OPINIÓN | Aunque la tecnología avanza rápidamente, la imaginación siempre corre un poco más, proyectando un mañana lleno de dispositivos espectaculares e incluso coches voladores. Sin embargo, olvidamos que el futuro de algunas profesiones como el periodismo no está determinado por la tecnología únicamente, sino que depende más de su función social.
Periodismo en el tiempo
Dicen que el ser humano aprende con la historia. Pues bien; para entender cómo evolucionará la labor informativa, quizá convenga echar un vistazo al pasado y que nos ilustre con lo que nos ha precedido. En el siglo XX, el periodista observaba, interpretaba y relataba la ciudad caminando por ella con libreta en mano. Sus herramientas eran los libros y su propia mirada, que alternaba entre el tumulto de las calles y su cuartilla llena de borrones, transformándose poco a poco en hechos narrables para el público.
El criterio intelectual y la formación eran rasgos imprescindibles para ejercer un buen papel periodístico, convirtiendo datos sueltos en historias inteligibles. De hecho, le otorgaban autoridad informativa y confianza ante la ciudadanía. Y es que, la población dependía en gran medida de su relato para conocer una realidad donde la información no abundaba, sino que estaba dispersa. Era el periodista quien debía buscarla y ordenarla. Precisamente en ese contexto, algunos periodistas reivindicaron y nos advirtieron sobre la independencia del oficio, ya que, como dijo Orwell, «el periodismo consiste en publicar lo que alguien no quiere que publiques».
Joseph Pulitzer«Una prensa cínica y mercenaria acabará creando un público tan vil como ella misma»
«La función de las noticias es señalar un acontecimiento; la función de la verdad es sacar a la luz hechos ocultos»
Walter Lippmann
Fidelidad a la profesión
¿Qué ha ocurrido en el siglo XXI? Hoy, la información se trata de manera distinta y es mucho más fácil de manipular. El periodista ya no solo escribe: graba, gestiona redes sociales e investiga constantemente los nuevos recursos que surgen cada vez más rápido, como la Inteligencia Artificial. Esta fascinante herramienta que, aunque ha transformado por completo el mundo del conocimiento y la información, también es un blanco fácil para la creación de burbujas informativas a través de algoritmos, además de su capacidad para generar bulos en forma de imágenes, vídeos o texto. Por eso, actualmente se reivindica la necesidad de una especialización en verificación dentro del periodismo.
¿Periodismo con personas, o personalización?
La realidad es que, como vemos, incluso el lenguaje es posible imitarlo para la IA. ¿Qué dice la gente sobre ello? En septiembre de 2025, un estudio de la Universidad Pompeu Fabra mostró que el 83% de los españoles confía más en los periodistas que en la IA para verificar noticias. Frente a ello, un 17% se fía de las nuevas tecnologías, culpando la falta de neutralidad de los medios y de sus trabajadores. Por tanto, la función de los periodistas se ve cuestionada.

De hecho, según el informe de la Asociación de la Prensa de Madrid, buena parte de la ciudadanía percibe que sus publicaciones están demasiado vinculadas a ideologías políticas. A nivel internacional, Reuters indicó que solo un 42% de la población de cuarenta y ocho países confía en los medios tradicionales, mientras que el 58% tiene dificultades para distinguir lo verdadero de lo falso en Internet. Esto evidencia que, a medida que crece la información digital, se hace cada vez más necesario contar con faros que guíen constantemente.
Periodista para todo
Clive Thompson, escritor de ciencia y tecnología y colaborador del New York Times, declara que la IA, Google, la tecnología… no deben sustituir al humano. Más bien, han de mejorar las capacidades que ya tiene. “La tecnología nos hace más capaces, más inteligentes, y nos ayuda a pensar más socialmente”.
Pese a las opiniones que se escuchan de vez en cuando sobre el futuro perdido del periodista frente a la digitalización y la tecnología, sostengo de manera convicta que la interpretación es propia del ser humano. Aporta matices emocionales. Tiene en cuenta la opinión, el sentimiento, la costumbre; tiene contacto con las fuentes, contexto social. Trabaja con personas, escucha testimonios, percibe silencios. Al periodista le caracteriza la cierta preocupación y esmero en la autenticidad. Una inquietud que traspasa sus propias fronteras con el ánimo de proteger; con el deseo de avanzar hacia eso que a veces asusta tanto: la verdad.
Cuánto más será necesaria la figura del periodista en el siglo XXII, que se convertirá en mediador entre el algoritmo y la sociedad. Intérprete que no solo informa, sino que explica el mundo. Guía ético de neutralidad y veracidad. Responsable de dar sentido a datos contrastados y reales, perseverando en la independencia frente al poder y los gobiernos. Es decir; ser filtros impermeables que se comprometan fidedignamente con el derecho a la información, cumpliendo con rigor su función.
Con todo, puede ser que el futuro no esté lleno de coches voladores, pero sí habrá verdades en el aire. Alguien tendrá que seguir observando, como aquellos periodistas del siglo XX; utilizando las herramientas pertinentes, como los periodistas del siglo XXI, y formándose cada vez más en el futuro próximo para distinguir cuáles merecen aterrizar en la realidad.









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