REPORTAJE | La cobertura electoral en Estados Unidos ya no empieza en una rueda de prensa ni se decide en la redacción de un periódico, sino en el flujo constante de publicaciones que circulan por las distintas redes sociales. En la última década, las elecciones estadounidenses han estado marcadas por el poder de estas plataformas y de la desinformación.
La batalla por llegar a la Casa Blanca se libra hoy en un entorno caracterizado por la inmediatez. Para ejemplificarlo, basta con observar los datos sobre la actividad en redes durante las últimas campañas para las elecciones presidenciales en 2024:
| Donald Trump | Kamala Harris | |
| Número de publicaciones | 51.7 millones | 23.9 millones |
Los datos reflejan una diferencia significativa en el volumen de contenidos generados por los candidatos. Esto evidencia hasta qué punto las redes sociales se han convertido en un eje central de la estrategia electoral de, en especial, el Partido Republicano. Sin embargo, más allá de los datos, lo relevante es analizar cómo, a través de estas plataformas, se difunden mensajes, moldean realidades y condicionan la agenda de los medios.
En este nuevo ecosistema, los candidatos no solo comunican, sino que lo hacen sin la intermediación de los medios tradicionales. Esto ha transformado enormemente el papel del periodista político en nuestros días, obligándolos a un flujo de trabajo constante.
Javier Collado, periodista y doctor en política estadounidense y medios de comunicación, expresa: “En la redacción tenemos en una pestaña abierta siempre las redes sociales de Donald Trump porque a menudo las declaraciones no las hace en prensa y comunicados, sino en su red social”.
En este contexto, los periodistas han perdido su papel como gatekeepers y creadores de la agenda mediática. Hoy son las cúpulas políticas las que deciden qué información de sus discursos comparten en redes, guiando a los periodistas sobre cuál tiene que ser la historia, qué es aquello que deben destacar.
Uso de algoritmos y la creciente segmentación
Con el creciente uso de las redes sociales, se intensifica la preocupación por la aparición de burbujas informativas. Este término define una situación que evidencia cómo, cuando la información que recibe la población circula principalmente a través de plataformas como X o Instagram, los usuarios tienden a exponerse a contenidos que refuerzan sus ideales, a contenidos afines a sus intereses y creencias previas. Este fenómeno, acentuado por el uso de algoritmos, limita la diversidad de opiniones que llegan a los consumidores de información y provoca mayor polarización política, en este caso. Aplicando esta idea al contexto electoral estadounidense, queda evidenciado que el algoritmo favorecerá la aparición de este fenómeno que puede acabar resultando peligroso.
Carlota Sempere, estudiante de último año de Relaciones Internacionales y Periodismo, analiza la situación: «El algoritmo premia el contenido emocional, politizante, porque es el que crea más engagement. Esto hace que estos mensajes, sean verdaderos o falsos, circulen más rápido que cualquier información verificada«.
Aunque el uso de las redes sociales durante las campañas electorales en Estados Unidos no es un suceso novedoso, cabe recalcar el uso que ha hecho durante sus distintas campañas electorales en 2016, 2020 y 2024 el actual presidente de EEUU, Donald Trump, de la red social X (anteriormente Twitter). En ella, el entonces candidato y hoy presidente publicaba contenido de forma constante atacando a medios de comunicación o rivales políticos. Estos ‘tweets’ además alcanzaban una amplia difusión en la plataforma X, favorecidos por el sistema algorítmico y por la gran capacidad de Elon Musk para generar interacción en la plataforma, así como la afinidad entre el magnate y el candidato. Esta situación ha llevado a distintos estudios a advertir sobre su papel en la amplificación del contenido político durante los procesos electorales.
“Sin Twitter, no hubiésemos tenido la presidencia de Donald Trump. Y creo que él lo sabe».
(Kirsten Powers, analista política de CNN)
El uso de influencers
De la misma manera, los candidatos han recurrido en las distintas campañas electorales al uso de influencers como parte de su estrategia digital. En este sentido, los creadores de contenido promocionan a los candidatos a través de sus publicaciones, especialmente en TikTok. El objetivo de esta estrategia es difundir mensajes de campaña con el fin de influir, sobre todo, en el voto de la generación Z.
Asimismo, esta estrategia no se limita a la producción de contenido propio ni a la colaboración con influencers. Pues también incluye la participación de los candidatos en espacios digitales ya consolidados. En este sentido, los candidatos han incorporado en sus campañas visitas a pódcast o canales de creadores de contenido, con el fin de difundir sus mensajes y acercarse y conseguir el voto de los más jóvenes.
TikTok: el caso de Mamdani
Esta ‘tiktokificación’ de las campañas políticas es cada vez más evidente. Un ejemplo reciente de ello es el uso que ha hecho de esta red social el actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien cuenta con ni más ni menos que 3.5 millones de seguidores en la plataforma. A través de sus publicaciones en TikTok, Mamdani no solo difundió sus prometedoras propuestas políticas, sino que también construyó una imagen de cercanía, mostrándose como un ciudadano más de la ciudad. De esta forma, logra reducir la distancia con el electorado y acercarse así a los votantes.
Un nuevo paradigma
Sin embargo, este nuevo modelo de comunicación no está exento de riesgos.
En este contexto, el uso masivo de las redes sociales en las campañas políticas, sumado al aumento de la desinformación favorecida por la irrupción de la inteligencia artificial, dibuja un escenario de creciente incertidumbre. Especialmente de cara a las elecciones ‘midterms’ o de medio mandato en Estados Unidos, donde la comunicación política se adapta cada vez más a los códigos de las plataformas digitales.







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