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WhatsApp como principal fuente informativa
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Desinformados: el precio de la inmediatez digital

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7–10 minutos

REPORTAJE | Actualmente, las redes sociales están alterando el fenómeno de la desinformación. Sus regulaciones han afectado directamente la propagación de contenido engañoso, lo que ha devenido en el aumento de la desconfianza de los usuarios.

El acceso a las tecnologías ha democratizado la información, permitiendo que millones de personas consuman, produzcan y compartan contenidos de manera instantánea. Sin embargo, este flujo masivo de datos también ha generado un aumento en la desinformación. La sobreabundancia de contenido en las distintas plataformas dificulta distinguir entre fuentes fiables y contenido falso, mientras que los algoritmos priorizan el engagement por encima de la credibilidad. Este contexto no solo afecta nuestra capacidad de discernir, sino que fomenta la polarización y la propagación de estas narrativas engañosas, volviéndonos cada vez más desinformados.

Alicia López, del equipo educativo del medio verificador español Newtral, destaca que la principal forma de detección de desinformación es a través de las redes. «A diario monitoreamos decenas de mensajes, páginas y grupos en redes sociales en los que se comparte desinformación. Rastreamos esos contenidos que, por lo general, nos dan pistas que conducen a muchos otros bulos», señala.

¿Fake news o desinformación?

Los espacios para la desinformación siempre han existido, como explican Posetti y Matthews en su ‘guía de las noticias falsas y la desinformación’, ha sido característica de la comunicación humana desde al menos los tiempos romanos, cuando Marco Antonio conoció a Cleopatra. La diferencia es que la digitalización creciente en los últimos años ha creado nuevas y más rápidas formas de generar y divulgar este tipo de contenido. Esto ha generado una alteración de la opinión pública y la acentuación de la fragmentación social. Esta fragmentación no es casual; los algoritmos de las plataformas juegan un papel clave al priorizar contenido diseñado para captar atención, aunque esto signifique reforzar sesgos y polarizar opiniones.

Para el portal Maldita.es —un medio español dedicado a la verificación de contenido o ‘fact checking’— el término ‘fake news’ es erróneo porque no define completamente este fenómeno. “Si pensamos en ‘noticias falsas’ nos viene a la mente un formato determinado, y el problema es infinitamente más amplio: memes, capturas, vídeos, audios”, explica el medio a través de un documento específico sobre este fenómeno. Además, señalan que las noticias —por concepto— son realizadas con información verdadera o no son noticias, sino únicamente falsedades.

Por lo tanto, el medio de verificación prefiere el uso del término ‘desinformación’, ya que hace referencia no sólo a algo que es puramente falso, sino a aquello falto de contexto o que tiene la intención específica de servir a determinados fines mediante la manipulación o la fabricación de contenido falso.

Fuente: Freepik

Con el aumento de las redes digitales o las denominadas ‘Big Tech’ (gigantes tecnológicos) ya no sólo significa que Facebook, WhatsApp, X (Ex Twitter) o incluso TikTok predominen como las redes sociales más utilizadas entre los internautas para interactuar o subir contenido, sino que concentran el poder político, económico y con ello, moldean la discusión pública.

Un ejemplo del poderoso control que pueden ejercer las redes sociales es el conocido caso de ‘Cambridge Analytica’ en 2016, cuando un profesor británico, Aleksandr Kogan, desarrolló un test de personalidad dentro de Facebook y utilizó datos entregados por 50 millones de usuarios para desarrollar una campaña política mediante publicidad y noticias personalizadas en las redes sociales con motivo de las elecciones en Estados Unidos. Casos como este evidencian cómo las plataformas digitales han reconfigurado la manera en que la información se produce y consume, marcando un paralelismo con el poder que los grandes grupos mediáticos tradicionales ejercen en el panorama español.


La influencia de los medios en el interés informativo

En España, los medios de comunicación, marcados por la tensión política, están estrechamente vinculados a grandes grupos mediáticos que concentran un poder significativo en la industria. Corporaciones como Atresmedia, Mediaset o Prisa controlan gran parte de los contenidos difundidos en televisión, radio y prensa escrita, extendiendo su influencia al ecosistema digital. Esta concentración no solo limita la pluralidad informativa al estar condicionada por intereses económicos y políticos, sino que también contribuye a la saturación de contenido sensacionalista y polarizante que busca maximizar audiencias y clics (clickbait) a costas de la fatiga informativa.

Según el Digital News Report, el 42% de la población española—mayor de 35 años—evita activamente las noticias debido a la saturación y el predominio de contenidos negativos como la constante tensión política o teorías conspirativas.

Ante este panorama, el sociólogo y escritor Álvaro Soler, plantea la necesidad de independizarse políticamente de estos grandes conglomerados, especialmente en el entorno online, donde las narrativas son moldeadas no solo por los medios tradicionales, sino también por algoritmos diseñados para perpetuar el sesgo de confirmación. Esta independencia no solo implica desarrollar un consumo crítico y responsable de la información, sino también fomentar plataformas alternativas que prioricen la transparencia, la diversidad de perspectivas y la participación activa de la ciudadanía en la construcción del debate público.

«En España, analistas coinciden en que el derecho a la información—una información que debe ser transparente, rigurosa y plural—se está viendo perjudicado por el oligopolio mediático y por los grandes bancos y fondos de inversión que controlan la propiedad de los medios, tejiendo una red de control y manejando factores tan importantes como la agenda mediática y la opinión pública», sostiene.

Según el estudio ‘Desinformación y discursos de odio en el entorno digital’ publicado por Save The Children, el 70% de los españoles expresa preocupación por la veracidad de las noticias en línea, siendo esta inquietud más marcada entre jóvenes de 18 a 24 años. Evidencia, además, que hay noticias falsas que el 50% de la población adolescente no siempre sabe identificar.

Principales redes informativas

WhatsApp ha superado a Facebook como el canal digital más usado para informarse, con el 27% de los españoles accediendo a noticias a través de esta plataforma, reflejando una preferencia por la mensajería privada y con ello un aumento de la desinformación, según el Digital News Report del Instituto Reuters. En el mismo reporte, se demuestra que el porcentaje de personas que se siente fatigada por la agenda informativa ha pasado del 26% en 2019 al 44% en 2024.

Otra de las razones por la que existe esta desconfianza y desconexión al consumo de noticias, es porque se considera que ciertos temas de importancia no reciben la cobertura periodística deseada, como en temas de educación, salud mental o medio ambiente, según Reuters.

Digital News Report del Instituto Reuters

El auge de WhatsApp como fuente de información refleja un cambio en los hábitos de consumo: los usuarios optan por plataformas privadas, quizás buscando un espacio más íntimo frente a la ya mencionada saturación informativa. Sin embargo, este agotamiento parece no desaparecer.

¿Por qué compartimos desinformación?

Álvaro Soler formula que antes de la llegada de la ciencia como modelo dominante, los discursos míticos y religiosos desempeñaban un papel crucial al proporcionar respuestas a preguntas trascendentales que la humanidad necesitaba abordar para darle sentido a su existencia: ¿cuál es el propósito de la vida? ¿Qué ocurre después de la muerte? ¿Cómo debemos organizarnos como sociedad? Estas respuestas, construidas a través de mitos y moralejas, ofrecían un imaginario colectivo que ayudaba a mantener el orden y la estabilidad social.

Sin embargo, estipula que con el avance del capitalismo y el surgimiento del pensamiento científico, este enfoque fue progresivamente reemplazado. La ciencia, aunque no exenta de sesgos, se consolidó como un modelo de conocimiento más riguroso y razonable, proporcionando explicaciones más precisas y objetivas sobre la vida y nuestra organización social. En este contexto, el sociólogo explica que Carl Sagan, un divulgador científico estadounidense, señalaba cómo las pseudociencias y los discursos que distorsionan los principios científicos se han convertido en los nuevos ‘mitos’ modernos. 

La propagación de narrativas simplificadas o emocionales en las redes sociales no solo afecta la comprensión de los hechos, sino que también perpetúa un sistema donde los usuarios priorizan contenido que reafirma creencias previas. 

La desinformación no es la causa, es el síntoma

Las estrategias más efectivas para combatir este fenómeno incluyen el fact-checking, un proceso en el que plataformas verificadoras desmienten bulos, especialmente en colaboración con redes sociales, para reducir su propagación viral. Otro punto clave, según el medio de verificación español Newtral, es la alfabetización mediática, que busca enseñar a la ciudadanía a evaluar críticamente las fuentes de información y a responder de manera adecuada frente a los bulos.

Fuente: Freepik

“Lanzamos un curso de alfabetización mediática a través de WhatsApp, en alianza con Poynter Mediawise, que ha ayudado a personas mayores a detectar desinformación de manera efectiva”, explica Alicia López de Newtral. Además, como representante del medio enfatiza la necesidad de aplicar una mirada crítica a los contenidos que recibimos. “Es importante mantenerse alerta y cuestionar lo que consumimos, incluso cuando la información proviene de fuentes en las que confiamos”, añade.

Soler señala que una posible solución a largo plazo es transformar la educación española, especialmente en el ámbito de las humanidades, incorporando asignaturas que fomenten el pensamiento crítico y la reflexión ética desde edades tempranas. “Antes había una asignatura que tocaba algo de esto, Educación en la Ciudadanía, que de hecho la impartían filósofos y sociólogos”, comenta.

Si bien, la evolución de las herramientas digitales y aplicaciones móviles son un aporte, en este caso para mantenernos al filo de la noticia, éstas están alterando la manera en la que consumimos y manejamos la información. Además de medidas educativas, es crucial que las instituciones públicas refuercen la regulación sobre las plataformas digitales, exigiendo políticas más rigurosas para limitar el alcance de contenidos engañosos, garantizar la transparencia algorítmica y fomentar un entorno informativo más confiable.

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