ENTREVISTA | La reducción de corresponsales en las plantillas de los grandes medios conduce al mal tratamiento de la información internacional y al desentendimiento por parte del lector.
La periodista y escritora española Olga Rodríguez (@olgarodriguezfr) es de esas personas que pueden presumir de conocer el periodismo desde dentro y en profundidad. Sus inicios se remontan en la Cadena Ser con Iñaki Gabilondo hace 23 años. Muchas de sus coberturas en dicho medio hicieron que la cadena obtuviese distintos premios como el Ondas tras el 11-S o el premio Ortega y Gasset en 2003 por su labor informativa en Irak. Tras 10 años en la cadena radiofónica y otros tantos en el canal de televisión Cuatro, decidió cofundar eldiario.es junto con otros compañeros de profesión, siendo hoy uno de los medios digitales más visitados a nivel nacional. Sus experiencias en el extranjero han conseguido crear en ella un perfil de periodista preocupada por el buen tratamiento de la información internacional.

P: Quería empezar la entrevista haciendo hincapié en el periodismo de guerra y en la información internacional. Tengo la sensación de que es una rama del periodismo que nunca ha estado lo suficientemente valorada por la sociedad. ¿Tú que crees?
R: Yo creo que depende de los países. Aquí en España es verdad que está poco valorado, como está poco valorada la información internacional en general. Miramos mucho para adentro sin tener en cuenta que en el siglo XXI todo está muy relacionado. Lo que pasa al otro lado del mundo nos puede influir de una manera u otra y marcar, y de hecho ocurre. Y cuando estalla algún acontecimiento internacional de calado nos quedamos muy sorprendidos porque estamos mal informados de lo que pasa fuera de nuestras fronteras, porque no tenemos el contexto, no sabemos de dónde viene, y por lo tanto no entendemos de hacia donde puede ir eso que ocurre. Es una lástima. Yo soy de una generación en la que ha tocado vivir dos tipos de coberturas de conflictos muy diferentes: una nos permitía a muchísimos periodistas y reporteros cubrir un conflicto durante un largo tiempo como integrantes de una plantilla de un medio de comunicación […] A mí me enviaron a sitios como Irak, Afganistán o Palestina para estar allí durante meses; de esa manera podía contrastar información, preguntar, indagar, investigar, profundizar… eso llegó un momento dejó de hacerse. Dice David Simon que hay un antes y un después en el periodismo marcado por un momento en el que el poder financiero entra en los medios de comunicación. Eso implica que en bastantes medios los directivos dejen de ser periodistas y pasen a ser gerentes que gestionan la información como si fuera una mercancía más […] Es cierto que ocurrió así, y tuvo como consecuencia que empezaron a cerrarse redes de corresponsalía y que la figura del enviado especial empezase a brillar por su ausencia en muchísimas redacciones […] A partir de ese momento, sin enviados especiales, te aferras a Reuters y AP. Esto es algo que nos limita la pluralidad y nos conduce a una uniformidad.
P: Es evidente que la vida del corresponsal de guerra peligra de alguna manera ¿tu crees que está lo suficientemente remunerada la profesión?
R: Suficientemente remunerado nunca ha estado. Antes muchos podíamos cubrir un conflicto como parte de una plantilla de comunicación, y eso implicaba que teníamos algunas protecciones, como seguros, o un sueldo bastante digno porque nuestra generación pudo disfrutar aquello. Pero eso poco a poco fue yendo a menos hasta el punto de que hoy la gente que va a cubrir conflictos no está contratada por los medios, son freelance. Todo lo que no está relacionado con el poder de aquí, de España, resulta prescindible. Por eso las redacciones se conforman con tirar de freelance para estas coberturas. Grandes medios de comunicación de este país han estado pagando entre 30 y 50 euros por crónicas desde Oriente Medio. Mucho dinero no es, porque el nivel de gastos que implica estar en una guerra es más elevado de lo que puede sumar escribir muchas crónicas. Las labores de los reporteros de guerra siempre se deben de subrayar cuando se está hablando de esta profesión, al igual que las condiciones tan nefastas en las que viven y la precariedad laboral. Como eso influye en la seguridad, porque si no hay protección económica, no hay protección física […]
P: ¿El periodismo de guerra de España tiene motivos para envidiar a otros países?
R: Nosotros tenemos que envidiar a otros países los medios que tienen. Aunque cuando hablaba del tema de la reducción de corresponsales, es algo de lo que también se queja el periodista estadounidense que puedas tener al lado, o el inglés o el francés. En muchos países no lo han vivido de una manera tan trágica como en España, pero esa reducción ha existido en todas partes. El Boston Globe, que tenía una red de corresponsales que era una de sus señas de identidad, cerró su red de enviados especiales al completo. Pero claro, los países con mucho dinero como Estados Unidos… yo cada vez que he ido a hacer una cobertura a Irak o a los territorios palestinos, pues desembarcan equipos de televisión de muchísimas personas, mientras que los españoles éramos el cámara y yo[…] Pero sí, la tradición que hay en muchos países a la hora de cubrir una noticia es enorme y nos dan mil vueltas a los españoles. Esto no quiere decir que no haya reporteros españoles excelentes, capaces de hacer con muchísimos menos recursos un trabajo muy digno y muy interesante.
P: ¿Crees que las redes sociales favorecen al periodismo?
R: Creo que aún no sabemos si de verdad beneficia o perjudica al periodismo. En realidad, es un fenómeno tan nuevo que quizás necesitemos de más años para extraer una conclusión final. Cuando no teníamos redes sociales, en años que fueron duros para el periodismo, estábamos amordazados; podía ocurrir algo muy grave como que nos impusieran censura, y los periodistas no teníamos ningún altavoz mas que el del propio medio. Si ese medio nos negaba ese altavoz para poder denunciar aquello que el medio hacía -evidentemente nos lo negaban- pues no había otra forma. Por eso las redes sociales pueden funcionar como ese altavoz que todos queremos […] En las revueltas árabes de 2011, que las cubrí desde Egipto, las redes sociales jugaron un papel muy importante, porque los medios de comunicación de allí censuraban todo lo que ocurría y a través de las redes sociales los periodistas pudimos encontrar fuentes de información internacional útiles. ¿Nos creemos lo primero que alguien publica en las redes? No, nosotros investigábamos y contrastábamos esas fuentes, como una fuente que te comunica algo en una redacción. Como aspectos negativos, diría el ruido y las falsedades que se difunden, pero tampoco olvidemos que los propios medios también difunden muchas falsedades… Con el tiempo creo que muchos aprenderemos a limitar y gestionar nuestra participación en las redes.
P: ¿Cuál fue tu verdadera motivación para estudiar periodismo?
R: Una de las razones fue salir de Valladolid, que era donde vivía. Otra fue porque me gustaba relatar, y relatar la verdad. Pero ya en primero de carrera mas que periodista me consideraba una antropóloga del presente. No me ha gustado nunca las ramas del espectáculo o el infoentretenimiento, siempre me llamaba el poder entender la realidad que vivo. Y qué bonito que haya una profesión como el periodismo cuyo objetivo debe ser entender esa realidad. Contarla desde un relato limpio y objetivo para buscar soluciones a los problemas. Eso me provocaba mucha curiosidad e inquietud y hoy en día es lo que me sigue impulsando a ejercer la labor del periodista.
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