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Alfabetización mediática: El derecho que sostiene la democracia | Fuente: Chat GPT

Alfabetización mediática: El derecho que sostiene la democracia

Avatar de Natalia Gálvez Martín
1.173 palabras
5–7 minutos

OPINIÓN | Nos encontramos en un momento de la historia en el que cualquier persona puede publicar, opinar, o manipular información desde cualquier dispositivo con conexión a internet. Cada día nos enfrentamos a titulares falsos, bulos que alteran a la sociedad y discursos políticos llenos de datos sin contrastar. Por lo que conocer cómo funciona la información ya no es una opción, es una necesidad para mantener un pensamiento crítico y una democracia real. La alfabetización mediática es un derecho y una responsabilidad.

La alfabetización mediática como pilar fundamental de la sociedad

Según el manual Media and Information Literacy in Journalism (UNESCO, 2019), la alfabetización mediática es el conjunto de competencias que permiten a las personas acceder, recibir, evaluar críticamente, crear, usar y difundir información y contenidos mediáticos. Estas habilidades no solo se aplican al consumo de noticias, sino también al análisis de redes sociales, publicidad, entretenimiento e, incluso, política.

Alfabetización mediática, según Casandra López Marcos, profesora e investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos, es “la piedra angular para la sociedad contemporánea”.

Una persona alfabetizada mediáticamente no se limita a consumir información: la interroga, la contrasta, la comprende y la transforma. En este momento del periodismo, la digitalización ha permitido que el público, que solía ser pasivo, se convierta en una audiencia activa. Producen su propia información y debaten con libertad, generalmente sin interacción o uso de los medios tradicionales. Si no existe un proceso de identificación de fuentes fiables, estos espacios de debate se convierten en una concentración de desinformación.

Redes sociales, información y la pérdida de confianza en los medios

Según la última encuesta sobre juventud del Eurobarómetro, en España el 49% de jóvenes se informa a través de redes sociales, especialmente Instagram. Unicamente un 20% de esta franja de edad acude a periódicos o plataformas de noticias. Al informamos a través de lo que se opina en redes sociales o personas de nuestro entorno, nunca vamos a conocer la verdad absoluta. Solo conoceremos lo que ellos opinan sobre un hecho del que tampoco se han informado adecuadamente.

Patricia Nicole Lucena, en el Pleno de Media and Information Literacy del 2021 organizado por la UNESCO, explicaba que “ahora que confiamos tanto en las redes sociales para conocer las últimas noticias y eventos, los datos e informaciones falsas se pueden compartir fácilmente sin ningún control de credibilidad”. Es incuestionable que la desinformación se propaga más rápido que los hechos, especialmente en plataformas como las redes sociales, donde los contenidos emocionales o escandalosos tienen más visibilidad porque llaman más la atención.

A menudo, estos contenidos son diseñados para influir políticamente, generar odio o simplemente obtener clics y beneficios económicos. Pero esto no lo hacen solo los ciudadanos sin formación periodística, sino que es algo que se ha convertido en rutinario en medios reconocidos. La sociedad, en el caso de que los lea, ya no confía en los periódicos o solo consulta aquellos que se asemejan a su ideología.

A pesar de esto, debemos tener muy en cuenta que las redes sociales, como dice la profesora López: “no son las enemigas de la información veraz”. No dejamos de hacer periodismo por utilizar Instagram o X, simplemente estamos haciendo uso de los canales en los que está nuestra audiencia joven. Por ello es tan importante la adaptación y expansión que están teniendo algunos medios de compartir noticias a través de estas redes sociales. Si los jóvenes se informan a través de contenido corto en TikTok, es nuestra responsabilidad como comunicadores ofrecerles una fuente fiable.

El fact-checking y la educación para solventar el problema

La falta de fact checking en la mayoría de las redes sociales hace imposible que se cumpla correctamente el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Porque sí, tenemos a nuestra disposición todo el conocimiento que queramos, pero ese derecho solo es real si lo sabemos utilizar con conciencia.

Ya no basta con tener acceso a la información. Es imprescindible saber qué es verdadero, que está manipulado, qué interés propagandístico o político hay detrás y cómo influye en la opinión pública. Es imprescindible estar educado en alfabetización mediática. Y saber hacer uso de esta debe estar al alcance de todos, no solo de las élites o los profesionales de los medios. Y, especialmente, debe estar a la disponibilidad de los más influenciables: los jóvenes. Así lo explica Casandra López, que piensa que desde el colegio es importante formar a los niños sobre alfabetización.

Además, como bien explica la profesora López en el capítulo Fighting against disinformation in Europe: the case of fact-checkers agencies, del libro Disinformation and fact-checking in contemporary society, el periodismo ha implementado la verificación como un arma crucial contra el aumento de noticias falsas. En un momento mediático en el que la confianza en los medios de comunicación ha disminuido, el fact-checking ofrece al periodismo la oportunidad de reclamar su importancia social. Por lo que debemos destacar la actuación que están teniendo las empresas verificadoras, que se encargan de aportar un desarrollo mucho más amplio sobre la información simplificada que leemos en los medios tradicionales.

Ciudadanos críticos y periodistas responsables

El papel de los medios de comunicación ya no puede entenderse sin una participación de la ciudadanía. Pero para participar hay que comprender. Y para comprender, hay que estar alfabetizado mediáticamente. La alfabetización mediática, además, debería ser una competencia obligatoria para todo periodista en formación o con larga trayectoria profesional. Tal como advierte el manual de la UNESCO, el periodismo de calidad requiere no solo informar, sino enseñar a la audiencia a pensar críticamente, a evaluar la veracidad de las fuentes y a resistir la manipulación. Y, como periodistas, nunca deberíamos dejar de formarnos en alfabetización; los tiempos cambian, los medios cambian y la audiencia evoluciona.

Y esta formación no está lejos del alcance de nadie. Existen cursos, como el de la profesora López: Alfabetización mediática: redes sociales, diseño e inteligencia artificial contra la desinformación; al que puede acudir todo el mundo de forma gratuita. Se creó por el compromiso social que tiene el grupo de investigadores responsable con la importancia de acercar los medios de comunicación y de combatir la desinformación, poniendo el foco en la alfabetización para hacerlo.

Ya lo decía la UNESCO, “sin comunicación no hay humanidad. Sin periodismo no hay democracia”. Pero necesita ser un periodismo de calidad. La alfabetización mediática no es una solución mágica, pero sí una defensa sólida. Enseñar a la ciudadanía a identificar noticias falsas, a verificar fuentes, a desconfiar de los mensajes virales y a entender cómo funcionan los algoritmos de sus redes, es una herramienta de resistencia democrática. A través de ella, tanto los periodistas como los lectores adquieren los recursos y conocimientos necesarios para desarrollar una opinión coherente y veraz, por lo que es indispensable en la educación desde temprana edad.

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