REPORTAJE | El periodismo ya no solo se lee o se escucha; ahora se experimenta. El auge de la realidad virtual, los vídeos en 360º y las narrativas interactivas está transformando por completo la relación entre los medios y el público. En un entorno saturado de pantallas, las nuevas tecnologías buscan romper la distancia con el espectador para apelar directamente a su empatía. ¿Estamos ante el futuro de la información o ante un simple espectáculo visual?

Más allá de la pantalla: El nacimiento del espectador-testigo
Hubo un tiempo en que informarse requería el gesto pausado de abrir un periódico de papel o sentarse a escuchar al presentador del telediario de las nueve. Hoy, ese modelo convive con un ecosistema radicalmente distinto. El usuario actual, acostumbrado al estímulo constante, ya no se conforma con ser un sujeto pasivo que recibe datos desde la distancia. Quiere ver, quiere tocar y, sobre todo, quiere estar allí. En este contexto nace el periodismo inmersivo, una corriente que utiliza tecnologías como la realidad virtual (RV) o los formatos interactivos para difuminar la línea que separa al lector de la noticia.
El objetivo de estas nuevas narrativas no es simplemente adornar la información con gráficos llamativos, sino cambiar las reglas del juego de la percepción. Cuando un medio logra que el usuario se coloque unas gafas de realidad virtual o arrastre el dedo por la pantalla para girar la cámara en un vídeo de 360 grados, la experiencia deja de ser intelectual para convertirse en algo físico y emocional. Ya no te cuentan la guerra o las consecuencias de un huracán; de repente, estás en medio de la calle destruida. No es una idea teórica: grandes cabeceras internacionales como la sección pionera The New York Times VR o cadenas públicas como la BBC News VR llevan años experimentando con esto para acercar realidades lejanas a los salones de nuestras casas.
La cocina del formato: «El texto plano ya no es suficiente»
Llevar a cabo este tipo de proyectos requiere una transformación profunda en las rutinas de las redacciones. No se trata solo de escribir bien, sino de diseñar espacios navegables donde el lector elija su propio camino. Para entender cómo se construyen estas historias desde dentro, hablamos con Susana Fernández, periodista, maquetadora y diseñadora gráfica de revistas de Vocento así como de la propia prensa digital (y escrita en su tiempo) del periódico ABC. Y que recientemente ha participado como consultora en varios proyectos de narrativa visual experimentales (realidad virtual en su mayoría).
Según nos explica Susana, el proceso de trabajo cambia por completo respecto a una redacción tradicional. Ya no trabaja el periodista solo con su bloc de notas; ahora hacen falta equipos multidisciplinares. Para entender el impacto de estas sinergias, laboratorios españoles de referencia como el RTVE Lab demuestran a diario cómo se sientan en la misma mesa programadores, diseñadores gráficos y expertos en sonido 3D o ambisónico.
El impacto propio impacto en el espectador
La teoría suena fantástica en los despachos de desarrollo multimedia de los grandes periódicos, pero ¿qué pasa cuando estas tecnologías impactan de verdad en los ciudadanos de a pie? Para comprobar el efecto real de estas narrativas, consultamos a Alba Díaz, una creadora de contenido en Instagram, y lectora habitual de prensa digital que ha experimentado con la realidad virtual y el 360º en varios proyectos que ofreció la Comunidad de Madrid, siendo estos el Madrid Histórico y el Horizonte Keops. A partir de ahí, se ha ido interesando por consumir contenidos multimedia que involucran la realidad virtual y ya ha habido más de un compañero suyo que le ha pedido consejo con el tema para ayudarle a crear contenido inmersivo para trabajos de su universidad.
También hay que tener en cuenta el carácter universal de la realidad virtual y los vídeos 360º, el cuál se aplica a muchos ámbitos de la vida y sirve tanto para mejorar ciertas maneras de hacer las cosas, así como para ofrecer nuevas perspectivas de situaciones de las que antes no hubiese sido posible haber obtenido. Aquí en un Tweet de Infobae Tecnología se nos muestra el ejemplo con un equipo de formación de realidad virtual, que prepara e inmersa a bomberos dentro de una emergencia (un incendio en este caso) para que a la hora de la acción en la vida real sepan como enfrentarse a la situación.
El peligro del fuego artificial: La ética de la inmersión
Ante esta respuesta tan emocional por parte de la audiencia, los creadores insisten en la necesidad de aplicar un filtro de ética periodística muy estricto. La capacidad de conmover al espectador es un arma muy poderosa, y precisamente por eso no debe confundirse con la búsqueda del morbo facilón o la espectacularización de la desgracia ajena. Organizaciones globales de periodismo como el Pulitzer Center, que financia proyectos de innovación periodística, insisten en sus manuales en que si metes al lector en medio de un hospital bombardeado, tienes que hacerlo para que entienda el contexto, no para buscar el impacto visual gratuito.
Es aquí donde Susana vuelve a tomar la palabra para advertir sobre los límites y los riesgos reales de su profesión.
El desafío de una tecnología que no llega a todos
A pesar de su enorme potencial para sacudir conciencias, el periodismo inmersivo se enfrenta a barreras digitales y económicas evidentes que impiden que sea algo masivo. La primera y más obvia es el acceso a la propia tecnología. Aunque casi todo el mundo tiene hoy en día un teléfono móvil capaz de reproducir un vídeo en 360 grados en YouTube, la experiencia real y total de la realidad virtual sigue dependiendo de cascos y gafas caras. Empresas tecnológicas y de análisis como Meta Horizon intentan abaratar estos dispositivos, pero no nos engañemos: la mayoría de la gente no tiene unas gafas de RV en el salón de su casa para leer las noticias de la mañana.
Por otro lado, está el problema del dinero y los plazos en los medios. Crear un reportaje de estas características exige meses de trabajo y un presupuesto alto. Para las empresas de comunicación actuales, que están asfixiadas económicamente y atrapadas en la dictadura del clic rápido para ganar publicidad, parar a un equipo entero para producir una sola pieza interactiva sigue siendo un lujo que pocos se pueden permitir de forma habitual. La rueda del directo y la última hora o breaking news no deja tiempo para la artesanía digital.
El periodismo que se avecina
El reportaje de nuestro tiempo no puede vivir de espaldas a la evolución tecnológica ni pretender que la gente siga consumiendo información igual que hace veinte años. El periodismo inmersivo ha demostrado que no es una simple campaña de marketing ni una forma vaga de reciclar contenidos visuales; es una respuesta necesaria a la desconexión y la fatiga informativa que sufrimos todos cuando abrimos internet.
A medida que los dispositivos se vuelvan más baratos y las redacciones dominen estas nuevas formas de narrar sin perder el rigor periodístico, la distancia entre el hecho y el espectador seguirá reduciéndose. En un mundo saturado de ruido y noticias clónicas creadas en cadena, las historias que consigan perdurar en nuestra cabeza no serán aquellas que nos limitamos a escanear con la mirada en una pantalla fría, sino aquellas que fuimos capaces de experimentar y sentir en nuestra propia piel.






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