ENTREVISTA | Vivimos rodeados de titulares, vídeos, mensajes y publicaciones que circulan a una velocidad abrumadora. La inmediatez ha desplazado, en muchos casos, a la veracidad. En este contexto de ruido informativo, el papel del periodista como filtro confiable se vuelve más importante que nunca. Aquí entra en juego la curación de contenidos, una estrategia que permite seleccionar, verificar y contextualizar la información de calidad en medio del caos digital.
Pero, ¿qué diferencia hay entre curar y simplemente compartir? ¿Qué herramientas necesita un periodista para ejercer esta función? ¿Cómo puede la curación contribuir a combatir la desinformación? David García Marín, doctor en sociología por la UNED, experto en desinformación, pódcast y comunicación digital y miembro del Grupo de Expertos del Departamento de Seguridad Nacional de España, nos responde a estas dudas desde su labor de docente en la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.
¿Cuál es el papel de la curación de contenidos?
La curación de contenidos va mucho más allá de simplemente reunir enlaces o noticias de diferentes fuentes. Se trata de un proceso complejo y cuidadoso que requiere un enfoque crítico y analítico. El curador de contenidos no solo selecciona la información más relevante, sino que también evalúa su veracidad, su pertinencia y su calidad, descartando aquello que puede ser falso, irrelevante o redundante.
El objetivo último de este trabajo es facilitar una versión más clara, completa y rigurosa de los hechos, que permita al público formarse opiniones fundamentales y tomar decisiones informadas. En un entorno saturado de información y ruido mediático, la curación se convierte así en una herramienta esencial para proteger a la audiencia del exceso de datos y de la desinformación, elevando la calidad del consumo informativo y fortaleciendo la confianza en el periodismo.
Curar contra la desinformación
La saturación de contenido engañoso convierte a la curación en una herramienta fundamental para combatir las fake news. Más que limitarse a seleccionar información, el periodista curador se encarga de evaluar la fiabilidad de las fuentes, contrastar distintas versiones y construir una visión más crítica y completa.
F.: ¿De qué manera ayuda la curación de contenidos a combatir la desinformación?
R.: Bueno, en ese proceso de selección de fuentes confiables, de verificación de datos y de contextualización, los curadores filtran lo falso, lo eliminan y destacan lo relevante. Se trata de ayudar a la audiencia a tomar decisiones mucho más informadas.
El reto de la infoxicación
Uno de los principales desafíos para los periodistas, y también para los ciudadanos, es la llamada infoxicación: la sobrecarga de datos, noticias y opiniones que nos impide distinguir lo importante de lo irrelevante. En este escenario, la curación de contenidos actúa como un faro que guía entre tanta información dispersa, ayudando a filtrar lo esencial y a ofrecer claridad en medio del ruido.
En un contexto saturado de estímulos y mensajes constantes, los periodistas se ven obligados a verificar datos en tiempo real, combatir la desinformación y, a la vez, preservar la confianza del público. Como señala David, esta presión por ser los primeros en publicar puede llegar a comprometer la calidad de la información. Por eso, defiende la necesidad de apostar por el slow journalism, un periodismo cocinado a fuego lento, que no aspire a ser el más rápido. Sino el más preciso y útil para la ciudadanía.
Desde su perspectiva, más que nunca, el rigor, la ética y el pensamiento crítico deben ser pilares fundamentales para garantizar un periodismo responsable y veraz. En ese sentido, la curación de contenidos se convierte en una práctica indispensable: no solo mejora la calidad del mensaje, sino que también ayuda a jerarquizar lo relevante y a contrarrestar la desinformación.
Formación universitaria: aprender a curar
Los contenidos engañosos y la desinformación se propagan con facilidad, la curación informativa funciona como un verdadero antídoto contra las fake news. El periodista que asume este rol no se limita a recopilar información: analiza la fiabilidad de las fuentes, contrasta versiones y construye una narrativa más crítica, precisa y contextualizada para el lector.
En ese sentido, la figura del curador exige competencias específicas que van más allá de las tradicionales.
Redes sociales: ¿Fuente o riesgo?
Las redes sociales han ampliado el acceso a la información como nunca antes, permitiendo a millones de personas compartir y consumir contenidos en tiempo real. Sin embargo, esta apertura también ha convertido a estas plataformas en un terreno fértil para la desinformación. La lógica de la viralidad, sumada a la ausencia de filtros editoriales y al predominio de lo emocional sobre lo verificado, favorece la rápida circulación de noticias falsas y datos manipulados.
En este contexto, el periodista curador debe ir más allá de la simple selección de contenidos: necesita desarrollar un criterio sólido para distinguir entre la información valiosa y la potencialmente dañina. Solo así podrá ofrecer una curación que no solo informa, sino que también forme y proteja frente a la desinformación.
Curar es pensar, no solo informar
La curación de contenidos trasciende la moda o una mera técnica digital. Representa una verdadera responsabilidad ética y profesional del periodismo. Implica filtrar el ruido, enfrentar la desinformación y contribuir a la formación de lectores críticos y conscientes. En medio de una crisis informativa, el periodista curador se erige como un mediador esencial, capaz de transformar datos dispersos en sentido claro y confiable para la audiencia.







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