OPINIÓN | Las cookies reciben su nombre de las galletas, un postre que deja muchas migas. Digamos que las cookies son un pequeño programa que tiene instalada cada página web para recoger pequeñas migas de tus datos y patrones de navegación para así facilitar tus búsquedas en internet.
Suena bastante bien. Un programa que solo recoge una pequeña parte útil de tus datos para ayudarte a completar más rápido la tarea por la que habías entrado a internet, en resumen, para facilitar tu vida en red. No parece nada invasivo.
La cosa cambia cuando te das cuenta de que todas las páginas de internet tienen unas cookies que aceptar. Todas y cada una de ellas. Y que una vez lees estas cookies te das cuenta de que no es solo la página la que tendrá acceso a tus datos, sino sus socios y proveedores. Los cuales, manejarán los datos que la página considere oportunos sin pedirte consentimiento directo. Como ocurre por ejemplo con el Huffpost.

Proveedores los cuales manejarán los datos que la página considere oportunos sin pedirte consentimiento directo. Como ocurre por ejemplo con el Huffpost.
Las páginas te dicen que recogen tus datos para facilitar tu navegación y ofrecerte contenido acorde a tus gustos, pero en ningún momento te especifica qué datos recogen.
No parece peligroso, hasta que te topas con páginas en las que debes meter datos personales como la tarjeta bancaria, fotos de cara o el número del DNI.
Y con estas los proveedores se repartirán todo los datos que quieran para utilizar tu información como más les convenga, de nuevo, sin pedir tu consentimiento directo.
¿Por qué no podemos escapar de ellas?
Cuando las primeras cookies aparecieron, la gente les prestó poca de atención, algunas personas leían la política que tenían y decidían si aceptarlas o no. Al pasar el tiempo, todas las páginas empezaron a meter estos rastreadores para facilitar las búsquedas de los usuarios, siempre manteniendo la opción de rechazarlas.
Pero a medida que este fenómeno se fue popularizando, aunque fuera por pura pereza, ya nadie se molestaba en leer la política de estas y simplemente lo aceptaban, sin darse cuenta de que en varias páginas, sobre todo periódicos y medios de comunicación, te obligan a aceptarlas o a pagar para poder rechazarlas.

¿Por qué que lo hagan los medios de comunicación es peligroso? Fácil. Porque el medio solo mostrará lo que el usuario busca y le interesa, con un margen muy leve de amplitud en otros temas, lo que, eventualmente, causará una burbuja informativa.
Así es como las cookies forman nuestro nuevo destino, tener una vida real, y una casi idéntica en la red a la que cualquier página tiene acceso y que conocerá tu identidad entera, y, además, tus gustos y tu forma de navegar en red.







Deja un comentario