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El miedo a la guerra también se construye

Avatar de Lorena Serrano Muñoz
830 palabras
4–5 minutos

OPINIÓN I El periodismo inmersivo permite visualizar una guerra global como nunca antes, pero también puede intensificar el miedo social en un contexto de tensión internacional.

Imagina abrir un mapa interactivo y lanzar una bomba nuclear sobre una ciudad real. En cuestión de segundos aparecen cifras de víctimas, zonas arrasadas y radios de destrucción. No es una película ni un videojuego cualquiera. Es una simulación basada en datos reales, como las personas que morirían, los heridos o el alcance de la onda expansiva. Este tipo de representaciones forman parte de lo que se conoce como periodismo inmersivo, una forma de narración que busca situar al usuario dentro de la experiencia informativa. Hoy, estas herramientas permiten visualizar cómo sería una Tercera Guerra Mundial con un nivel de detalle nunca antes visto. Pero la pregunta es inevitable: ¿sirven para comprender mejor la guerra o están contribuyendo a que se tema más?

Simulación del impacto de una explosión nuclear sobre una ciudad. Fuente: Outrider.

El miedo a la Tercera Guerra Mundial

El temor a un conflicto global no es nuevo. Durante años, la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial ha estado presente en el imaginario colectivo, alimentada tanto por tensiones geopolíticas como por narrativas culturales. Desde las profecías de Nostradamus hasta interpretaciones de series como Los Simpson o Star Trek, muchas veces se ha intentado encontrar señales del futuro en productos que, en realidad, responden más a la ficción o a la coincidencia que a una capacidad real de anticipación. Agencias de verificación como Reuters han desmentido en múltiples ocasiones supuestas predicciones virales atribuidas a estos contenidos.

No es extraño que algunas escenas parezcan cumplirse: tras décadas de contenido sobre política, tecnología y sociedad, es estadísticamente probable que ciertos elementos acaben pareciéndose a la realidad. Ocurre también en sentido contrario. Hace años, muchas producciones imaginaban que en nuestro presente existirían coches voladores. Sin embargo, ese futuro nunca llegó. No eran predicciones, sino proyecciones del momento en que fueron creadas.

A este contexto se suma un entorno mediático que contribuye a amplificar la inquietud. Titulares sobre “cómo prepararse para una Tercera Guerra Mundial” o “los países más seguros si estalla el conflicto” conviven con vídeos que utilizan música y narrativas dramáticas para intensificar la tensión. El miedo no es solo una percepción individual, sino también un fenómeno social. Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), más del 60 % de los españoles afirma temer una posible guerra mundial.

El 66,2% asegura que ha pensado alguna vez que España podría verse involucrada en una guerra los próximos años, mientras que un 33,1% dice que no lo ha pensado.

Simulación de la guerra y periodismo inmersivo

En este escenario, el periodismo inmersivo adquiere un papel clave. A través de simulaciones como NukeMap u Outrider el usuario puede observar en tiempo real qué ocurriría si una bomba cayera sobre su propia ciudad, con estimaciones concretas de víctimas, destrucción y alcance. La información deja de ser abstracta y se convierte en una experiencia directa. Lo mismo ocurre, en otros ámbitos, con los simuladores utilizados en el entrenamiento militar o con los videojuegos de guerra, que buscan recrear escenarios cada vez más realistas y envolventes.

Simuladores de combate desarrollados por la empresa tecnológica Indra en entornos virtuales para el entrenamiento militar. Fuente: Europa Press.

El impacto psicológico del periodismo inmersivo

Este es precisamente el gran dilema del periodismo inmersivo. Su principal fortaleza, acercar al público a la realidad de los conflictos, es también su mayor riesgo cuando se aplica a escenarios hipotéticos. Al mostrar cifras concretas de muertos, destrucción y consecuencias inmediatas sobre lugares reales, estas simulaciones no solo informan, sino que intensifican la experiencia emocional. Cuanto más real parece una experiencia, más fácil es asumirla como probable.

Recreación digital de una ciudad destruida. Fuente: TurboSquid.

Este fenómeno puede explicarse también desde la psicología. El sesgo de confirmación lleva a muchas personas a prestar más atención a la información que encaja con lo que ya creen, ignorando aquello que lo contradice. En un contexto lleno de representaciones visuales impactantes, este mecanismo refuerza la sensación de que una guerra global es cada vez más probable.

Guerra improbable y miedo construido

Una Tercera Guerra Mundial no parece un escenario probable. Para que eso ocurriera sería necesaria una escalada mucho mayor de los conflictos actuales, con la implicación directa de varias potencias a gran escala. Aunque la situación internacional es tensa, los intereses económicos que conectan a los países hacen que un conflicto global resulte poco viable: una guerra mundial no beneficia realmente a nadie.

Precisamente por eso, el problema no es solo lo que ocurre, sino cómo se cuenta. El periodismo inmersivo no solo informa, también construye experiencias. Y cuando esas experiencias se basan en escenarios hipotéticos pero altamente realistas, pueden contribuir a que el público perciba como cercano algo que, en realidad, sigue siendo improbable.

Porque, aunque estas herramientas nacen con la intención de concienciar, en muchos casos terminan generando más miedo que comprensión. Y en ese proceso, el periodismo inmersivo no solo explica la guerra: también contribuye a construir el miedo hacia ella.

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