanes, e incluso libros. Estos últimos se venden poco según comenta: “la gente compra los libros con mayor frecuencia en El Corte Inglés de Goya”.
Aunque lo típico sea encontrar a personas mas mayores en este tipo de negocio, Miguel Sanz tiene 43 años. Es todavía un novato en esto de ser quiosquero, aunque su ilusión por montar un quiosco venga desde que es pequeño, tal y como nos cuenta:
“Para ser buen quiosquero, hace falta tener mucha vocación —explica Miguel—. Y qué mejor que ofrecerle a los clientes siempre una sonrisa”. Asimismo, dice que hay que conocer la receta para que el negocio sea rentable. “Hay que conocer a la gente, empatizar con ella, eso es muy importante”, explica. Porque, además del daño de Internet, en la mayoría de establecimientos se vende lo mismo: “Hay que dar un valor añadido”, comenta.
Miguel Sanz reconoce que “se ha notado mucho que ha bajado la venta de periódicos”. De ahí que el negocio se convierta en un bazar en miniatura. “Hoy en día compra periódicos, sobre todo, gente de 60 años para arriba”, dice, dos segundos después de vender a una madre y su hijo unos chicles y una botella de agua. “El público es muy mayor, porque las personas más mayores siempre han estado acostumbradas a la prensa y les resulta más fácil informarse por el papel o por la televisión”. Quizás, esta es una de las causas por las que hoy, ninguno de los 10 principales periódicos españoles vende en un quiosco más de 90.000 ejemplares al día, según lo certifica la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD).
No obstante, las ventas en los quioscos son tres veces superiores los fines de semana. Principalmente, los domingos el negocio es mucho mayor, tiene su porqué:
Por eso no extraña a Miguel que, en ese mismo instante, Antonio, cliente fiel, pase por el quiosco: “me dicen que soy una especie en peligro de extinción. Pero es que no defino un domingo sin mi periódico en la mano. A mí no me gusta eso del digital. Me gusta sentir el papel, y dar dinero a las personas que a día de hoy siguen luchando porque esto no muera”.
Antonio compra El País cada domingo. Así pues, cuenta Miguel que los periódicos más vendidos en el barrio son El País y ABC, que al parecer van “de la mano”. En las revistas destaca Hola, “el cotilleo y el morbo es algo muy español —explica Sanz— y hace que se vendan bastantes revistas del corazón”.
Necesitan ayuda
En España han desaparecido el 50% de los kioscos en las últimas dos décadas. Y en la capital de esta, la ciudad de Madrid; a finales del año 2000, la Asociación de Vendedores de Prensa Profesionales de Madrid (AVPPM) contaba con más de 700 quioscos, actualmente la cifra ha descendido hasta los 300.
el año 1990 hasta el 2001 | Fuente: Cristina Martin
Los datos del Estudio General de Medios (EGM) corroboran la manera en que la gente huye de lo tradicional a lo digital: las cifras indican que en la primera ola del EGM de 2021 se cuantifica que solo 6.618.000 personas leyeron un ejemplar de periódico de media diaria. Teniendo en cuenta que en el 2011 estos datos se cifraban en 15 millones de lectores de media diaria de la prensa escrita. Además, cada punto de venta está sujeto a una concesión municipal, lo que impide que a nivel nacional todos los quioscos puedan vender los mismos productos.
Los quiosqueros, a pesar de todo, se muestran animados a la hora de sacar el negocio hacia delante. Pero tal y como comentaba Miguel, los precios desorbitados de abrir nuevos quioscos suponen un gran problema, puesto que entre gestoría, contactos con distribuidoras y cánones hacen falta entre 50.000 y 70.000 euros.
La nostalgia del ayer
Los quioscos han cambiado en todo. “Ya no es como ir en los tiempos antiguos al quiosco a por regalices o a por los cromos. Lejos incluso quedan los días en el que te quedabas sin periódico porque se habían agotado”, comenta Miguel. Aún así, él sigue creyendo en la esencia del papel. Y es verdad eso de para gustos los colores, ya que habrá gente a la que le siga gustando leer periódicos y revistas, principalmente porque estos traen siempre más densidad de información que el formato digital como explica:
La otra cara de la moneda
No obstante, es un hecho que los quioscos están desapareciendo, los mismos datos del Estudio General de Medios lo han admitido que el consumo cada vez es menor tanto de la prensa como de las revistas. Sin embargo, cada vez son más los consumidores de lo digital, sobre todo se duplicó su consumo durante la pandemia.
Eso es lo que le sucedió a la revista cultural Discordia, que nacería allá por principios del 2020 y el coronavirus le trajo ese aire fresco impulsando su numero de lectores. Pero, ¿por qué la gente va a medios digitales y ya no usan tanto el papel? La respuesta la tiene Andrea Pardo, redactora de la revista de cultura digital Discordia:
Principalmente, el consumidor de la prensa digital busca inmediatez, comodidad y que todo lo que quiera o busque se encuentre a un golpe de “click”. Aunque la información sea distinta, el soporte juega un papel fundamental en esta crisis, como explica:
Dejando atrás las estadísticas, no cabe duda de que seguiremos evolucionando y el propio futuro determinará hacia dónde vamos. Sigamos consumiendo información, sea donde sea, ahora eso sí, que el mundo de las prisas no nos haga a veces dejar a un lado profesiones centenarias como la de los quiosqueros en cualquier lado.







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