ENTREVISTA | “Me llamo Pau y soy periodista”, así se presenta Pau Llop en la página web bajo su mismo nombre. Hace 17 años, escribía Hacia la Ciberdemocracia a través del Periodismo Ciudadano, un artículo que revisaba el papel de los medios de comunicación dentro de lo que era el recién llegado internet y las nuevas formas de informar. Hoy, se encuentra con nosotros para ver qué ha cambiado en nuestra profesión y valorar si la ciberdemocracia está superada o no.
La definición de ciberdemocracia
En la intimidad de nuestras habitaciones, comienza la entrevista sentenciando “el concepto de ciberdemocracia ha quedado superado”. “Cuando hablábamos de ciberdemocracia estábamos estableciendo una diferenciación entre las instituciones analógicas y lo que nos gustaría que fuesen en un futuro. Hoy en día, lo digital impregna todo”. Y es que en tan solo 20 años lo “analógico” se ha trasladado a la red.
A principios de los 2000, conectarse a Internet desde un móvil era una ensoñación. En 2022, es imposible imaginarnos sin tener un smartphone en el bolsillo. O como el propio Llop dice, “los propios diputados pueden votar desde sus casas las leyes tan solo apretando un botón”. Ese futuro esperado ha llegado y la mudanza de lo tradicional ha hecho de la ciberdemocracia “la democracia que tenemos en la vida real”, pero solo que online.
Esta democracia en red tiene una ventaja: abre la posibilidad a mayor participación ciudadan, una participación real. “El ejemplo es el 15M, donde todo empezó con convocatorias vía redes sociales para las manifestaciones”. Lo mismo ocurrió, aunque por mensajería, con los atentados de Atocha y el cambio inesperado del voto popular hacia el PSOE. Ambos son la representación del poder que puede alcanzar la ciudadanía, “pero son ejemplos muy concretos”.
El punto de encuentro con los medios tradicionales
Medios tradicionales y nativos digitales, aquellos anteriores y aquellos posteriores a Internet. Esta distinción la recoge Pau Llop en su artículo y se vuelve a retomar en la conversación, sobre todo, en sí el periodismo convencional consiguió su hueco en la red. “Tenía la visión de que los medios tradicionales no se estaban adaptando, que desaparecerían o serían sustituidos por los nuevos, pero no ha sido así. Al final, han ido evolucionando poco a poco”. Sin embargo, Llop no apunta a una transformación completa, sino hacia un punto de encuentro. Ahora, los medios tradicionales permiten esa participación ciudadana con oportunidades como la del diálogo en sus publicaciones. Eso sí, el control siempre sigue recayendo en los medios de masas.
“Los medios tenían que apostar por la formación de sus audiencias, tienen que convertir a los usuarios de pasivos a activos en los medios para poder ejercer el derecho de recibir y emitir información veraz”. Y es esta la cuenta pendiente de los medios. Lo que buscan no es formar, sino afianzar las audiencias y utilizar bajo su propio beneficio los materiales que los ciudadanos le aportamos. “Tampoco hay una demanda social ciudadana lo suficientemente grande como para que eso pase”, crítica Llop.
Los medios nativos digitales: la oportunidad ciudadana de oro
“Al poco de escribir este artículo, unos compañeros y yo montamos un medio de periodismo ciudadano”. Así, con un pequeño grupo de profesionales de la información y voluntad pura fundaron Bottup. Poco después, Llop crearía Fixmedia. Ambos proyectos tuvieron algo en común: apostaban por el periodismo abierto, pero no era sostenible en el tiempo. “¿Quién les paga si no tenemos un modelo de negocio detrás?” Los proyectos terminaron por desaparecer ante la falta de financiación. “El periodismo abierto y participativo es algo voluntarista o casi ONG, pero tampoco mueve el mundo”.
Uno de los pocos ejemplos de periodismo abierto que Llop rescata es del periódico con renombre The Guardian y su iniciativa Contributoria. Cualquier persona podría presentar una solicitud y, tal vez, investigar de forma subvencionada. Sin embargo, volvió a caer en el mismo problema. “Funcionó mientras el propio periódico lo financiaba, pero cuando se pidió a los suscriptores que lo pagasen se cayó”, explica el periodista.
“Realmente, para que todo esto avance, es necesario una demanda de la sociedad por ello”. Y no es que no exista, “pero la gente tiene muchos problemas, tiene muchas prioridades antes que la libertad de prensa o la participación ciudadana”.
Límites de la ciberdemocracia
Si esta ciberdemocracia pasase al mundo real, denotaría una carencia: no todos tienen acceso a ella. ¿Eso significa renunciar a la tecnología que la forma? “No, lo que tenemos que hacer es formar a la gente, hacer tecnologías sencillas accesibles, fáciles. Asegurarnos de que todo el mundo tiene acceso a ella. Pero eso requiere mucha inversión de dinero público”.
No obstante, el nuevo modelo de suscripción de los medios de comunicación vuelve a resaltar este límite. “¿La gente que no puede pagar la suscripción? ¿No puede tener información de calidad? ¿se tiene que resignar a consumir fake news que son gratis? Al final lo que crea es una polarización brutal. La gente que no puede pagar está condenada a recibir información de peor calidad, otro obstáculo más para una sociedad mucho más abierta y participativa”.
El modelo de negocio frente a la ciberdemocracia y el periodismo
“Si todos los mayores de edad en España pudiésemos votar las leyes con una aplicación en sus móviles, ¿eso sería bueno o malo? Por un lado, es democracia directa y, por lo tanto, no habría problemas de intermediación, de intereses políticos o de listas. Por otro lado, sería muy fácil caer en las garras del populismo”, explica Llop. Y es que, en medio de todo esto, las empresas de comunicación serían clave.

“Los medios de comunicación que no están adaptados a esa realidad, siguen teniendo intereses y buscan influir en la política”. La dependencia hacia lo publicado en el BOE y las inversiones que puedan atraer en grandes empresas son el principal motivo de esta lucha por el poder. Así, si todos votásemos, “¿qué pasaría? Que esos medios influirían a la opinión pública para que votaran en un sentido y es mucho más fácil manipular a millones de personas que a 350 diputados”. En consecuencia, el enemigo común de la ciberdemocracia y el periodismo es el propio modelo de negocio.
“Los periodistas tradicionales no perciben su trabajo sin los medios, pero realmente los medios de comunicación muchas veces tienen intereses que no son los mismos que los de los periodistas”. Para Llop, los periodistas tendríamos que poder trabajar directamente hacia quien nos dirigimos, la ciudadanía, y ser independientes. Pero el posible cambio de agenda setting y el distanciamiento con los intereses hace que Pau concluya que el periodismo participativo sea “un peligro para los modelos de negocio de los medios tradicionales”.
Para conseguir una ciberdemocracia lo más igualitaria posible y abierta, habría que dar muchos pasos. El primero de ellos, esa voluntad social. “Donde antes había gente que quería hacer cosas diferentes, innovadoras, arriesgadas, disruptivas, socialmente hablando, ahora lo que hay son esos mismos actores con su capacidad económica haciendo grandes cosas que siempre están dentro del modelo económico imperante”. Y es que, aunque se lucha por ello, tal es el poder que algunos grupos que “lo que ha pasado es que han ganado ellos”.







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