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La propaganda digital en tiempos de guerra

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808 palabras
3–5 minutos

OPINIÓN | Las guerras del siglo XXI no se libran solo en terreno militar. En tiempos de conflicto, los medios informativos se enfrentan a grandes dificultades para informar con independencia y ofrecer una imagen fiel de los acontecimientos. En este sentido, desde la aparición de la figura de los corresponsales en la Guerra de Crimea, estos periodistas se han enfrentado a grandes obstáculos para cumplir con algunas de las funciones básicas del periodismo: informar y vigilar al poder.

Phillip Knightley publicó en 2003 en su obra The First Casualty, la siguiente cita:

“A pesar de revisar dos periódicos nacionales todos los días, escuchar la radio, navegar por internet y ver las noticias en la televisión, no tengo absolutamente ninguna idea de cómo va la guerra (de Irak)” (Letter to the editor, The Guardian, London) (p. 527, Knightley, 2003).

Con esta reflexión se ilustran a la perfección las dificultades de comprender una realidad tan compleja incluso en sociedades con amplio acceso a la información. En una guerra, los periodistas se encuentran constantemente con una disyuntiva: deben elegir entre adaptarse a las restricciones impuestas por las partes del conflicto o tratar de informar con rigurosidad y objetividad.

Transformaciones en la era digital

Estas dificultades no son nuevas de nuestro siglo. Sin embargo, hoy en día los corresponsales se enfrentan a un escenario informativo mucho más complejo. Una nueva realidad marcada por el uso de algoritmos, la vigilancia digital y la manipulación estratégica de contenidos. Todas estas herramientas facilitan a las partes de un conflicto construir y difundir sus propios relatos. El problema surge porque, en muchas ocasiones, estas narrativas están sesgadas y se usan con tal de influir en la opinión pública nacional e internacional.

A estos factores se suma la facilidad con la que cualquier usuario puede difundir información gracias a Internet. Sin embargo, cuando decimos que cualquiera puede convertirse en informador, no nos referimos solo a que usted pueda compartir información desde su casa. También significa que los propios gobiernos ya no dependen de los medios tradicionales para difundir su narrativa. Ahora estos actores gubernamentales tienen a su alcance herramientas digitales propias, como cuentas oficiales en redes sociales y otros canales de comunicación.

Esta situación genera una creciente desintermediación informativa, de forma que los medios dejan de ser intermediarios indispensables entre los involucrados en el conflicto y la opinión pública. En palabras de Oleg Lukín, corresponsal de la Agencia EFE en Moscú, “un medio debe labrar su prestigio y autoridad como valedor de la información, sobre todo en un contexto en el que hay tantísimos emisores de información”.

El caso de Rusia

Para ilustrar la situación, y así comprender mejor su alcance, podemos utilizar el caso actual de la invasión rusa de Ucrania. Muchos medios rusos, e incluso el Kremlin, han hecho uso de diferentes métodos de desinformación. Entre las técnicas empleadas, en ocasiones se suplanta el nombre y las imágenes de periodistas reales para difundir narrativas falsas y que estas cuenten con mayor credibilidad. Igualmente, en Latinoamérica, canales financiados por el Kremlin, como RT y Sputnik, no han frenado su presencia, y se han adaptado a la nueva coyuntura haciendo uso de redes sociales, canales de Telegram e incluso personajes influyentes en la esfera digital (influencers).

Así manipulan en español la invasión rusa para América Latina. Fuente: Youtube. DW Español

Esto supone un riesgo significativo, ya que los medios rusos presentan el conflicto de forma claramente sesgada. Oleg Lukín nos explica:

“La propaganda rusa es constante. Tanto por parte del gobierno, como los medios. En la guerra, las victorias rusas se sobrealimentan, las derrotas se relativizan o se silencian. Además, legalmente, en Rusia no se puede llamar guerra a la guerra de Ucrania. Mucho menos, invasión”.

En este contexto, podemos afirmar que la información que llega a través de estas herramientas digitales a Latinoamérica y otros puntos del mundo tiende a presentar una visión poco fiel del conflicto. Y que la influencia y las prohibiciones rusas atentan directamente contra la libertad de expresión y el periodismo independiente.

Sin duda,la situación actual plantea muchos interrogantes sobre el futuro del periodismo. ¿Puede el periodismo seguir cumpliendo su función de vigilancia del poder en un entorno dominado por la propaganda digital? A mi parecer, el periodismo es una de las pocas herramientas que tenemos como sociedad para contrarrestar la desinformación y cuestionar los relatos oficiales. Por ello, es nuestra obligación proteger la independencia y la credibilidad de los medios. Debemos evitar, incluso en tiempos de guerra, que el periodismo “caiga dentro del relato de la propaganda” (Lukín, 2026). De la misma forma, es necesario garantizar que los periodistas no abandonen su tarea de: “señalar sus contradicciones y no olvidar ciertas informaciones que con el paso del tiempo se comprobó que fueron falsas” (Lukín, 2026), pues corregir las incertezas también forma parte de su trabajo.

La gran estafa ucraniana. Fuente: Youtube. @VictorTernovsky

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