REPORTAJE I Diversos sectores cuestionan diariamente la idea de una internet neutra y democrática. Esto sucede a medida que los mecanismos que organizan el flujo de información se vuelven más visibles.. Ante este escenario, el ciberfeminismo emerge como una respuesta crítica a los algoritmos que silencian voces en las plataformas digitales
«La idea de que los algoritmos son neutros es uno de los mitos más peligrosos de nuestro tiempo. Son expresiones de poder y herramientas de control social.»
— Safiya Umoja Noble
Lejos de operar como simples herramientas técnicas, los algoritmos de recomendación y los sistemas automatizados de moderación han pasado a desempeñar un papel activo en la definición de lo que circula, de lo que gana visibilidad y, también, de lo que es silenciado. Para periodistas y comunicadoras que actúan en la cobertura de temas relacionados con el género, este entorno no funciona solo como canal de distribución, sino como un filtro que desvela valores, sesgos e intereses económicos.
En este contexto, crece el debate sobre la ‘violencia algorítmica’. Las investigadoras usan este término cuando los sistemas clasifican como sensibles los contenidos sobre derechos reproductivos o participación política de las mujeres. Esto ocurre incluso en piezas periodísticas que cumplen con las políticas de monetización.
La discusión no es aislada. Autoras como Safiya Umoja Noble y Cathy O’Neil ya han demostrado cómo los sistemas algorítmicos reproducen desigualdades estructurales al operar con bases de datos sesgadas y criterios opacos. En el campo específico de las relaciones de género y tecnología, la teórica Donna Haraway anticipó, ya en los años 1980, que las tecnologías no son neutras, sino atravesadas por disputas políticas y simbólicas. Hoy, estas reflexiones adquieren nueva urgencia ante la centralización del poder digital en grandes empresas tecnológicas y la creciente dependencia de infraestructuras privadas para la circulación de información.

Donna Haraway | Fuente: Wikipédia/Rusten Hogness
Ciberfeminismo como estrategia política
Es en este escenario que el ciberfeminismo deja de ocupar solo el espacio académico y pasa a ser movilizado como práctica política y estrategia de supervivencia. Para el investigador y profesor universitario Dr. Leogildo Freires, el problema central no está en la tecnología en sí, sino en la forma en que es controlada y estructurada. Según él, se trata de una cuestión con raíces históricas profundas, que remite a la exclusión sistemática de mujeres y minorías de los campos científicos y tecnológicos.
Al analizar los medios actuales, Freires señala que el ciberfeminismo hereda estas críticas y se reorganiza en redes transnacionales que articulan producción de conocimiento, activismo digital y prácticas de resistencia. En América Latina, este movimiento asume sesgos específicos al cuestionar el dominio de empresas de Silicon Valley sobre el debate público local, proponiendo una agenda de descolonización del conocimiento y de autonomía tecnológica.
En este sentido, el investigador detalla cómo el machismo y el conservadurismo forman el engranaje que sostiene la violencia estructural. Según su análisis, comprender esta opresión sistemática es fundamental para desconstruir las barreras que intentan silenciar las conquistas de los grupos minorizados.
Esta perspectiva se aproxima a las reflexiones del sociólogo Manuel Castells sobre la sociedad en red, en la cual el poder está directamente ligado a la capacidad de moldear los flujos de información. En el caso del ciberfeminismo, esta disputa no se limita al contenido, sino que avanza hacia la propia infraestructura. Iniciativas de creación de servidores independientes, plataformas alternativas y redes comunitarias surgen como intento de romper con la lógica comercial de las grandes plataformas, sustituyendo métricas de compromiso por principios éticos y periodísticos.
Sesgo estructural en IA
El especialista en inteligencia artificial Alla Lins profundiza en la dimensión técnica de este problema y analiza el funcionamiento interno de estos sistemas. Según Lins, defender la neutralidad matemática de los algoritmos ignora que humanos os entrenan con datos históricos y decisiones políticas. En el caso de los sistemas de procesamiento de lenguaje natural, ampliamente utilizados en la moderación de contenido, la incapacidad de comprender el contexto, la ironía o la denuncia puede llevar a la penalización de textos periodísticos que abordan violencia sexual o abusos, confundiendo descripción con apología. Este tipo de error no es puntual, sino estructural, y revela limitaciones profundas en la forma en que estas tecnologías interpretan el lenguaje.
El gran problema de la moderación automática es su incapacidad para entender el contexto. Un sistema no distingue entre una apología del abuso e un relato periodístico que denuncia ese mismo abuso.
– Alla Lins en entrevista
Algoritmos y compromiso digital
Además, los algoritmos de recomendación privilegian contenidos con mayor compromiso. Esto incluye las famosas ‘polémicas’, que suelen generar interacciones negativas. Entre ellas destacan los ataques coordinados y el discurso de odio. Investigaciones recientes indican que los contenidos controvertidos o polarizadores reciben mayor distribución, creando entornos hostiles para periodistas que abordan temas sensibles. Lins describe este fenómeno como un ‘círculo vicioso de los datos’: cuanto más reacciones intensas genera un contenido, el sistema más lo promueve, sin considerar su impacto social. La consecuencia es la amplificación de ataques misóginos y la reducción del alcance de contenidos críticos, especialmente cuando están asociados a términos considerados inadecuados por políticas de “seguridad de marca”, que priorizan intereses publicitarios.

Interfaz de TikTok con contenido sobre activismo digital y género | Fuente: Solen Feyissa/ Wikipédia
Esta idea dialoga con los análisis de Shoshana Zuboff. La autora describe un modelo económico basado en la captura de datos. Este sistema busca maximizar el compromiso, muchas veces en detrimento de la calidad informativa.. Dentro de esta lógica, los contenidos sobre feminismo o derechos humanos pueden ser despriorizados por no ajustarse a los criterios comerciales dominantes.
El modelo de negocio y el impacto informativo
En la práctica periodística, estas dinámicas se traducen en desafíos concretos. La periodista Janaina Ribeiro describe la actuación en entornos digitales como un ejercicio constante de vigilancia y adaptación. Para ella, producir contenido sobre género exige no solo una investigación rigurosa, sino también estrategias de protección y supervivencia digital. El uso de la criptografía ya no se limita a la protección de fuentes. Hoy es fundamental para la seguridad personal de la reportera. Esto es vital ante prácticas como el ‘doxing’. Dicha táctica expone datos privados con el objetivo de intimidar y silenciar.
En entrevista, la profesional profundiza en esta ambivalencia y detalla cómo el funcionamiento de las plataformas impacta en su trabajo. Explica que, aunque las redes impulsan pautas feministas, los algoritmos también crean «burbujas» que fortalecen la llamada maschosfera. Este ecosistema facilita la desinformación y amplifica los ataques coordinados.
Además, las periodistas usan trucos de lenguaje para eludir la moderación automática, cambian palabras o escriben de formas diferentes para evitar bloqueos. De la misma manera, las redes de apoyo de colectivos ciberfeministas actúan de forma coordinada para denunciar ataques e impedir el aislamiento frente al acoso

Mujer sufriendo ataques en la web | Fuente: Gemini
Ante esto, el debate sobre la libertad de expresión digital supera el ámbito jurídico e involucra cuestiones estructurales sobre el control tecnológico. La centralización de las plataformas y la falta de transparencia algorítmica comprometen al periodismo. Esto impide ejercer su función social sin interferencias invisibles. Por eso, el ciberfeminismo surge como una propuesta de acción. El movimiento articula la defensa de la transparencia, la auditoría independiente y el desarrollo de infraestructuras alternativas.
Estas iniciativas buscan redefinir las bases del entorno digital, más que la simple inclusión. La disputa no se limita a garantizar espacio dentro de las plataformas. El objetivo central es cuestionar los criterios que determinan la visibilidade y la relevancia.
Hoy el código es un instrumento de poder. Por eso, la lucha por la equidade de género exige capacidad de intervención. Es necesario comprender y transformar las tecnologías que median el debate público actual.







Deja un comentario