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La alfabetización digital en la generación que no desconecta

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7–10 minutos

REPORTAJE| Vivimos conectados. Para muchos jóvenes, el móvil se ha convertido en una presencia continua. Un fenómeno cada vez más presente es la alfabetización digital. Redes sociales, mensajes, vídeos y notificaciones forman parte de su rutina diaria. Pero en una sociedad digital, usar constantemente la tecnología no significa necesariamente saber utilizarla bien.

A pesar de este contacto permanente con las pantallas, surge una duda clave: ¿están los jóvenes realmente alfabetizados digitalmente o solo saben usar las herramientas sin entender su impacto? En este contexto, muchos universitarios pasan entre cuatro y siete horas al día con el móvil. El informe Digital 2024 de We Are Social confirma que el tiempo de conexión sigue aumentando, sobre todo entre los más jóvenes. Además, según la UNESCO, la alfabetización hoy no se limita a saber leer y escribir, sino que implica comprender, interpretar y crear información en entornos digitales cambiantes. Aunque casi todos los jóvenes usan internet a diario, solo alrededor del 40% tiene habilidades digitales avanzadas.
Esto significa que la mayoría se limita a usar la tecnología sin dominarla realmente ni entenderla a fondo.

Los propios estudiantes reflejan así su dependencia:

«Todos estamos muy enganchados a los teléfonos móviles y las tablets»

«Entre el móvil y el ordenador puedo llegar a 6 horas en el teléfono y otras 2 o 3 en el ordenador”.


El por qué del enganche

Las aplicaciones no solo informan o entretienen, sino que están diseñadas para mantener la atención el mayor tiempo posible. Como explica Enrique Vaquerizo, profesor de planificación de proyectos en la red en la Universidad Rey Juan Carlos, el scroll infinito hace que consumamos contenido rápido sin que el cerebro tenga tiempo de parar.

Enrique Vaquerizo señala que el scroll infinito de apps como TikTok o Instagram genera contenidos “fast food”: rápidos y fáciles de consumir. Al no haber pausas ni final, el cerebro no tiene tiempo de decidir parar. Así, se produce un consumo automático y continuo sin reflexión.

Este tipo de consumo rápido como explica el docente, favorece un uso automático y poco consciente de la tecnología, lo que pone en cuestión el nivel de alfabetización digital actual. Saber utilizar una aplicación no implica entender cómo influye en el comportamiento o ser capaz de poner límites.

Explicación de Adam Alter sobre el diseño de las redes sociales

En esta línea, el psicólogo Adam Alter advierte en una de sus charlas que muchas de las aplicaciones que usamos a diario están diseñadas para mantenernos el mayor tiempo posible conectados. Esta idea refuerza que el problema no es solo cuánto usamos la tecnología, sino cómo la entendemos y esto pone en duda el nivel de alfabetización digital en los jóvenes. Además, este diseño persuasivo dificulta que los jóvenes desarrollen un uso consciente y autónomo de la tecnología. Por ello, resulta fundamental promover una educación digital que vaya más allá del manejo de dispositivos y fomente una relación más crítica, equilibrada y responsable con el entorno digital.

Consecuencias: atención, salud y relaciones

El uso excesivo del móvil también tiene consecuencias en la salud y en los hábitos diarios. Este consumo constante está, en parte, intencionado por el diseño de las aplicaciones, como explica Enrique Vaquerizo. Uno de los aspectos más afectados es el sueño, como advierte Diana Vergara especialista en la salud mental digital, quien destaca el impacto del uso prolongado en el descanso.

Diana Vergara explica que usar el móvil en la cama antes de dormir es perjudicial para el descanso. La luz de la pantalla interfiere en la producción de melatonina, que es la que ayuda a conciliar el sueño. Como resultado, el cerebro no logra entrar en un descanso normal y dormir se vuelve más difícil.

En esta línea, un estudio académico señala de forma clara que el uso problemático del móvil se asocia con alteraciones del sueño, menor rendimiento académico y mayores niveles de ansiedad en población universitaria.

El coste invisible de la multitarea

La concentración también se ve afectada, algo que advierte Diana Vergara. La multitarea digital (responder mensajes mientras se estudia o se trabaja) es cada vez más común, pero no implica una mayor eficiencia, sino una división constante de la atención. Distintos estudios en el campo de la educación digital coinciden en que este cambio continuo de foco reduce la capacidad de concentración, dificulta la comprensión profunda de la información y hace que el rendimiento en tareas cognitivas complejas sea menor. Así lo explica Simón Pedro de Ffendini, profesor de Derecho Internacional Público en la Universidad Rey Juan Carlos.

Simón Pedro explica que la tentación constante de usar redes sociales dificulta mantener la atención en tareas importantes. Esto afecta negativamente a la concentración y al entendimiento de los contenidos. Como consecuencia, el rendimiento académico también se ve perjudicado.

No solo importa el acceso a la tecnología como nos explica Enrique Vaquerizo, sino la capacidad de usarla sin que interfiera en otras áreas de la vida. El cerebro permanece en un estado de alerta constante, pendiente de nuevos estímulos, lo que impide una atención profunda, algo sobre lo qie también alerta la especialista en salud mental digital. Las relaciones personales también se ven condicionadas por este uso constante de las pantallas. El impacto no se queda en lo académico o físico, también afecta a la forma en la que los jóvenes estudian o se relacionan.

“A la hora de estudiar me cuesta concentrarme porque me llegan notificaciones al teléfono.”

“Me da rabia estar tomándome una cerveza con mis amigos y que no sean capaces de estar 10 minutos sin el teléfono y no poder desarrollar una conversación normal con ellos porque son dependientes del teléfono.”

La conexión digital no siempre sustituye la interacción real, y en algunos casos puede debilitarla. Esto refuerza la idea de que la alfabetización digital también implica aprender a equilibrar el mundo online y offline.


Alfabetización digital ¿Qué es y por qué importa?

Tradicionalmente, la alfabetización se limitaba a la capacidad de leer y escribir, un concepto que autoras como Berta Braslavsky definen como un proceso en constante evolución según las necesidades sociales. Hoy, esa definición se queda corta.

En un mundo donde el papel ha sido desplazado por el cristal, la alfabetización digital surge no solo como el manejo de software, sino como la habilidad para navegar críticamente en un mar de información infinita.

Como se analiza en el estudio sobre La alfabetización digital, y en línea con lo que plantea Enrique Vaquerizo, esta competencia implica pasar de ser meros receptores a usuarios capaces de gestionar y cuestionar el entorno virtual. No se trata de saber usar un dispositivo, sino de entender cómo nos afecta.

Enrique Vaquerizo explica que gran parte de nuestras tareas cotidianas hoy se realizan a través de pantallas, lo que hace que estemos constantemente conectados. Este uso continuo genera un refuerzo conductual positivo, es decir, pequeñas recompensas que el cerebro percibe al interactuar con la tecnología. Con el tiempo, este mecanismo puede volverse bastante adictivo.

Aquí es donde reside el corazón del problema para la generación que no desconecta: la alfabetización digital debe ser una herramienta de control. El reto actual no es el acceso a la tecnología, sino el desarrollo de una actitud consciente y equilibrada. No basta con estar conectados, el verdadero aprendizaje moderno consiste en gestionar el refuerzo conductual de las pantallas para que el uso no se convierta en una falta de control sobre nuestro propio tiempo.

La recuperación del control

Los expertos y especialistas como Diana Vergara apuntan que es posible recuperar el control mediante pequeños cambios en los hábitos. No hace falta hacer grandes renuncias ni desaparecer del entorno digital, sino introducir decisiones conscientes en momentos concretos del día.

Diana Vergara propone que una estrategia útil para reducir el uso del móvil es sustituir el hábito por otra actividad. En lugar de recurrir al teléfono en momentos de aburrimiento o ansiedad, recomienda hacer algo alternativo como dar un paseo o escuchar música. De este modo, se rompe la asociación automática entre emoción y uso del dispositivo.

Esto cambia el enfoque ya no se trata solo de usar menos el móvil, sino de entender por qué lo usamos tanto y en qué momentos. A partir de ahí, pequeñas decisiones como sustituir el tiempo de pantalla por otras actividades empiezan a tener más sentido y son más fáciles de mantener en el tiempo.

La alfabetización digital, por tanto, no es solo una competencia técnica, sino una habilidad fundamental para la vida cotidiana. Implica saber cuándo desconectar, cómo gestionar el tiempo en pantalla y cómo evitar que la tecnología condicione el bienestar. Pero también implica algo más simple y más difícil a la vez: ser capaz de darse cuenta y elegir, incluso en los momentos en los que lo más fácil sería no hacerlo.

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