OPINIÓN | El 2024 está siendo el año, una vez más y por desgracia, de la desinformación. Sumidos en la vorágine de noticias express, donde la prioridad es publicar y no tanto contrastar, a diario se difunden y comparten noticias y rumores. Las redes sociales y el periodismo multimedia han favorecido el entramado del confuso tejido online. Cualquier artículo publicado supone una prueba para el pensamiento crítico de la audiencia. Por ello la alfabetización mediática (la educación de la audiencia para que, por medio del pensamiento crítico, pueda evaluar si una información es real, o por lo menos que se lo cuestione), es tan importante en la era de la información multimedia.
Es fundamental la labor de los medios de comunicación ante el evidente deterioro de la calidad informativa actual. El deterioro experimentado desde que prima la instantaneidad frente a la calidad ha afectado a la credibilidad del periodismo a nivel mundial. Esto se manifiesta en formas deterioradas de periodismo, desde el sensacionalismo pasando por el tendencioso clickbait (titulares engañosos y artículos que no tienen nada que ver con lo que anuncian). Se ha dejado de lado la rigurosidad de la profesión frente al objetivo de monetizar la información. Este deterioro favorece la impresión colectiva que sustenta que las mentiras eclipsan a la verdad.
Cuando hablamos sobre desinformación y medios ningún cabeza de lista del panorama informativo se libra. Al hablar de las rutinas que tienen que seguir sus trabajadores, es habitual encontrar declaraciones como la siguiente:
Carla C. trabajadora Grupo MediaPro sobre el escaso tratamiento de la información debido a la inmediatez del periodismo multimedia en la era digital. / Imagen: Carla C.
La era del periodismo multimedia ha favorecido que la televisión, radio y prensa impresa haya quedado para “los romántico de lo analógico”. El periodismo online ha sufrido un notable deterioro en todos los aspectos. El público ha dejado de confiar en lo que ven en sus pantallas. Lejos de lo que se pueda pensar, la responsabilidad de esto no se encuentra solo en las redacciones de los medios. El público debe educarse para no creer todo lo que se encuentra. Si el lector posee el suficiente pensamiento crítico, contrasta en varios medios la información y decide hacer sus propias investigaciones o planteamientos, es posible que las fake news difundidas en redes sociales y grupos de WhatsApp tuviesen mucho menos peso entre la población. La audiencia estaría mucho menos desinformada de lo que lo está actualmente.
Periodismo multimedia: La necesidad de publicar a toda costa deja de lado la calidad informativa / Imagen: Wildpixel
Uno de los ejemplos más evidentes de las consecuencias que pueden tener las noticias falsas es la creencia, todavía a día de hoy para muchos, de la implicación del grupo terrorista ETA en los atentados del 11M. Es cierto que aquella fatídica mañana los principales diarios del país ocuparon sus portadas con titulares que atribuían la autoría de las explosiones al grupo vasco. También lo es que estos mismos rectificaron, horas después, reconociendo la responsabilidad de las explosiones a la organización islamista. Sin embargo, lo que caló en el ideario colectivo fue ese primer mensaje. Evidente prueba es que veinte años después, existe quien sigue manteniendo la idea inicial.
El impacto sobre los medios de comunicación es devastador e irreparable a corto plazo. En consecuencia, una sociedad desinformada es incapaz de participar en un debate público fundado y constructivo. Que un dato falso se difunda y arraigue en las personas puede ocasionar cambios en los resultados electorales. Es importante la influencia en la manera en la que los ciudadanos decidan llevar a cabo el cuidado de la salud pública (vacunas, remedios caseros milagrosos, etc.), sin olvidar la incitación a la violencia o el odio.
Quizá deba ser algo que se cuide desde las aulas. Por esto es necesario que las escuelas comiencen a formar a las futuras generaciones desde la importancia de vivir bien informado, sospechando de los titulares impactantes y contrastando en diferentes medios la misma noticia, se estaría ganando un importante terreno de cara a la desinformación que habita entre todos. La necesidad de conocer aquello que nos rodea debe alimentarse desde pequeños, a partir de los diferentes estímulos que conforman el entorno de la persona. Ramón García Valdivia, («Monchi»), presenta una alternativa tangible a esta propuesta en su libro La asignatura que transformará nuestra sociedad. En él propone reparar algunos de los problemas (entre los que se encuentra la desinformación y la falta de pensamiento crítico), desde la niñez. Para ello son necesarios profesores que no solo enseñen a memorizar datos a los que nunca se recurrirá.
«Monchi» afirma que el pensamiento crítico enseña a los alumnos a cuestionarse que las figuras de autoridad no siempre dicen la verdad. / Imagen: Mario García Valdivia
Es fundamental reconocer la inmediata necesidad de la educación mediática y el juicio social. Una sociedad democrática debe utilizar este poder para crecer y no para empequeñecer a sus votantes. Sin eludir a los medios de su evidente responsabilidad, se aboga a los mismos con respecto al trabajo que queda por delante para recuperar la credibilidad que perdieron buscando el éxito fácil.
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