ENTREVISTA | Han pasado más de dos décadas desde el atentado del 11 de marzo de 2004. Sin embargo, la huella sigue presente en la memoria de la sociedad española. Más allá del impacto inmediato y la cobertura informativa de aquellos días, informar sobre las víctimas del 11M sigue siendo un reto para el periodismo actual. La construcción del relato sobre lo ocurrido fue un proceso complejo, en el que las asociaciones de víctimas han desempeñado un papel fundamental. En ese contexto, la comunicación adquiere un papel clave, no solo para comunicar la información, sino para preservar la memoria y mantenerla viva. A través de la entrevista, se aborda cómo el periodismo ha visibilizado el sufrimiento de las víctimas en los medios y qué papel ha jugado en esa representación, a partir del testimonio de Marisol Pérez Urbano, presidenta de la Asociación 11M Afectados del Terrorismo.

La Asociación 11M Afectados del Terrorismo nació en ese mismo contexto, con el propósito de atender necesidades que, según su presidenta, no se estaban satisfaciendo. Especialmente en los primeros instantes posteriores al atentado. Desde entonces, su trabajo se desarrolla en varios ámbitos: la atención psicológica y social, el respaldo legal y, de manera sobresaliente, la sensibilización y difusión de la memoria. Su trabajo no se limita a ayudar a las víctimas, sino que también contribuye a visibilizar a las víctimas en el espacio público.

La voz de las víctimas y la construcción del relato
Según Marisol Pérez Urbano, la memoria no es solo un ejercicio de recuerdo, sino también una responsabilidad social. La asociación se esfuerza por hacer que las generaciones más jóvenes entiendan lo que sucedió mediante exposiciones, conferencias en institutos o eventos conmemorativos. Así, la asociación no solo transmite la memoria de las víctimas, sino que además participa de manera activa en la visibilización de las víctimas frente a la sociedad.
“Tenemos una exposición didáctica donde explicamos qué sucedió el 11 de marzo, porque ha pasado ya tanto tiempo que la gente no lo sabe ya o muchos jóvenes como tú, por ejemplo, pues es que ni habéis nacido o eráis unos bebés”. Marisol Pérez Urbano, presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo (2026)

Entre la información y el daño
Sin embargo, la relación con los medios de comunicación no ha sido siempre fácil. La cobertura informativa del 11M no se vio únicamente influenciada por la urgencia de informar, sino también por una crisis comunicativa marcada por la falta de información y la incertidumbre en los primeros instantes.
«No hay que usar a las víctimas para hacer periodismo amarillo, machacar a los ciudadanos con información, información, información, información, que a veces ya es puro cotilleo». Marisol Pérez Urbano, presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo (2026)
Las palabras de Marisol Pérez Urbano, reflejan una crítica directa a ciertas prácticas mediáticas que priorizan el impacto sobre el rigor o el respeto. Sus declaraciones muestran la tensión constante entre la necesidad de informar y el riesgo de convertir el sufrimiento en contenido. El exceso de exposición, la repetición constante de imágenes y testimonios o la especulación mediática pueden contribuir a revictimizar a quienes ya han sufrido las consecuencias del terrorismo.

En este contexto, el 11M marcó un punto de inflexión a la hora de informar acerca del terrorismo en España. Los medios hicieron una cobertura que evidenció la necesidad de replantear la manera en la que se informaba en situaciones de crisis, particularmente en lo que respecta a cómo se tratan a las víctimas.
Informar sobre las víctimas del 11M no solo significa contar los hechos, sino también equilibrar el derecho a la información con el respeto hacia los que han padecido las consecuencias directamente. En un entorno mediático marcado por la inmediatez y la sobreexposición, este reto sigue siendo actual. Esta circunstancia evidencia que no siempre se lleva a cabo de manera apropiada la visibilización de las víctimas; en ocasiones, suele conllevar un tratamiento sensacionalista o una sobreexposición.
El relato en portada
La incertidumbre sobre la autoría del atentado generó un fuerte debate en las primeras 48 horas. Aunque al principio se señalaba a ETA desde el ámbito institucional, otras fuentes empezaron a poner en duda esa versión, lo que provocó un ambiente de desconfianza entre la población.
En este contexto, los canales no solo transmitían información, sino que además creaban la narración de lo ocurrido, frecuentemente influenciados por la velocidad, la presión política y la falta de verificación.


La forma de informar sobre las víctimas del 11M generó debate. Las portadas de la prensa del 11 de marzo son uno de los ejemplos más evidentes de cómo se construyó ese relato. Como el análisis de periódicos como El País y El Mundo demuestra, proporcionaron perspectivas diferentes sobre una misma noticia.
Algunos medios acusaron directamente a ETA de ser el responsable desde el principio, mientras que otros decidieron ser más cautelosos en su información y enfocarse en los hechos sin adjudicar la autoría.
Estas diferencias no solo son un reflejo de diferentes estilos periodísticos, sino también de las dificultades para informar en tiempos de crisis, en los que la rapidez puede entrar en conflicto con la precisión.
Memoria, periodismo y responsabilidad
El modo en que se cuentan los sucesos, se eligen las imágenes o se crean los titulares no es neutro; tiene un impacto directo en la memoria colectiva y en cómo la sociedad percibe lo sucedido.
El 11M muestra que, en situaciones de tragedia, la comunicación no puede restringirse a lo inmediato. La responsabilidad, la ética y la sensibilidad también forman parte de informar. El periodismo tiene la capacidad de ayudar a entender o hacer sufrir, según la forma en que se ejerza.
En este contexto, las asociaciones de víctimas desempeñan un papel crucial no solamente como lugares de apoyo, sino también como participantes activos en la creación de una narrativa más equitativa, más humana y más rigurosa. Su trabajo tiene como objetivo salvaguardar una memoria fundamentada en la verdad y el respeto, ante el ruido mediático y la sobreabundancia de información.

Porque, al final, comunicar no solo es relatar lo que sucedió, sino también determinar la manera en que se cuenta. Y en esa decisión se determina no solamente el rol del periodismo, sino también el modo en que una comunidad evoca su propia historia. Por lo tanto, uno de los mayores retos del periodismo actual es informar acerca de las víctimas del 11M con responsabilidad, asegurando una representación respetuosa y libre de sensacionalismo.
Os dejo por aquí en enlace a la entrevista completa!!!






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