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El pueblo como antídoto contra las fake news

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1.130 palabras
5–7 minutos

OPINIÓN | El periodismo ciudadano o periodismo 3.0 se mantiene como una nueva vertiente de democratización. Ahora son los lectores, que desde sus propias herramientas, generan un diálogo provechoso y beneficioso para nosotros, los periodistas. Son diversas las tareas que el ciudadano puede ejecutar dentro del periodismo 

¿Qué oportunidades trae este nuevo género del periodismo?

El libro We Media: how audiences are shaping the future of news and information define el periodismo ciudadano como el “acto en el que desempeña un papel activo […] con la intención de suministrar la información independiente, fiable, exacta, de amplio rango y relevante que una democracia requiere”. Paula Gonzalo, escritora y directora de Periodismo Ciudadano, declara que “esta vertiente sirve para visibilizar violaciones de los derechos humanos que hasta entonces habían permanecido silenciadas” y que sirve de “herramienta de vigilancia gubernamental”. En gobiernos dictatoriales o en países en estado de guerra, donde el respeto cívico y humano no está garantizado, es necesaria la intervención de la ciudadanía.

La opinión pública revisa blogs o redes sociales con de noticias falsas y sensacionalistas. Pero estos portales son cauces donde la audiencia, que había sido pasiva, puede formar parte del flujo periodístico. Bien es el caso de Wikipedia, donde muchos de los ciudadanos comparten información, con la posibilidad de editar otros y fomentar entornos académicos, imprescindibles en la época actual.

Asimismo, los ciudadanos pueden usar diversas fuentes de información. Por ejemplo, el Instituto de Centros Estratégicos o la Organización Internacional para las Migraciones, que recoge decenas de reportajes, guías e informes con datos meritorios.

¿Cómo empezó?

Según Periodismo Ciudadano: Evolución Positiva de la Comunicación, fue en 1999 cuando la red global Independent Media Center introdujo por primera vez la participación de sus lectores. En el caso de España, surge el 11 de marzo de 2004, tras los atentados islámicos de la estación de Atocha (Madrid), muchos de los españoles vía SMS denunciaron la gestión informativa del gobierno de María José Aznar. Dichas protestas fueron clave para los resultados electorales. La ciudadanía española empezó a ser consciente del fortísimo altavoz que tenían en sus manos, y el cambio que podrían producir.

Este periodismo participativo, que no pretende desbancar al tradicional – comunica Gonzalo –, busca el cambio y velar por sus intereses democráticos, como ya pasó en los inicios de la edad moderna. Además, muchos de los temas de este entorno son de interés público y busca informar de una manera, que el resto de lectores pueda sentirse identificado.

Este creciente avance ha conseguido que muchos medios recojan esta iniciativa. Entre otros, Global Voices o BBC ofrecen cursos a los ciudadanos sobre cómo recoger testimonios de forma ética, verificar la información y formar tu propio medio. Una medida sumamente importante, pues demuestra que hasta los medios generalistas buscan avanzar junto al ciudadano.

¿Qué aporta?

Otras de las utilidades, debido a la colaboración digital, es el periodismo ubicuo. Una participación complementaria, que incluso los medios convencionales usan, cuando el periodista no puede encontrarse en el lugar de los hechos. “Es un fenómeno para visibilizar situaciones extremas, grabar aquello que está sucediendo. Lo hace como último recurso porque ya no sabe qué más hacer”, manifiesta la directora de Periodismo Ciudadano.

En la actualidad, encontramos ejemplos en varios vídeos de la Dana por los vecinos de Valencia o el mediático caso de George Floyd, que desencadenó en el movimiento Black Lives Matter. Muchos de los periodistas no habrían podido avanzar con sus investigaciones sin la intervención del periodismo ubicuo.

Pero, ¿qué más puede hacer el ciudadano con el periodismo?

Una de las mayores amenazas que presenta el periodismo actual son las fake news y la información falsa. Noticias, últimamente crecientes en la política estadounidense, cuando se acerca un proceso electoral que buscan manipular la opinión pública. Tal es la gravedad, que la propia Comisión Europea creó en 2018 un grupo de 39 expertos que velarán por la verificación. Muchas de estas erróneas informaciones están disfrazadas con exageraciones o títulos clickbait que buscan un beneficio propio. Una tendencia nada favorable y muy peligrosa para la democracia. 

La falta de rigurosidad, las escasas reflexiones en cuestiones éticas, la excesiva demanda de lo inmediato es lo que fomenta a publicar bulos y la anti democratización. La verificación, afirma la periodista, es “un pilar de toda la información en sí”.

Así pues, la figura del fact-checker o verificador es cada vez más común y necesaria, pues intenta combatir la realidad. Iniciativas como EFEVerifica de Desiréé García, Maldita de Clara Jiménez y Julio Montes, Newtral de Ana Pastor son los medios más conocidos en este ámbito.

Y a pesar de ello, ¿puede el ciudadano subirse al barco de la verificación?

Actualmente, no existe un medio exclusivo por ciudadanos que cumplan la función de fact checkers, pero eso no indica que, no ayuden a los verificadores a fomentar la credibilidad. Porque el objetivo del periodismo ciudadano es mejorarlo y no debilitarlo. Por tanto, la mejor forma en la que puede contribuir es fomentando la veracidad y combatiendo las fake news de la mano de los fact checkers, ya sea, desde el lugar de los hechos o investigando desde instituciones y organizaciones que brindan información especializada. No obstante, es importante la creación de un medio ciudadano que sirva de herramienta en la verificación. Sobre todo, con magnates como Elon Musk, que buscan su bien propio y se abanderan de ser la voz del pueblo.

Según Pedro García-Alonso Montoya (2006), el público es adulto, mucho más que “nosotros” (los periodistas). Y que no se trata de informar al lector de manera magistral algo que no sabe, o controla, sino de abrir un “cauce directo para que intervenga”. Las declaraciones, avances o contenido grabado puede conseguir que el periodismo sea de calidad. Es momento de suprimir la relación vertical entre periodista y ciudadano y abrir una senda que colabore y fomente los derechos humanos.

¿Qué necesita el periodismo en el S.XXI?

En esta sociedad con excesiva información, en la que la velocidad de los datos muchas veces supera la veracidad, es urgente recuperar la esencia de la esfera pública como espacio común para el diálogo y el pensamiento crítico. Al igual que en los coffee houses del siglo XVIII, hoy el ciudadano tiene en sus manos herramientas que pueden y deben contribuir activamente a la creación de un periodismo ético, actualizado y democrático.

No podemos permitir que la información sea monopolizada por magnates o corrompida por intereses políticos y capitalistas. El periodismo ciudadano no es una moda, sino una necesidad histórica desde La Revolución Francesa. Por ello, el compromiso del ciudadano con la verificación, la denuncia y la participación activa en el relato periodístico es más importante que nunca. Solo así podremos sostener un ecosistema informativo y democrático.

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