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Operario nuclear en Fukushima, Japón

Reportaje inmersivo, billete directo a Fukushima

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874 palabras
4–6 minutos

REPORTAJE | El 30 de abril de 2016, el diario EL PAÍS publicaba Fukushima, vidas contaminadas, un reportaje sobre la sucesión de catástrofes sufridas por esta población japonesa en 2011. Un terremoto masivo azotó las calles, seguido de un tsunami que, a su vez, provocó una fuga de radiación de la central nuclear. Más de 15.000 personas perdieron la vida, 6.000 resultaron heridas y otras miles nunca fueron encontradas. Fue el peor accidente nuclear desde el desastre de Chernóbil de 1986. 

Por ese motivo, y porque se sospechaba que, muchos años después de lo sucedido, los niveles de radiación eran mayores de lo que afirmaba el gobierno,

Desastre nuclear de Fukushima, Japón.

Greenpeace y algunos periodistas dirigieron su mirada a Fukushima como potencial historia para ser contada. Y no optaron por una vía convencional, sino

que arriesgaron con un género que apenas estaba abriéndose camino en España: el reportaje inmersivo. ¿En qué consiste este término? Nos lo cuenta María José Benítez, doctora en Investigación Aplicada a Medios de Comunicación y especializada en reportaje inmersivo con vídeo en 360º. 

María José Benítez, doctora en  Investigación Aplicada a Medios de Comunicación.

Y ¿por qué este género? Daniel Verdú es el guionista y principal creador de Fukushima, vidas contaminadas. «Decidimos hacer un reportaje inmersivo porque la gente está harta de ver historias trágicas, ha llegado un punto en el que nos hemos hecho un poco inmunes al dolor de otros. Entonces pensamos: ¿cómo podemos hacer para que esta cale, para que no se quede en una historia más? Logrando que el espectador se sienta parte de ella». Aunque el reportaje inmersivo como género apenas estaba saliendo del cascarón en nuestro país, el equipo decidió lanzarse a por ello.

¿Cómo se realiza un reportaje inmersivo?

Lo característico del reportaje es que el espectador puede ir recorriendo el escenario a su antojo, decidiendo qué quiere ver, durante cuánto tiempo y desde qué perspectiva. Para representar el escenario esférico se utilizan fotografías y vídeos 360º, capturados mediante cámaras especializadas para contenido de realidad virtual. Aunque la tecnología no deja de perfeccionarse, una forma de hacerlo es a partir de cuatro cámaras solapadas que graban cuatro ángulos distintos y posteriormente son unificadas por un software creando la imagen esférica. A la vista está que el proceso de producción, realización y, sobre todo, edición, es increíblemente complejo en este formato. El equipo estaba formado por cuatro técnicos de la productora (New Horizons VR), un fotógrafo de EL PAÍS y Daniel Verdú, además de colaboradores de Greenpeace y traductores de japonés. Entre las múltiples dificultades a las que se enfrentaron durante la grabación, se encuentra la puesta en escena:

María José Benítez, doctora en  Investigación Aplicada a Medios de Comunicación.

La proporción fue de una semana de grabación y tres meses de post-producción, esta última con un coste de 40.000 euros. Había que cuidar cada detalle; un despiste podía sacar al espectador fuera de la escena, y eso era lo que había que evitar. «Cada cosa es un mundo… Por ejemplo, para los subtítulos, consiguieron armar un motor que permitía que los subtítulos flotantes te siguieran al girar la cabeza. Si giras para mirar a un árbol, puedes seguir leyendo lo que dice el japonés», explica Verdú. Otro escollo superado fue el audio, que se grabó de forma externa al vídeo y se construyó en post-producción. «Los de montaje colocaron las voces y la música en los 360º de la escena para que el espectador tenga la sensación de que, cuando se gira dejando al japonés detrás de él, la voz proviene efectivamente desde atrás». Como explica el creador de Fukushima, vidas contaminadas, lo que diferencia a un reportaje inmersivo de uno convencional, es la cantidad de tiempo y recursos que se emplean en el proceso de montaje y edición.

Entonces… ¿merece la pena?

Esa es la pregunta… Si tan complejo es realizar un reportaje inmersivo, y de tantos recursos necesita, ¿por qué se opta por él? ¿Merece la pena, aporta algo distinto del reportaje audiovisual convencional? 

María José Benítez, doctora en  Investigación Aplicada a Medios de Comunicación.

Como explica la doctora, el periodismo inmersivo en general, y el reportaje inmersivo en particular, aportan una cualidad empática muy fuerte en el espectador, que realmente puede llegar a sentir que está dentro del escenario de los hechos. De este modo, es más probable que conecte con la historia y sus protagonistas, pues no olvidemos que la finalidad de Fukushima, vidas contaminadas era, y sigue siendo, denunciar la calidad de vida de sus habitantes después de lo que sucedió hace ya once años. Adentrándonos en las calles desangeladas, en las casas en ruinas y, sobre todo, en los testimonios de los que lo vivieron de primera mano, es imposible no estremecerse al pensar en lo que aquello pudo ser.

La sensación cuando me quito las gafas es como de haber estado realmente allí, como en un sueño.

María José Benítez

Un reportaje inmersivo… y transmedia

Además de publicarse en las principales plataformas de contenido audiovisual, Fukushima, vidas contaminadas se publicó en una app específica (El País VR), y también consta de una versión escrita en el diario digital. Sea como sea, no queda más que animar a los lectores a visualizar, leer o, en cualquier caso, disfrutar Fukushima, vidas contaminadas. ¡No se arrepentirán!

3 respuestas a «Reportaje inmersivo, billete directo a Fukushima»

  1. Avatar de José María García de Madariaga Miranda
    1. Avatar de Paula Caz Rico
  2. Avatar de José María García de Madariaga Miranda

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