ENTREVISTA | «El principal objetivo es acercar realidades que son de difícil acceso.» La Guerra Civil Siria, la caída de Kabul o la extrema pobreza son grandes tragedias humanitarias que han sacudido Oriente Próximo y Asia. En común tienen, a parte del dolor y sufrimiento de millones de personas, el escenario europeo. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), cerca de 45 millones de personas migrantes viven en Europa, un número que recoge tanto migrantes económicos, refugiados y solicitantes de asilo. Lo que supone el 16% de un total de 281 millones de migrantes en el mundo.
En los últimos años, en medios de comunicación se ha tratado de forma reiterada el ingreso de manera irregular en territorio europeo. Las políticas estatales y comunitarias migratorias han sido denunciadas por diferentes organizaciones ante autoridades europeas. Cuando la atención mediática y de los grandes grupos de comunicación está enfocada bajo los intereses propios, otras perspectivas son olvidadas.
Por este motivo, “Voces ahogadas” es un proyecto periodístico independiente de urgente necesidad. En su canal de YouTube, Juanjo Chica, un estudiante de Derecho y Relaciones laborales colombo-canario, publica entrevistas a diferentes trabajadores sociales y personas migrantes en todo el territorio europeo. La suma del compromiso social, inquietud audiovisual y la experiencia como propio migrante, acaba resultando en el proyecto de periodismo ciudadano comprometido que es.
El inicio del viaje
P: Para comenzar, ¿puedes comentarnos qué es Voces Ahogadas?
R: Voces ahogadas surge como una mezcla de dos cuestiones: un plano personal, que es el mero hecho de poder viajar, ver mundo de alguna manera. Yo siempre había querido hacer un Inter raíl, que es mi principal herramienta a la hora de viajar y de llegar a los lugares a los que tengo que llegar. Y surge también con que no me quiero conformar con viajar, no quiero sentir un turista, después ahondaré más porque son «traumitas» de Tenerife.
De todas las temáticas que podía explorar, no me acuerdo de cómo acabé llegando a la migrante más allá del hecho de lo obvio, de que yo también lo soy, porque nací en Colombia. Pero decidí tomarla por ese lado y estuve durante meses recopilando información para poder dar una imagen medianamente seria de primeras para que las personas de las organizaciones a las cuales entrevisto y que al final son quienes tienen «acceso» a los migrantes pues bueno, me permitieran entrar en este nicho, aunque no sea la palabra más acertada.
P: ¿Comienzas desde el primer viaje a trabajar en el proyecto?
R: Si, empecé haciendo entrevistas. La primera fue en Budapest, la pude hacer con el comité de Helsinki en Hungría. Para ser mi primera entrevista me pareció una de las mejores fácilmente, porque se notaba que la entrevistada sabía mucho de lo que hablaba. Lo explicó súper bien.
La siguiente fue en Bosnia en Bihac, un pueblo en la frontera con Croacia y uno de los principales puntos por el que los migrantes cruzan hacia la UE.
Siempre he entrevistado primero a las organizaciones y las divido en dos. Están las que pelean fuera de la frontera, como puede ser el Comité de Helsinki que pelea más las cosas en Budapest. Al final es la capital y no te encuentras las escenas de los campamentos de refugiados. Pero llevan años en litigios con el gobierno húngaro por las leyes que firman.
Luego están organizaciones como «No Name Kitchen», que en pequeños pueblos en los Balcanes o en Ceuta tienen equipos que trabajan allí. Una vez estando en esos puntos si que tengo una toma de contacto con los migrantes. Y a partir de esas dos organizaciones es como accedo a toda la información prácticamente.
«El principal objetivo es acercar realidades que son de difícil acceso.«
Juanjo Chica
P: ¿En qué consisten estos viajes y qué haces con el material que grabas?
R: Edito las entrevistas y las subo a YouTube e intento que sean reportajes muy concretos que no pasen los veinte o treinta minutos. Y el principal objetivo de esos vídeos es acercar realidades que son de difícil acceso, incluso por una cuestión idiomática. Es decir, al hacer las entrevistas en países como Hungría, Bosnia o Serbia, es prácticamente el 90% es en inglés.
Entonces edito esos vídeos de manera que sean lo más accesible posible, les pongo subtítulos, etc. Y el principal objetivo es que la gente, hispanohablante en este caso, pueda acceder a esa información que está en lugares tan aislados, tan perdidos, como en fronteras como la de Bosnia y Croacia o la de Serbia y Croacia. Y que sepan un poco la realidad legal, no muy en profundidad, pero si al menos superficialmente de cómo están las personas migrantes en el resto de los países europeos.
P: En este contexto, ¿cuál es el futuro del proyecto?
Hablemos de compromiso
P: ¿Estamos hablando de un contenido político e ideológico de denuncia?
R: Es las dos, es tanto político como puramente periodístico. Al final lo que yo intento es mostrar realidades alejadas, es algo que repito mucho demás. En eso se basa al final todo esto, cuando llego y me entrevisto con un migrante le digo a esa persona si quiere hacerlo o no, si quiere tomarse fotos y a partir de ahí es un poco improvisado.
Con quienes sí tengo entrevistas más preparadas en el contenido es con los voluntarios en las fronteras o con las organizaciones en las capitales, porque requieren más contenido y conocer a fondo. Saber cuáles son las razones por las cuales tratan a los migrantes de esa manera. Cuáles son sus bases legales, si Europa hace algo, porque tiene un papel enorme en todo esto. En esta cuestión, no se puede entender la foto del continente si no hablas de la Unión Europea y su papel.
P: Sobre lo que has comentado antes acerca de las organizaciones ¿existe una lucha entre las “organizaciones de base “y las “organizaciones institucionales”?
«Las organizaciones que están en la frontera y proporciona ciertas ayudas y comodidades me parecen las más sinceras»
Juanjo Chica
Vivencia personal
P: ¿Qué has sentido durante las entrevistas con los migrantes?
R: Es complicado porque, no lo voy a simplificar tanto, pero, para explicarlo de alguna manera hay dos vertientes. Personas que se muestran extremadamente agradecidas de que tu estés ahí, de que quieras saber sobre su vida, que les digas que hay gente en un lugar lejano que les puede interesar su situación. Y luego hay migrantes que están más bien tristes, resignados, y que no temen mostrar esa faceta.
Con esto no quiero dar lugar a confusiones, todos los migrantes en general, por lo que he visto, son gente que al final está triste. Seamos honestos, estás en una casa abandonada en la frontera entre Bosnia y Croacia, a menos cinco grados, está nevando y no tienes abrigos. Encima la policía no es especialmente amable contigo, no te ayuda a nada.
Entonces a mi lo que me llega a sorprender es que estas personas en esta situación te reciban, te sonrían. Y sobre todo, lo que más me ha llamado la atención es que aunque su casa sea un lugar abandonado que a primera vista pueda parecer que hay suciedad o lo que sea, para ellos es su casa. Y yo siempre que voy con ellos y me dejan entrar en su casa, siempre se les pide permiso, yo intento también mostrarles ese respeto. Me están dejando entrar en su casa y muchas veces no tomo tantas fotos como me gustaría, pero me siento a gusto con mi decisión.
Es una decisión un poco ética en el sentido de tratarlos como me gustaría que me tratasen a mí. Las fotos que tengo de migrantes y demás son fotos que les he tomado como se las habría tomado a mis amigos. Incluso les presto la cámara y les digo “haz fotos”, porque me parece la mejor manera de relacionarme con ellos.
Respecto a la emoción, no hay una concreta que pueda decir. Recuerdo mucho en Bosnia, nada más llegar, llegaba muy cansado porque venía andando del lado croata. Y esa noche los voluntarios del grupo me dijeron “oye, esta noche los migrantes nos quieren cocinar ¿quieres venir?”. Yo voy con mi cámara, se habla con ellos y no hay ningún problema, ellos cocinan, etcétera.
Pasaron dos cosas esa noche; la primera, sin pedírselo, mientras miraba el atardecer se me acercó un migrante y me empezó a contar su historia un poco, como quien se la cuenta a un amigo, no a un periodista. Esa cercanía, esa confianza que pueden tener contigo es muy especial y es algo muy del momento. Entiendo que es algo más común entre los voluntarios. Y es algo muy especial, que transmite confianza, te sientes seguro.
Pero al mismo tiempo, ese relato tiene una tristeza detrás. Tiene a tristeza de alguien que deja su hogar. He llegado a oír historias de gente que ha llegado caminando hasta Grecia desde Pakistan. Entonces, es muy complicado de una sola manera, porque hay mucho detrás. Cada migrante tiene detrás una historia, algunos mejores otros peores, todos han sufrido por el camino. Y quiero decir, ellos sufren de una serie de cuestiones que aunque no sufrimos los migrantes que llegamos en avión, una manera cómoda de llegar. Hay unos puntos en común aunque sea un contexto totalmente distinto, aunque lleguemos de manera completamente distinta. Hay unos puntos en común que van más ligados al sistema, por lo que, como te digo, es difícil enfocarlo en una sola emoción.
P: ¿Qué empatía te genera como migrante oír estas historias tan similares y distintas?
R: Pues mira, hay una canción de Mercedes Sosa, que le recomiendo a todo el mundo, en la que hay un verso que dice “desgraciado es aquel que tiene que marchar para vivir una cultura diferente”. Esa parte es muy importante para englobar, en mi opinión, qué implica ser migrante. Primero, un desarraigo, que es la parte más común que tengo con estas personas. Porque en término de ambientes y experiencias yo nunca he estado en un campamento de refugiados ni en una frontera esperando pasar a la UE. Entonces intento no pecar por esa parte.
Pero la parte que si creo que está en común es la parte del desarraigo de extrañar tu hogar, de verte obligado a irte, por razones al final ajenas a ti. Esto sobre todo me pasó porque en mi primer viaje fue cuando los talibanes toman Afganistán.
Entonces yo recuerdo estar hablando con personas migrantes y que estas me digan “que mal, se va a tener que ir más gente”, porque al final se están quedando sin un lugar en el que vivir. Entonces esa experiencia común, esa empatía, parte un poco desde el punto de vista de que creo que no hay migrante que quiera vivir en un país que no sea el suyo.
Y eso, a la larga, y lo he visto en otros colombianos, genera una tristeza que es apabullante. Y en el caso de las personas migrantes retenidas en las fronteras de los Balcanes o Ceuta y Melilla es un factor que incrementa el hecho de que estén prácticamente abandonados.
Una nueva forma de viajar
P: Saliendo de este tema, antes has mencionado el turismo en Tenerife ¿Cuál es el problema?
R: El problema realmente es que yo pienso que hay dos formas de viajar. Puedes ir como un turista de sol y playa, que es literalmente eso. Te vas a un hotel, a la playa y te echas en la tumbona todo el día. Digamos que vas a disfrutar del paisaje, pero no del entorno, ni de las personas ni de las culturas. Esto, obviamente, no es incompatible con irte a un museo y aprender un poco del país. Pero, en definitiva, tu experiencia se centra en tu disfrute personal y no tanto en el aprendizaje. Y esto es totalmente legítimo, cuidado, esto no tiene ningún problema.
Y yo soy más de una segunda manera de viajar. Ir, estar en el entorno, hablar con las personas locales y escuchar lo que me quieran contar y de hecho, mi experiencia es tremendamente positiva. O sea, me acuerdo de estar en Niš, una ciudad al sur de Serbia, como la Barcelona de allí en el sentido de que es la segunda ciudad más grande. Y que la gente viera que había un extranjero, encima un colombiano, y a la gente les hacía hasta ilusión. Intentaban hablar conmigo de la manera en la que podían.
Al final es eso, las personas locales son quienes conocen su entorno y son las que te recomiendan las mejores cosas para conocer su cultura. Esto también pasa incluso con los migrantes. En Francia entrevisté a un chico ya refugiado que compartía piso con otros tres compañeros afganos y rompí el Ramadán con ellos. Y de ahí en adelante todo fue una charla cultural de qué hacer y qué no hacer allí, quiero saber cómo comportarme.
Entonces estuvimos hablando mucho de esa parte cultural y yo creo que eso es lo que más te enriquece. Y también te sorprenden las similitudes que tienes con culturas tan lejanas como son la colombiana y la afgana, pero que están ahí.
Conclusión
P: Finalmente, ¿qué destacarías del proyecto y cómo has crecido?
R: Cosas así te cambian mucho, te abren mucho las miras. No es la frase típica de “el racismo se cura viajando”, eso es una estupidez. Es una cuestión de verte expuesto a tantos entornos, a tantas personas, a tantos estímulos y formas de vivir, te cambia. Te hace ver la vida de otra manera. Yo creo que me ha hecho más sencillo, más tranquilo e intentar tener un poco más de paciencia.
Los locales que he conocido son personas que están abiertas a tratar contigo y saber de ti, aunque sea en un mínimo y por una mera razón de curiosidad. Entonces yo invito a todo el mundo, a que desde el mero punto de vista personal, de no hacer nada reivindicativo, apúntate a este tipo de viaje al menos una vez en tu vida. Puede ser que te encante, puede que lo odies, pero lo esencial es probarlo.
Luego, desde el punto de vista reivindicativo es que no terminamos de ser conscientes de qué implican las fronteras. Tienen detrás no solamente unas vallas, unos guardias o no deja de ser una línea imaginaria que separa un territorio de un estado de otro. Sino que es un gran negocio. Invito a la gente a que busque sobre esto, porque las vallas de Melilla o entre Bielorrusia y Polonia no son más que negocio. El negocio de mantener ciertas personas fuera, porque somos bastantes conscientes de la diferencia del trato a iraquíes y afganos respecto a ucranianos es bastante evidente. Que pienso que es una cuestión de racismo más que otra cosa.
Pero al final recalcar el hecho de que esos muros, esos drones son un negocio. Detrás hay empresas contratadas por parte de los estados para vigilar estas fronteras ya sea de manera telemática o con propios muros. Esto mueve una cantidad de dinero que no somos conscientes y gran parte de la culpa la tiene la UE. Se dedica a externalizar el control de las fronteras mandando mucho dinero a Serbia, Turquía, Bosnia y demás. Solamente para mantener a los migrantes lejos y seguir financiando a estas empresas que lo que hacen es violar sistemáticamente los derechos humanos.







Deja un comentario