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Bulos sanitarios: otro de los peligros de la pandemia

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697 palabras
3–4 minutos

OPINIÓN| Recién cumplido un año del Estado de Alarma en nuestro país, y después de miles de fallecimientos, hospitalizaciones, incontables afectados por el coronavirus, confinamientos, cierres de negocios, situaciones de estrés, llanto y angustia aún persisten grupos «negacionistas» de la pandemia que hacen circular bulos sanitarios sobre la situación en nuestros hospitales. Es la propia población la que crea, alimenta y hace crecer estos bulos en un intento de aprovechar las posibilidades que las redes e Internet les ofrecen. Periodismo participativo y ciudadano que destape todo lo que la prensa no estaría contando.

En el III Estudio Bulos en Salud-Covid-19 del Instituto Salud sin Bulos y Doctoralia, WhatsApp se posiciona como el principal canal de difusión de fake news. Otras formas de comunicación online y redes sociales le siguen de cerca por la facilidad de uso y gran alcance y penetración en la población. Las más usadas: Twitter y Facebook, en las que proliferan hilos y grupos de ciudadanos que utilizan sus perfiles para mostrar vídeos e imágenes, según ellos, reveladores de toda esta mentira. Todo este contenido no puede ser mostrado sin su consentimiento, pero cualquiera que se mueva en redes o sepa buscar, sabe a que me refiero.

El riesgo que suponen las redes

Fue en las redes donde recientemente surgió un rumor que aseguraba que la televisión para pacientes de COVID-19 en hospitales de Zaragoza era de pago. Algunos usuarios afirmaron que “cuatro días de tele cuestan 10 euros”. La empresa que presta este servicio, Gotor Servicios Hospitalarios, salió rápidamente a desmentirlo: «Ante la falsa información que se está difundiendo por las redes, queremos aclarar que las televisiones de las habitaciones destinadas a enfermos de coronavirus están abiertas en modo gratuito».

Este es uno de los cientos de ejemplos de bulos sanitarios que rondan en Internet. Seguramente hayan oído alguna vez de vacunas creadas con tecnología 5G para controlarnos, mascarillas con chips o una famosa sopa de murciélago que inició la pandemia.

Es posible que también les haya llegado un mensaje con la recomendación milagrosa de que tomar unas copas de vino o la vitamina C previenen la COVID-19 así como la exposición al sol o, incluso, hacer gárgaras con vinagre. Aunque han sido miles de veces desmentidos por profesionales sanitarios, siguen inundando las redes y no parece que vayan a dejar de hacerlo.

Varios estudios señalas a las redes como una de las grandes creadoras de fake news

¿Hospitales vacíos?

Uno de los bulos sanitarios más difundidos es la creencia de que el virus no es real, que ni siquiera existe. Son bastantes los que piensan que los hospitales están vacíos y que la pandemia no es más que un engaño.

La portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), Andrea Buron, aclaró las imágenes de hospitales vacíos a Maldita.es . Buron explicó que «se ha restringido mucho el acceso a los hospitales tanto en número de personas como en horarios». Igualmente, con el objetivo de frenar el posible riesgo de contagio «algunas plantas no permiten el acceso».

SESPAS, además, avisa que el vacío de las salas de hospital se puede deber al aumento de la teleasistencia sanitaria; o incluso, que todos estos vídeos se grabasen en otras épocas de menor presión hospitalaria y se estén vendiendo como actuales.

Pilar Rodríguez, enfermera de urgencias en el hospital madrileño Gregorio Marañón da su opinión sobre este tipo de informaciones que circulan en redes y explica cómo es la situación todavía en los centros sanitarios.

Declaración Pilar Rodríguez

En definitiva, ¿quién soy yo para decirle a alguien que lo que cree es mentira? Nadie. Sin embargo, todos los especialistas y sanitarios que cada día se enfrentan cara a cara al virus sí lo son. Ellos son los que saben qué es esta enfermedad y cómo combatirla.

Todos los contenidos pseudoperiodísticos que salen constantemente por Internet provocan una desinformación generalizada. Es indudable que lo que llamamos “bulos”, es en parte, desinformación, pero las consecuencias de su difusión pueden llegar a ser muy peligrosas dentro de una población física y mentalmente agotada. La falta de datos y de medios verificados únicamente forman más piedras en el camino de vuelta a nuestra antigua normalidad.

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