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Infórmame despacio, que tengo prisa

Avatar de Sara Pérez Muñoz
979 palabras
4–6 minutos

OPINIÓN | El scroll constante ha cambiado la forma de relacionarnos con las noticias, amenazando la reflexión y cómo comprendemos la información.

El acto de informarse siempre ha ido acompañado de gestos en constante evolución: pasar las páginas de un periódico, sintonizar el dial de la radio o pulsar el botón de encendido del mando de la televisión. Hoy, ese gesto es otro, uno que se ha convertido en algo casi automático: deslizar el dedo por la pantalla del móvil. La alfabetización digital ha demostrado que tiene un papel clave en el periodismo: nos enseña a detectar noticias falsas, a navegar por la red y a entender el papel qué tienen los algoritmos en lo que vemos. En este nuevo panorama informativo, el móvil se ha convertido además en la principal puerta de entrada a las noticias. Según el Digital News Report, cerca del 80% de la población accede a la información a través de este dispositivo. Con todas las ventajas que la tecnología nos ha ofrecido, surge también una duda inevitable: al darle la mano, ¿no le habremos acabado ofreciendo también el brazo?

Cuando la atención dura menos de un minuto

Un estudio de 2019 de la compañía de smartphones OnePlus afirmó que nuestros pulgares recorren unos 180 metros al día haciendo scroll, casi dos veces la altura de la Estatua de la Libertad. Mientras recorríamos esas distancias imaginarias sin despegar los ojos de la pantalla, hemos perdido habilidades como la reflexión, la atención sostenida o la lectura profunda. Nuestra capacidad de atención media ha caído de dos minutos y medio a apenas 40 segundos. Así lo explicó Gloria Mark, doctora en psicología y profesora de informática en la Universidad de California, en el pódcast Speaking of Psychology. Leer se ha convertido en una carrera contrarreloj, un sprint constante en el que debemos vencer a nuestro propio cerebro, saltando de titular en titular antes de que la atención se agote.

Episodio «¿Por qué nuestra capacidad de atención está disminuyendo?» del pódcast Speaking of Psychology. Fuente: Youtube

La fragmentación de la atención fomenta una lectura superficial y dificulta la reflexión profunda, dejando pocas oportunidades para procesar la información de manera crítica. Eva Jiménez, doctora en Comunicación por la Universidad Ramón Llul advierte de cómo esta transformación afecta al periodismo:

“A mi juicio, el hecho de hablar de ‘consumir’ periodismo ya revela, de algún modo, la entrada del periodismo en esa lógica del ‘usar y tirar’ del capitalismo y, por tanto, el peligro de perder de vista su función cívica y social”.

Adaptación mediática en la era digital

Esta forma de relacionarse con el periodismo no es unilateral, los medios también han tenido que adaptarse a la hora de presentar la información. El Informe Global de Audiencias de Chartbeat fijó el tiempo medio de lectura comprometida en 26 segundos, lo que indica que gran parte de las personas ya habrán dejado de leer este artículo. Los lectores de periódicos digitales nos hemos convertido en granos de un reloj de arena con fisuras: se sabe cuántos empezamos a leer la noticia pero no cuántos la terminaremos. Como señala Eva Jiménez, el riesgo de esta velocidad no es nuevo:

“Hace ya bastante años que Nicholas Carr publicó Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, y allí nos advertía sobre ese peligro. De hecho, si lo pensamos un poco, ¿se puede conocer a alguien de verdad con prisas? El sentido común nos dice que no, así que lo mismo podría suceder con la actualidad o con ciertos temas complejos”.

Dibujo de scroll infinito. Fuente: Freepik

En la era de la inmediatez cada caracter es oro. Por ello, los medios de comunicación se han visto obligados a incorporar pequeños recursos con tal de mantener la atención del lector. Cada vez es más habitual encontrar junto al titular una advertencia que indica el tiempo estimado de lectura o una barra de progreso que va avanzando a medida que se lee la página y que parece que anima al destinatario: ya queda poco, por favor no te vayas. Muchas veces solo hay una oportunidad, la mayoría de los artículos alcanza el 80% de sus visualizaciones en las primeras 24 horas tras su publicación como refleja una investigación del equipo de Ciencia de Datos de Charbeat. Da la sensación de que la información se ha convertido en un producto envasado: por favor una vez pulsada, consuma esta noticia en 45 segundos.

La cultura del scroll frente a la lectura profunda

¿Y qué pasa entonces con géneros periodísticos como el reportaje o la crónica? Textos que para su lectura requieren pausa, contexto y una lectura profunda, donde la reflexión tiene un papel primordial. En un entorno dominado por el scroll, este tipo de piezas se enfrentan a un lector acostumbrado a la rapidez, a obtener una respuesta en cuestión de segundos que le permita deslizar rumbo al siguiente estímulo.

Las consecuencias de esta forma acelerada de informarse no son solo individuales, puesto que afectan al conjunto de la sociedad. La fragmentación de la atención dificulta opiniones fundamentadas y una mirada crítica, lo que puede reforzar burbujas de información o sesgos preexistentes. Así lo expresa Eva Jiménez:

“Es complicado mantener la mente abierta y estar abierto a la crítica ajena cuando los diseñadores de los algoritmos nos incitan a ‘consumir’ lo que nos gusta, a informarnos únicamente de la visión que encaja con nuestras creencias”.

Aunque la alfabetización digital ha sido una aliada capaz de derribar muchas barreras, en el proceso ha construido otras sobre cosas que dábamos por sentadas. La lectura comprensiva supone un desafío igual de grande que identificar una fake new, por ello se debe ampliar el concepto alfabetización. Esta no debería limitarse únicamente a aprender a moverse entre pantallas, sino a cómo recuperar y preservar capacidades como la atención sostenida o la paciencia. Puede que, en esta prisa constante por abarcar todo lo posible, lo que toque ahora sea aprender a desaprender.

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