REPORTAJE | Desde hace poco más de un año, la sociedad ha tenido que adaptarse a los cambios producidos por aquello que conocemos como «la nueva normalidad». A raíz de la pandemia global, provocada por el coronavirus, y las medidas sanitarias, nos hemos acostumbrado a conceptos como «teletrabajo» o «videollamada» y hemos aprendido a incorporarlos en nuestra vida diaria y laboral.
Los periódicos no han sido ajenos a estos cambios. Desde el pasado marzo, las redacciones se han ido vaciando de personal, pudiendo asistir solamente aquel considerado como imprescindible, siempre cumpliendo unos criterios médicos. Según nos cuenta Vicente Ruiz Gómez, subdirector de El Mundo, en los primeros dos meses de pandemia apenas se encontraban 7 u 8 personas en la redacción del diario. La forma en la que han podido seguir trabajando ha sido mediante Microsoft Teams. Han utilizado esta plataforma para llevar a cabo las diferentes reuniones del día a día, pero también para mantener la relación entre los distintos departamentos del medio: ventas – redacción, redacción – departamento técnico, redacción – publicidad, etc.

Otra plataforma que se ha utilizado en este periódico ha sido Whatsapp Web. Esta consiste en una versión para ordenador de la aplicación telefónica, de modo que todas las conversaciones y grupos que se tengan en el teléfono se mantienen en el ordenador. Vicente Ruiz afirma: «hemos utilizado esta plataforma con grupos para gestionar la portada, así como los directos que se iban haciendo. En el caso del coronavirus, estos directos los hemos hecho cada día». Sin embargo, no todo son ventajas.
La «fatiga de Zoom»
«En cualquier caso, no es lo mejor para el trabajo de una redacción. Las reuniones son mucho más agotadoras por Teams y la comunicación no es tan fluida». Vicente Ruiz no es el único que tiene esta impresión. Un estudio del Laboratorio de Interacción Humana Virtual de Standford (VHIL), publicado en la revista Technology, Mind and Behaviour el pasado febrero, analiza las causas de la fatiga derivada de usar Zoom. Una de ellas es el contacto visual continuo. En una conversación en persona, tendemos a desviar la mirada para poder disminuir el contacto visual. Sin embargo, en las reuniones de Zoom o similares, nos vemos obligados a mirar a los ojos de la persona que está hablando. De esta forma, seguimos unos comportamientos con compañeros de trabajo o con extraños, que normalmente reservamos para encuentros más íntimos, con personas con las que tenemos más confianza.
Según este estudio, otra de las razones es el tamaño de las caras que vemos en nuestro monitor. En la vida real, para observar la cara de una persona con el mismo tamaño que en una llamada de Zoom, tendríamos que estar a una media de 50 cm de distancia. Según un estudio publicado por el antropólogo Edward T. Hall en 1966 sobre el espacio personal, cualquier distancia por debajo de los 60 cm se considera como «íntimo».

Por último, encontramos el llamado «efecto espejo». En reuniones de varias horas, donde las cámaras están encendidas, los usuarios están contemplando su propio rostro durante un periodo largo de tiempo. Esto produce una autoevaluación constante, que en muchas situaciones genera estrés. Más allá de factores psicológicos, Vicente Ruiz habla también de problemas de comunicación. «Los procesos se ralentizan porque siempre es más rápido cantar una alerta y que cada uno haga su cometido, que tener que escribirlo en varios grupos y esperar que contesten».
Adaptarse o morir
Como hemos visto anteriormente, desde el inicio de la pandemia las redacciones de periódicos han tenido que enfrentarse a situaciones desconocidas hasta ahora. Publicar una edición escrita de un diario se convirtió en un reto descomunal. Durante la pandemia, la situación económica se volvió casi insostenible. Muchos periódicos se imprimían sin apenas anunciantes. Las ventas, que ya estaban en cifras críticas a comienzos del 2020, empeoraron aún más durante el confinamiento. Las ventas digitales, sin embargo, aumentaron en muchos casos de forma histórica. El New York Times alcanzó entre el pasado enero y marzo 587.000 nuevos suscriptores, la mayor subida trimestral de su historia. En España, El País ha recibido casi 100 millones de navegadores únicos de todo el mundo, y obtuvo 84.000 suscriptores digitales.
Sin embargo, como ya hemos comentado, las pérdidas económicas se han hecho notar. Prisa tuvo una pérdida de 10 millones de euros en el primer trimestre de 2020 respecto al mismo trimestre en 2019. Unidad Editorial o Vocento son otras empresas editoriales que han sufrido pérdidas similares. Aunque muchos expertos son positivos en cuanto a que las cifras económicas se recuperarán cuando la situación se estabilice, todos parecen coincidir en que la prensa escrita no se va a levantar de este golpe. Esto no supone demasiado problema para los grandes medios, capaces de afrontar este cambio. Pero todos aquellos pequeños medios, sin recursos ilimitados, sin posibilidad de adaptarse, se verán obligados a claudicar y, por tanto, cerrar.
No tenemos forma de saber cuándo volveremos a estar como antes. Cuánto tiempo durará esta «nueva normalidad». Mientras siga, tendremos que continuar adaptándonos. Tratar de convivir con la fatiga, el cansancio, la desesperación. Intentar superar los baches, buscar la forma de aprender de ellos y quizás avanzar de formas que no nos hubiésemos imaginado hace año y medio. Por ahora, me gustaría acabar con las palabras que empleó Vicente Ruiz para despedirse de mí: «esperemos que pueda volver todo pronto a la vieja normalidad».







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