Periodismo sobre periodismo digital y multimedia

Wikimedia Commons / Donna Hughes
,

Generación Z, ¿Realmente nativos digitales o solo usuarios?

Avatar de Laura López
1.205 palabras
5–8 minutos

OPINIÓN | Los jóvenes han crecido en el mundo digital, pero eso no significa que sepan navegarlo con conciencia crítica. La alfabetización mediática no se mide por el tiempo de pantalla, sino por la capacidad de pensar, cuestionar y actuar con responsabilidad en un entorno saturado de información.

Una generación sobrevalorada digitalmente

Desde pequeños nos han llamado nativos digitales, como si por el hecho de haber crecido rodeados de pantallas tuviéramos una comprensión profunda del entorno digital. Pero esa etiqueta es engañosa. La realidad es otra: usar TikTok durante horas o enviar memes por WhatsApp no es sinónimo de alfabetización mediática. Confundir familiaridad con competencia es uno de los grandes errores de nuestra generación. Somos usuarios digitales, sí, pero eso no nos convierte automáticamente en expertos digitales. Y eso, en un contexto de desinformación, polarización y sobrecarga informativa, es más peligroso de lo que parece. Puede llegar a tener consecuencias sociales, políticas y personales muy graves.

Alfabetizados, pero en emojis

Muchos jóvenes piensan que, por saber editar un vídeo, responder correos con rapidez o entender el uso de las aplicaciones ya están completamente alfabetizados. Pero esa percepción es superficial y peligrosa. No basta con saber usar las herramientas. Hay que entender el impacto de lo que consumimos y compartimos, cuestionar lo que nos llega, y aprender a filtrar lo útil de lo basura. ¿Sabemos hacerlo? No tanto como creemos.

La alfabetización mediática no es únicamente cuestión de habilidad técnica, sino de criterio. Es saber diferenciar entre una opinión y un hecho, entre una fuente fiable y un bulo disfrazado de noticia, entre un contenido inocente y uno que perpetúa discursos de odio o desinformación.

Según el informe Mapeo del consumo de medios en los jóvenes: Redes sociales, fakenews y confianza en tiempos de pandemia (2021) de la Revista Index.Comunicación, las redes sociales son el principal canal de información para la Generación Z, a pesar de ser también percibidas como la fuente menos fiable y más proclive a difundir fake news. Esto revela una contradicción peligrosa: confiamos en un entorno digital que no sabemos leer con espíritu crítico.

El psicólogo Jesús López Medina, especializado en adicciones digitales y con experiencia trabajando con adolescentes en el Ayuntamiento de Madrid, alerta sobre cómo el entorno digital moldea nuestra forma de pensar y sentir desde edades tempranas:

“Las redes sociales y el consumo de internet que estamos favoreciendo hace que consumamos vídeos y argumentos muy cortos que impiden que desarrollemos una opinión desde todos los puntos de vista. Nos dan la idea ya hecha, la opinión ya formada”. Esto nos deja, aunque no lo queramos admitir, en una posición de clara vulnerabilidad, aunque vayamos de expertos digitales.

Cuando el scroll sustituye al pensamiento

La lógica del scroll infinito (consumir sin procesar, pasar sin reflexionar, adictos a esa dopamina momentánea) se ha metido en nuestras cabezas. Lo instantáneo prima. Lo fácil se viraliza. ¿Quién se para hoy a buscar la fuente de un vídeo viral antes de compartirlo? La velocidad a la que se propagan bulos no depende solo del algoritmo. También depende de nosotros, de nuestra inercia, de esa costumbre de compartir antes de pensar o verificar. Así lo explica López Medina:

Utilizan la identificación que tenemos con los referentes sociales o culturales (deportistas, políticos, etc.) para que las ideas sean lo más homogéneas posibles.

Esta falta de elaboración crítica se ve reforzada por la rapidez y el refuerzo emocional del consumo digital. Para él, esto tiene consecuencias profundas en cómo pensamos. Advierte que “se buscan contenidos muy cortos y que impacten porque lo que quieren es que sigas metiéndote en esos contenidos de esas plataformas para que el algoritmo detecte lo que te hace reaccionar y lo que no. Para que algo te haga reaccionar algo tiene que ser emocionalmente intenso”.

Todo está diseñado para captar nuestra atención en el menor tiempo posible y empujarnos al siguiente contenido. Nos volvemos impacientes, incluso con la información. Si un post es largo, lo ignoramos. Si una noticia requiere contexto, la pasamos. La rapidez con la que todo sucede en redes es incompatible con el pensamiento crítico. Y sin pensamiento crítico, no hay alfabetización posible.

Conocer la trastienda digital

Los algoritmos nos muestran lo que queremos ver. Trata de mantenernos enganchados, darnos contenido que confirme nuestras ideas, nuestros gustos, nuestras emociones. Pero esa comodidad es una trampa. Porque mientras creemos que exploramos libremente el mundo digital, en realidad estamos dentro de una burbuja diseñada a medida. Lo que desafía nuestras creencias rara vez aparece. Esta burbuja de refuerzo constante es una de las trampas más potentes.

Como explica López Medina: “Lo que estamos haciendo es constantemente auto-reforzándonos a nosotros mismos y viviendo en una realidad mucho más limitada”. Esto lleva a asumir que lo que nos aparece en pantalla es lo que es real. “Yo no creo ni siquiera que la gente piense que está difundiendo bulos, sino que, como lo que te sale en el móvil es lo que tú mismo estás generando que te salga, le estás dando una veracidad a todo eso porque es como lo que tú piensas”, dice López Medina.

Entender cómo funcionan, por qué vemos ciertos contenidos y otros no, o cómo nos perfilan los datos que regalamos sin saberlo es parte de esa alfabetización mediática que nadie nos enseña, pero que todos deberíamos tener. No basta con saber que «el algoritmo te escucha«: hay que comprender cómo moldea lo que creemos que es la realidad, cómo condiciona nuestros intereses, nuestras opiniones y hasta nuestras emociones.

“Hay personas que están utilizando estos mecanismos —identificación, inmediatez emocional, refuerzo— para influir en nuestras opiniones, nuestros gustos o incluso en lo que compramos. Esto sí es intencionado y dirigido, y es muy importante que sepamos que esto está funcionando así”, añade el psicólogo.

Romper esa burbuja no es solo una cuestión técnica, de cambiar ajustes o buscar otras fuentes. Es una cuestión de conciencia, de asumir que lo que consumimos influye en cómo pensamos. Nuestros datos tienen valor y lo que nos ocultan es tan importante como lo que nos muestran. Alfabetizarnos digitalmente también es aprender a mirar con distancia crítica, a salir del bucle de validación y a cuestionar qué hay detrás de cada contenido. Porque solo así podremos recuperar cierto control sobre lo que vemos y, en definitiva, sobre cómo pensamos.

Ser nativo no es ser crítico

El término “nativo digital” nos ha hecho más daño que bien. Nos ha llenado de una falsa sensación de control. Pero la alfabetización mediática no se hereda: se aprende, se ejercita, se construye con esfuerzo y con mirada crítica.

No se trata solo de tener presencia online. Estar verdaderamente presentes en el entorno digital implica responsabilidad: con lo que decimos, con lo que compartimos, con lo que ignoramos. Supone entender que cada “me gusta”, cada “repost”, cada comentario contribuye a construir realidades, a validar discursos, a mover el algoritmo. Jesús López insiste en la importancia de tener una educación digital desde el colegio.

Ser verdaderamente competentes en lo digital no es cuestión de habilidad técnica, sino de conciencia crítica. Y mientras sigamos creyendo que por ser “nativos” ya lo tenemos todo aprendido, seguiremos siendo precisamente lo contrario: aprendices que aún no han empezado a cuestionar el terreno que pisan.

Deja un comentario

Descubre más desde Aula en Red-Acción

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo