OPINIÓN | En pleno siglo XXI el ámbito de la información y de la comunicación se ha visto arrasado por la influencia de las nuevas tecnologías. Desde este punto, la sociedad ha encontrado una oportunidad de participación activa dentro de la comunicación social sin necesidad de ejecutar el papel de profesional periodístico para poder informar.
Internet es la herramienta principal con la que se consigue que esta nueva forma de comunicación se potencie. Así, se construye como el principal elemento de interacción de este nuevo modelo periodístico conocido como el periodismo ciudadano o de calle.
Los ciudadanos configuran una nueva identidad digital mediante los dispositivos móviles, convirtiéndose en grandes canales de distribución de información instantánea.
Adaptación de medios
Los grandes medios de comunicación no han tenido más remedio que tratar de adaptarse a la búsqueda de nuevas formas para obtener contenido. Pese a ello, la existencia de otras alternativas más eficaces junto a nuevas narrativas han producido la complejidad de esta incorporación del periodismo ciudadano.
En España un ejemplo de ello fue la iniciativa de El País con la creación de «Yo, periodista«, un proyecto destinado al periodismo ciudadano lanzado en 2007 e inhabilitado en 2010 por motivos jurídicos.
El anuncio contemplaba el lanzamiento de una sección de su web dedicada a la participación ciudadana en la producción de noticias, pero siempre dejando claro la necesaria forma en la cual debían estar redactadas las noticias y los requisitos éticos que debían seguir para poder ser publicadas.
No es para opinar; es para dar información. Ésta es una oportunidad para que los ciudadanos se sientan informadores, y ejerzan de ello
El País
Otro caso específico es el del periódico The Guardian, el cual en 2013 configuró un apartado dentro de su formato digital destinado al periodismo ciudadano. Se trata de una plataforma titulada “GuardianWitness” cuyo objetivo es establecer entre los lectores diversas formas de interacción, tanto con los profesionales de la información y los medios de comunicación como también entre ellos.
El desempeño de esta novedosa plataforma digital complementado con el uso de redes sociales permitía contar y capturar historias valiéndose de ordenadores y dispositivos móviles. Todo ello, a partir del envío de imágenes, videos y texto a los periodistas directamente.
Sin embargo, en 2018 el periódico confirmó la retirada de este nuevo espacio de forma oficial. La principal causa del «fracaso» de este proyecto fue el amplio abanico de campos de comunicación digital al alcance de la sociedad.
Dada la cantidad de otras formas que los lectores encuentran para compartir historias con nosotros, tanto en nuestro sitio como a través de las redes sociales, hemos tomado la decisión de cerrar la plataforma.
The Guardian
Aplicación en redes
La pregunta clave a partir de este intento fallido en la incorporación de medios es ¿Cómo se ha impulsado este periodismo participativo? La repuesta se encuentra en el auge de las redes sociales.
De esta forma, Twitter, Facebook y Youtube se convierten en las herramientas informativas esenciales en la interacción entre usuarios. Así, nos lo demuestran las estadísticas de redes sociales de 2021, en donde el 40% de la población total hacemos uso de ellas en una media de tres horas al día.
La diferencia encontrada en estas principales redes se haya en su uso y en el estilo de comunicación que se quiera dar, siendo Twitter la preferida por los profesionales de la actividad periodística y Facebook y Youtube las que se inclinan dentro del contexto social y participativo de los ciudadanos.
De acuerdo con que las redes sociales han impulsado a la sociedad a formar parte de este circulo participativo, pero ¿es todo periodismo? Fausto Segovia, colaborador en la editorial de El Telégrafo lo argumenta en su artículo «Las redes sociales: ¿pseudo periodismo?»
Las redes sociales no son periodismo o son pseudo periodismo, salvo excepciones como el periodismo ciudadano instalado en la verdad, la responsabilidad, la solidaridad y la ética
Fausto Segovia Baus | El Telégrafo
A estos avances novedosos de la tecnología se suma también la falta de confianza que se ha ido creando en los medios tradicionales, como consecuencia, la sociedad encuentra este nuevo método de comunicación más instantáneo y accesible.
Nuevos métodos
De esta propagación surgen proyectos y cuentas en las redes sociales que se destinan exclusivamente al periodismo ciudadano. En ellas es el público quien adquiere el papel principal y se distribuye información considerada útil para la comunidad a la que se dirigen. Es decir, el contenido es creado por y para nosotros.
Es el caso de Periodismo Ciudadano, una página web fundada por Óscar Espiritusanto, quien en una entrevista para Youtube lo define como “un observatorio sobre el periodismo ciudadano, la participación y los nuevos medios comunicativos que se pueden crear, tanto para periodistas como para ciudadanos que quieren contar”.
Este proyecto surge con la iniciativa de colaborar con la difusión de este fenómeno periodístico y a la vez con la intención de verificar. De esta forma, realiza una revisión a los contenidos que circulan en las redes sociales por otros usuarios u otros medios de comunicación.
En su expansión, profundiza y se expande hacia las redes sociales más notorias, Twitter y Facebook, con contenido creado directamente por sus consumidores. El objetivo de todas ellas se centra en “el activismo y libertad de expresión para la defensa de los Derechos Humanos”.
La participación activa en este tipo de plataformas digitales permite la difusión de información y hechos antes que los propios medios de comunicación.
Periodismo ciudadano, ¿persistente?
Con todo ello se pone en evidencia que el periodismo ciudadano es un nuevo formato que llega para quedarse, avanzar y evolucionar en nuestro ámbito periodístico digital.
Sin embargo, no todo es válido en este proceso y es necesario garantizar las buenas prácticas periodísticas. Se debe evitar que del propio desconocimiento ciudadano surjan perjuicios que dentro de este circulo comunicativo afectarían a ellos mismos.
De este modelo puedo sacar dos cosas en claro, que la conformidad es el objetivo contrario de lo que espera conseguir y que la manera en la que perdure será todo una incógnita de la que en un futuro no muy lejano podremos sacar conclusiones de su efectividad como promotor de la participación activa, o no.







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