OPINIÓN | Hace unas semanas no se me hubiese ocurrido escribir un artículo de opinión sobre el periodismo internacional. Hoy sí porque creo en él. Hoy sí porque estoy agradecido a la labor que muchas compañeras y compañeros están haciendo para cubrir esta guerra, tanto dentro de Ucrania como en el resto del mundo. Gracias porque ser periodista internacional hoy es una especie en riesgo de extinción.
El periodismo ha vivido en los últimos quince o veinte años un proceso de revolución y cambios con la llegada de la digitalización al oficio. En la era multimedia, el periodismo internacional ha tenido que adaptarse a estas transformaciones y evolucionar con ellas. Sin embargo, todas las oportunidades que podía traer la revolución tecnológica para el periodismo internacional no han supuesto siempre una mejora para la profesión. En muchas ocasiones han sido utilizadas para ahondar en las tendencias de precarización laboral que ya existían en el sector.
Grandes oportunidades para llegar a más sitios
Internet y sus múltiples espacios pueden permitir llegar a sectores de la población reticentes con el periodismo tradicional. Twitch es un buen ejemplo. Esta plataforma permite al usuario acceder a un sinfín de retransmisiones en directo. Aunque en un principio estaba diseñada para la cobertura de videojuegos, hoy en día contamos con un gran número de periodistas que han conseguido crear verdaderas comunidades de seguidores en esta red. Cuentas como la de Emilio Doménech o la de Descifrando la Guerra han permitido seguir el desarrollo de la guerra en Ucrania de una manera más atractiva e interactiva para las nuevas generaciones a través de Twitch, Youtube y Spotify.
Jon Sistiaga, histórico periodista de guerra, explicaba en una entrevista en el Huffington Post que el corresponsal se debe adaptar a las circunstancias actuales. Hoy nos llegan miles de imágenes en cuestión de segundos gracias a los móviles. Por esta razón, la labor del periodista internacional se debe centrar en explicar el contexto de esas imágenes, en contar la historia de sus protagonistas. Si demandamos al periodista una constante actualización de la situación (fruto de la inmediatez y fugacidad de los mensajes en la sociedad de los 140 caracteres), resulta casi imposible conseguir ese rigor y profundidad en la información proporcionada.
La precariedad laboral: un problema histórico sin resolver
Otro de los grandes problemas de los corresponsales ha sido la precariedad laboral. Internet ha consolidado una tendencia que ya comenzó hace mucho tiempo, con la priorización de los costes antes que el contenido.
Las redes sociales se han convertido en una plataforma muy útil para publicar contenido y ofrecerse ante los medios. Beatriz Ríos, corresponsal de Telemadrid, nos contaba que ella ha conseguido casi todos sus trabajos gracias a publicarlos en las redes sociales. Asimismo, en estas tres semanas de guerra hemos visto cómo muchos freelances en Ucrania se ofrecían a los medios a través de Twitter.
Corresponsales como falsos autónomos
No obstante, en vez de aprovechar estas facilidades para la contratación de periodistas, los grandes medios han optado por el modelo “rider” para sus plantillas. Contratos por servicio, contratos por crónica o por foto y periodistas como falsos autónomos son la cruda realidad a la que se enfrenta el sector. Hibai Arbide, freelance en Ucrania, contaba en Infolibre el precio medio de una crónica(en torno a 200 euros). Otros compañeros no han tenido tanta suerte. Israel Merino denunciaba la oferta de una revista nacional: 320 euros al mes, menos gastos y con exclusividad con el medio.
Esta tendencia de reducir los costes repercute directamente en los espectadores. Las comparaciones son odiosas al analizar la cobertura de la guerra de Ucrania que realiza Radio Televisión Española con la de La Sexta. Hay una diferencia muy rápida y visual: en una trabaja un operario de cámara y en la otra un trípode con el móvil del periodista. Dar estabilidad laboral y medios en condiciones a los periodistas internacionales repercute en un aumento de la calidad informativa.
Aprovechemos lo que nos ofrece la digitalización
La digitalización de la profesión ha traído consigo un sinfín de oportunidades para mejorar la labor de los periodistas. Mediante Twitter se pueden compartir listas de fuentes de rigor entre unos y otros. Gracias a herramientas de geolocalización podemos descubrir en un tiempo récord de dónde procede una imagen. Recursos, como las imágenes de satélite, que pensábamos solo al acceso del espionaje hace unas décadas ahora están abiertas al público y la prensa.
Y no solo es esto. El corresponsal casi siempre llega tarde al hecho (salvo que por suerte se encuentre en ese mismo instante en el sitio). Herramientas tan simples como las tendencias de Google y las hot trends pueden hacer más corto este retraso en la generación de contenido.
Gracias a los nuevos recursos online podemos revolucionar las formas de comunicación actuales, pero para eso hace falta voluntad e inversión económica. Es ridículo que la Federación de Asociaciones de España (FAPE) haya tenido que solicitar a los medios españoles garantizar la protección de sus informadores en Ucrania. Muchos no tienen ni equipos de seguridad (cascos, chalecos antibalas y seguros). ¿Cómo te vas a preocupar del tiro de cámara o de que no te falte una coma en la crónica si ni siquiera puedes asegurar tu protección?
Apostemos por un periodismo internacional de calidad y digital
No podemos permitir que el periodista internacional siga siendo machacado económicamente porque creamos que con emitir vídeos de redes sociales es suficiente. No podemos permitir que una corresponsal freelance viva con el temor a perder una llamada o el móvil porque su futuro laboral dependa de estar continuamente conectada a la red.
Un día me robaron el móvil y entré en pánico porque mi trabajo depende totalmente de él
Beatriz Rios, corresponsal freelance en Bruselas
Me gustaría no haber escrito este artículo, pero soy un estudiante de Periodismo y Relaciones Internacionales decepcionado con la realidad que ya sabía, decepcionado con la deriva de esta profesión y bastante perdido en general. Amo el periodismo internacional y creo que la digitalización puede salvarlo, pero no estoy seguro de si quiero intentar formar parte de él. Internet nos ha acostumbrado como sociedad al acceso libre y gratuito de todo. No obstante, con la irrupción de plataformas como Netflix los medios españoles están optando por el modelo de suscripción en aras de una mayor calidad informativa. Esperemos que este sea el comienzo de un cambio en las condiciones laborales de los periodistas internacionales y dejen de ser una especie en riesgo de extinción.
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