REPORTAJE | En la fase de la era digital en la que nos encontramos, los medios de comunicación tienen la capacidad de llegar a millones de personas en tiempo real y desde diversas plataformas. Son plenamente conscientes de que su relevancia y viabilidad dependen, en gran medida, de cómo son percibidos por las audiencias que los consumen. Por otro lado, la posición que toman respecto a temas políticos, sociales o económicos está directamente vinculada a su línea editorial, marcada por sus propietarios o directores.
En este contexto, Zygmunt Bauman habla en su libro Modernidad líquida sobre la sociedad líquida y los conceptos de panóptico y sinóptico. Los usa como metáforas para describir las dinámicas de control y vigilancia en la sociedad contemporánea. Respecto a la autocensura en los medios, el panóptico alude a una vigilancia constante por parte de dueños, anunciantes y audiencias. El sinóptico, a una vigilancia descentralizada, donde la exposición a variadas opiniones obliga a los periodistas a evitar críticas y proteger su propia imagen. Esta dinámica reduce la diversidad de voces y distorsiona la realidad. A su vez, facilita la difusión de noticias falsas, sobre todo en el entorno digital.
¿Posicionarse o no? Esa es la cuestión
Los medios de comunicación digitales se enfrentan a una doble tensión. La necesidad de mantener su independencia y la presión de ofrecer contenido atractivo y de calidad a sus lectores. Algunos eligen pronunciarse claramente en ciertos temas de interés y otros ofrecer una visión de neutralidad. Sin embargo, esta falta de posicionamiento puede ser considerada como una manera de evadir tomar postura en momentos cruciales.
Los medios se debaten entre la necesidad de sobrevivir en un mercado en constante cambio y altamente competitivo y su responsabilidad con y para ofrecer la verdad. La censura y la autocensura no se manifiesta como una serie de actos explícitos de control o prohibición de ciertas informaciones. Sino como estrategias relacionadas con la omisión de temas delicados o vinculados a intereses del medio, del Gobierno, patrocinadores, anunciantes o de sus mismos propietarios.
Ángel Gómez-Lobo, redactor de información y contenidos en RTVE y ex redactor web en Onda Cero, afirma que es importante diferenciar la línea editorial y la autocensura cuando hablamos de los medios de comunicación. Ambos conceptos se entremezclan de manera constante y acaban creando “un bucle que resulta muy complicado”.
Propiedad de Jeff Bezos
Un ejemplo reciente que pone de manifiesto la censura impuesta por una persona de autoridad dentro de un medio de comunicación es la decisión del propietario de The Washington Post. Jeff Bezos modificó la política editorial de su periódico para no respaldar públicamente a la candidata demócrata, Kamala Harris, en las elecciones estadounidenses de 2024. El Post llevaba apoyando a los demócratas desde 1976, exceptuando el año 1984 cuando no se posicionó. La repentina decisión del propietario del periódico fue inesperada tanto para sus lectores, como para los trabajadores del medio.

En su artículo de opinión, Bezos justificó esta medida como un esfuerzo por reforzar la independencia del periodismo en un momento político muy polarizado. Sin embargo, este movimiento también ha sido percibido como un síntoma de cómo los intereses de los propietarios y la autocensura que imponen pueden influir en los principios editoriales de los medios. También en la información que ofrecen, la cual deja de ser independiente para responder a unos intereses externos.
Alejandro Hortal, redactor de fin de semana en el periódico Público, afirma que existe una falsa percepción por parte de las audiencias. Esto se debe a que el público podría pensar que, cuando un medio no se posiciona políticamente, implica que es más independiente que otros.
El redactor de RTVE coincide con el de Público, exponiendo su opinión sobre la decisión de Bezos. Afirma que le hubiera parecido «más honesto, o mejor, respaldar directamente a otro candidato, o, por lo menos, dar una explicación coherente, una explicación lógica o argumentar” el motivo de ese cambio drástico en la línea editorial.
Diferentes modelos de negocio y de comunicación
Gómez-Lobo, que tiene la experiencia de haber trabajado en un medio público y otro privado, establece una clara diferenciación entre ambos en lo relativo con al control que se ejerce sobre una información. El entrevistado considera que en los públicos como RTVE es más colectivo:
“Al final es un medio que está pagando todo el mundo, es de todos, entonces es normal que se quiera tener más cuidado con ciertas cuestiones, todas las decisiones que se toman son más meditadas. Yo diría que en ciertas cosas se tarda más o es más lento o se podría considerar menos eficaz, pero en el fondo merece la pena porque al final es como un control más exhaustivo. Está la lupa puesta y yo creo que eso repercute en un mejor contenido periodístico, sacrificando igual, pues más facilidad a la hora de a la hora de elaborar los contenidos o establecer las rutinas”.
Sin embargo, los modelos de comunicación en España y Estados Unidos son muy diferentes. Esto implica una clara diferenciación a la hora de tratar las informaciones. Ángel también habla de este aspecto, aludiendo a los autores Paolo Mancini, Daniel C. Hallin y su estudio pionero del año 2004: Sistemas mediáticos comparados: tres modelos de relación entre los medios de comunicación y la política. En él, España queda incluido en el Modelo Mediterráneo o Pluralista Polarizado y Estados Unidos en el Modelo Liberal o Noratlántico.
El caso del Washington Post tan solo es un recordatorio de que la calidad y la independencia del periodismo dependen de decisiones editoriales que suelen reflejar intereses más allá de la libertad de expresión. Es decir, actualmente el periodismo se encuentra atrapado en una paradoja donde tiene suficiente potencial para ser libre y plural. Pero donde también está condicionado por intereses económicos, políticos y sociales que se priorizan frente a la independencia informativa.
¿Cómo aparece la censura y la autocensura en los medios?
La censura y la autocensura de los medios que aparecen en el panorama mediático digital de la era actual de la información forman parte de la práctica periodística de manera inevitable. Ambas pueden presentarse tanto como una herramienta del oficio o como una imposición de presiones externas.
En el primer caso, la censura podría considerarse como algo inherente al trabajo del periodista. Un proceso de análisis y selección informativa que pretende mejorar la claridad y la calidad del mensaje. Una “autocensura positiva” que evalúa la relevancia de la información, tiene en consideración el contexto y el momento adecuado para su publicación.

En el segundo caso, la autocensura aparece como condicionante de la libertad de expresión de un medio. Un silencio selectivo o estratégico que surge por causas como el miedo a las consecuencias sociales, la falta de recursos periodísticos, la presión de terceros o los propios intereses del propietario. En muchos medios de comunicación, y concretamente en España, la precariedad hace que sean vulnerables a la presión de anunciantes y patrocinadores.
El conjunto de estos factores se traduce en la omisión de información, como es el caso del Post y su abstención al posicionamiento en las últimas elecciones, la desinformación o falta de pluralidad informativa. También en la desigualdad en la visibilidad de causas y grupos sociales. En general, en una opinión pública más desinformada y vulnerable a creer las informaciones que le llegan de fuentes no verificadas o no oficiales, sobre todo en las redes sociales.
¿Qué medidas se podrían tomar para alcanzar una mayor independencia editorial?
Otro factor de vital importancia que afecta a la censura y la autocensura de un medio está relacionado con la forma de consumir la información. La educación con la que cuentan las audiencias para hacer el trabajo de diferenciar qué información es verídica y cuál no es limitada e insuficiente. Alejandro Hortal afirma que la falta de alfabetización mediática es uno de los principales problemas que afectan al consumo informativo.
Es de vital importancia considerar una enseñanza por parte de los medios o las instituciones hacia la gente. El objetivo es conseguir que los ciudadanos sean capaces de detectar bulos e identificar fuentes fiables en un panorama sobresaturado de noticias que llegan al público desde diferentes medios, plataformas y dispositivos.
Para lograr avanzar hacia el ideal de la independencia informativa y alejar la información de los intereses privados o gubernamentales, también sería positivo fomentar y apoyar a los medios independientes. Una medida que propone Gómez-Lobo es la creación de medios comunitarios.
«Facilitando que las radios comunitarias o los periódicos de barrio que existen puedan tener un peso importante. Construyendo en las ciudades grandes una emisora de radio que sea del ayuntamiento y a la que tengan acceso vecinos y medios de comunicación independientes«.
Esto permitiría que los ciudadanos se implicaran en la comunicación. Entenderían cómo funciona y, como consecuencia, se podría ofrecer información desde un punto de vista diferente que no dependa de las grandes empresas. Sino de gente que vive en un entorno y quiere dar su opinión o investigar sobre su realidad.
Su creación favorece que la censura y autocensura que caracterizan los grandes medios desaparezca. Los pequeños medios independientes tienen mayor libertad para abordar temas relevantes para su audiencia local, sin las presiones de agendas externas o líneas editoriales impuestas, ofreciendo una voz más auténtica y crítica.







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