OPINIÓN | El canto de los pájaros de la Primavera Árabe no fue otro sino el que comenzó en los teclados del periodismo ciudadano en 2011. Si bien es cierto que aquel tsunami democrático ha quedado diluido hasta convertirse en una simple ola de cambio político, las voces que se activaron entonces fueron reconocidas como la máxima representación de la influencia que puede llegar a tener este fenómeno periodístico.
Cuáles fueron sus efectos durante la Primavera Árabe
Tal y como afirma Raquel Ojeda, observadora internacional en las elecciones marroquíes de 2011, “una de las cuestiones que no se lograron prever fue precisamente el no cambio”. Todos los actores y agentes internacionales que escucharon, leyeron y vieron las crónicas que llegaban desde los móviles y ordenadores de los nacionales de estos países, quisieron creer que el mundo árabe transitaba hacia los valores occidentales. Mientras, sus regímenes autoritarios dirigían todos sus esfuerzos a tratar de limitar el acceso y la emisión de información desde las redes sociales, como fue el caso del bloqueo de Twitter en Egipto o el asesinato del periodista libio Mohammed Nabbous.
Sin éxito alguno, estas medidas no hicieron más que enfurecer a su población y las cuentas de Twitter en Túnez, Facebook en Egipto o Youtube en Siria y Yemen, se llenaron de contenidos informativos que llegaban casi de manera simultánea desde el lugar de los hechos. Así, una vez más, estas informaciones se convirtieron en la guía de sus estados vecinos, que se estaban viendo limitados a las versiones censuradas por sus medios nacionales.
«Querido Buazizi. El fuego que encendiste es el más grande de la historia moderna. Descansa en paz!» – Wail Al-Sabbali, ciudadano y bloguero saudí
Unas veces desde cuentas anónimas y otras veces desde grupos de oposición organizada, los gritos de apoyo llegaban desde todos los rincones de la región tratando de poner en evidencia las acciones que realizaban sus dirigentes a través de los grandes medios. Sin embargo, el rigor profesional de unos y otros brillaba por su ausencia.
Periodismo ciudadano vs Periodismo profesional

La falta de rigor profesional hizo que los medios internacionales usaran las publicaciones de unos y otros para reconstruir los hechos.
Confusión mediática
Dada la peligrosidad de acceso al terreno, ni siquiera servía la presencia de corresponsales en la región. Por estos acababan publicando artículos basados en medios árabes que, a su vez, se informaban a través de las redes sociales.
Si bien es cierto que esta práctica estaba legitimada por la difícil situación, hoy en día es una de las amenazas del periodismo profesional. Por un lado, la instauración de los medios digitales en nuestra vida cotidiana ha llevado a que cualquiera pueda convertirse en enviado especial. Aunque esto pueda parecer positivo, en ocasiones la falta de experiencia profesional de los periodistas ciudadanos les hace caer en la improvisación y crean un estado de confusión sobre lo sucedido.
Relación complementaria
Por otro lado, estos dos fenómenos periodísticos han entrado en una relación de simbiosis que hace que ya no puedan desarrollarse el uno sin el otro. Según corrobora Bilal Randeree, cuyo trabajo como periodista ciudadano en estas protestas le llevó a convertirse en un periodista de prestigio hasta trabajar para Al Jazeera, su relación fue y será complementaria.
Lo cierto es que, si los ciudadanos de la región MENA no hubieran publicado sus informaciones, los medios internacionales solo habrían tenido acceso a la versión de los órganos institucionales y la información habría estado sesgada. Por ello, quedó demostrado que el periodismo ciudadano no solo servía como movilizador social, sino que en muchos casos fue la única fuente directa de los medios convencionales.
Así, con la misma dosis de esperanza que de ruptura, las instituciones de poder e información convencionales se vieron amenazadas por una masa social que había surgido del poder de los individuos. Pero, pese a los grandes resultados de movilización que obtuvieron aquellos guerrilleros del teclado, la resiliencia de los autoritarismos logró aplacar las protestas.
Cuáles han sido sus repercusiones 10 años después
Tal fue el poder que demostró este fenómeno, que los dirigentes árabes decidieron imponer peores resultados en aquellos países donde la dinámica de la información ciudadana había sido mayor. Si señalábamos Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen como los precursores del periodismo ciudadano, también debemos hacerlo como referentes del cambio y no siempre en el buen sentido.

Países con cobertura ciudadana
Por un lado, las movilizaciones sociales promovidas por los twitteros tunecinos llevaron a algaradas que lograron hacer que, 10 años después, su país sea una democracia limitada instaurada como referente exitoso de la Primavera Árabe. Por otro, Egipto, cuyas protestas fueron consideradas un punto de inflexión favorable para estos movimientos, acabó enfrentándose a un contragolpe militar que convirtió la dictadura de Mubarak en la actual represión estructural de Al Sisi.
Peor suerte corrieron Libia, Siria y Yemen que, sumergidos en guerras civiles, han visto cómo lo que en su día les sirvió para reproducir sus protestas en Youtube ahora se ha convertido en la mejor herramienta para difundir el terror del Estado Islámico (DAESH).
Países con cobertura profesional
Por el contrario, Marruecos, Arabia Saudí o Jordania, entre otros, permanecieron en el inmovilismo de los medios convencionales.
Estos países que, en un primer momento, sufrieron el aplacamiento inmediato de las protestas, en la actualidad viven una aparente situación de calma.
Aunque, como explica Gilbert Achcar, especialista en Estudios Orientales de la Universidad de SOAS de Londres, “lo que es seguro es que sigue habiendo esperanza en la zona y que el germen de 2011 se desarrollará en distintas olas”.
Una prueba de ello son las protestas sucedidas en 2019 en Argelia, Líbano, Sudán o Iraq, que no parecen estar alejadas de lo que ya exigían hace diez años.
Un único fenómeno con distintas formas de desarrollo y distintos resultados, eso es lo que reconocemos como Primavera Árabe en su décimo aniversario. Así, esta definición podría servirnos para explicar la situación del periodismo contemporáneo. Un fenómeno, el de informar sobre la realidad a la sociedad, con distintas formas que abarcan desde lo convencional de los medios de masas hasta lo excéntrico de la comunicación ciudadana y con distintos resultados cada vez más impredecibles a la par que menos disruptivos.






