ENTREVISTA | Desde la aparición de la democracia informativa y su trasparencia en pleno siglo XXI podríamos hablar de la expresión conocida como periodismo ciudadano, término asociado a las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC), pioneras en los avances de la era digital.
Esta actividad conlleva a un gran auge de la interactividad, que desplaza al periodista profesional. Otro de sus orígenes surge de la desconfianza del público ante el periodismo tradicional y que las nuevas innovaciones posibilitaron para el desarrollo de este fenómeno.
Tras las polémicas que trae consigo durante varias décadas, hablamos con Noelia García, periodista en El Economista, que nos hará un recorrido para reflexionar sobre estas problemáticas. Noelia, aparte de directora de Branded Content, es periodista especializada en temas de formación y educación. Una gran impulsora de las nuevas conexiones entre marcas, contenidos y personas que mantiene contacto continuo con la ciudadanía y con los medios digitales.
El periodismo ciudadano sirve de altavoz para denunciar problemáticas sociales o de cualquier otro ámbito, pero deberíamos mirarlo con cuidado, básicamente porque los ciudadanos no cuentan con la capacidad de corroboración de fuentes, de contrastarlas, ni son capaces de observar desde un punto de vista crítico, según afirma Noelia García.
Las tecnologías y las redes sociales han ayudado a que proliferen este tipo de personas, en muchos casos, sin ninguna formación previa. Los ciudadanos no realizan selección de textos, así como la redacción y composición de éstos se encuentra bastante limitada por las capacidades particulares del individuo. Además, si el autor es desconocido y no dispone de una trayectoria profesional periodística contrastada será más complicado que la noticia logre alcance dentro de su comunidad.
Visión económica
Nuestra protagonista especializada en un diario económico nos aporta su visión acerca de ciertas problemáticas sociales que pueden afectar a la economía del país:
Perspectiva empresarial
El fact-checking supone una gran innovación como herramienta para la lucha contra la desinformación. En España, medios como Maldita.es, EFE Verifica y Newtral se dedican a esta actividad, con una plantilla de profesionales que se dedican exclusivamente a ello. Hoy en día, suponen un ámbito en continuo desarrollo y expansión.
Los procesos de verificación se llevan a cabo por profesionales de la información, que nada tienen que ver con el ciudadano común. Noelia comenta: “El Economista no cuenta con fact-checkers, ya que supondría un privilegio contar con estos sistemas”. Los principales métodos que aportan credibilidad radican en la investigación de los propios periodistas y corroboración de datos para que no haya fake news.

Gracias a la inmediatez y cobertura mundial que alcanzan las redes, se han transformado en una poderosa herramienta de desinformación. La reciente proliferación de noticias falsas ha llevado a un mayor interés en el periodismo de calidad y la integridad editorial. Noelia admite que la confianza en el periodismo de calidad está aumentando. En muchos casos, prefieren la imparcialidad para una mejor comprensión.
Conclusiones
Sabemos que los ciudadanos son capaces de aportar multitud de puntos de vista, pero conviene tener presente que esta práctica recae toda la responsabilidad en los periodistas. Además, la divulgación de sus informaciones en las redes sociales hace que los ciudadanos caigan más fácilmente en las fake news.
En definitiva, podremos usar las redes sociales para denunciar problemáticas sociales, pero nunca como fuente, ni como medio acreditado de calidad. Los medios cuentan con una reputación fehaciente que deben mantener.







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