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Pablo Sanguinetti sobre la Inteligencia Artificial: «Es también una herramienta de desinformación»

Avatar de Lucía Collado Castuera
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7–10 minutos

ENTREVISTA | La Inteligencia Artificial (IA) existe desde hace más años de los que creemos. En 1943, Warren y Pitts, dos científicos e investigadores, ya hablaban de esta tecnología como una “red neuronal”. Ahora está presente desde en una simple búsqueda en Google hasta en una de sus máximas expresiones de uso común, ChatGPT. A través de una combinación de algoritmos, con un funcionamiento complejo, tiene la intención de tener cada vez capacidades más similares a las de un ser humano.

En el panorama periodístico actual la digitalización puso en el primer escalafón la cantidad e inmediatez de contenido sobre la calidad. Parece que la IA esté amenazando la profesión y algunos puestos de trabajo. Cientos de titulares abundan la red preguntándose si esto es de verdad el fin del periodismo o si solo es una ayuda que beneficiará para liberar de trabajo y poder dedicar más tiempo al cuidado de las redacciones.

El periodista, escritor e investigador, Pablo Sanguinetti, nos ha permitido conocer su punto de vista como docente en el máster de La Voz de Galicia sobre Inteligencia Artificial en comunicación en la Universidad de A Coruña.  Su labor, además, en Google News Lab y la publicación de Tecnohumanismo hace unos meses, un libro sobre la aplicación de IA a las narrativas, permiten dar una visión global sobre la aplicación en el sector. Puede ser usada para generar productos, pero también, con un mal uso desembocar en desinformación.

Pregunta: ¿Cómo es la Inteligencia Artificial aplicada en comunicación?

Respuesta: Es muy importante hacer esta matización, que no todo el mundo hace. Hablamos de IA de forma muy general y es un conjunto de tecnologías y técnicas que desde los años 40 o 50, cuando aparece el término, ha tenido un montón de versiones diferentes. Una de las cosas que se puede hacer para mejorar el discurso es definir a que nos referimos. Cuando hablamos de ella, con todo el ‘boom’, nos referimos a un tipo en concreto, dentro de las muchas técnicas que hay. Es el aprendizaje automático o ‘machine learning’, dentro de este tipo, nos referimos a una más concreta, que es el aprendizaje profundo o ‘deep learning’. Esta técnica lo que hace es encontrar patrones en una gran cantidad de datos y usarlos para interpretar o generar nuevos, que es lo que hacen herramientas como ChatGPT o los grandes modelos de lenguaje.

P: ¿Cómo puede ser trasladada para que sea realmente útil en la profesión periodística?

R: En este momento, no sabemos dentro de 5 o 6 años, la IA sigue siendo una herramienta, como tal, puede enriquecer cualquier fase de un proceso periodístico normal: desde descubrir noticias o información relevante hasta el momento de procesar, redactar o presentar y distribuirla. En todas estas fases puede cumplir funciones muy interesantes, enriqueciendo el producto final, aportar valor. Es importante tener siempre presente que esta tecnología tiene límites aún, que son los que aporta un periodista a su trabajo, lo que le define. Me refiero al olfato, aquello que encuentra por sus conocimientos, picardía, por ser periodista, de ver el contexto, la empatía, de entender quiénes son tus lectores, que intereses tienen… Son valores claves para el periodista y que una máquina, por el momento, y creo que, por bastante tiempo, no puede suplir.

P: ¿Es posible usar la Inteligencia artificial para verificar contenido?

R: Posee algoritmos para identificar a través del lenguaje, vocabulario e imágenes patrones que distinguen algo veraz de falso, pero es también una herramienta de desinformación. A nivel textual es un problema, su generación de Deep fakes es otra forma de impacto. Aunque te estén colando una imagen, como la detención de Donald Trump, y no te lo creas, el problema es que no seamos capaz de creer en nada. Lo que veamos, ya no lo tomaremos como algo irrefutable como hasta ahora. La desinformación es uno de los mayores temas éticos a tratar sobre esto.

P: Respecto al periodismo de datos, al tratarse de cifras y el manejo de estas, ¿tiene la IA mayor capacidad y rigurosidad para prestarse a su tratamiento que un humano?

R: No es que pueda hacer un mejor trabajo, es que puede hacer muchas cosas. Al igual que una hoja de cálculo en Excel, que hace un mejor trabajo que el ser humano, pero no hace periodismo. El ser humano lo mismo. Puede hacer cosas interesantísimas con datos, pero no desde ahora, desde hace años. Cuando empecé a interesarme por IA y trabajaba con esto, me interesé mucho por la rama del procesamiento del lenguaje natural. Es la rama que ha explotado con ChatGpt, y ya entonces hacía trabajos brutales de procesamiento de lenguaje a nivel análisis, no tanto generativo. Ahora puede seguir siendo así; cosas masivas que no están al alcance del ser humano.

P: En su artículo Inteligencia artificial en periodismo: oportunidades, riesgos, incógnitas menciona el término “granjas de contenido” para atraer público y obtener dinero de la publicidad, ¿no es eso positivo si el contenido no es engañoso?

En la primera mitad de año se crearon medios falsos que simplemente usaban modelos generativos para crear contenido de forma automatizada. No es que estuvieran llevan contenido a un medio, sino que atraían clics con noticias robadas de otro medio y reescritas por un modelo generativo. Es un desastre, algo inmoral. La forma de ampliar esto a una versión positiva existe desde hace tiempo.

Associated Press empezó a hacer esto hace 8 o 10 años, con plantillas de texto, que, para determinados temas, muy intensivos en datos, relacionados por ejemplo con empresas o resultados deportivos. Generaron plantillas de texto, donde los datos se colocaban automáticamente. Esto se hace desde hace mucho tiempo y requiere de supervisión humana. Se usa para liberar gente y para generar tráfico y ofrecer mas contenido del que se debería. Me parece una práctica legítima, legal y que tiene sentido, pero no tiene que ver con los modelos generativos actuales. Sería incorrecto y daría lugar a errores hacerlo con estos modelos tipo ChatGPT o modelos más avanzados.

P: ¿Cuáles son los límites para usar la IA en la actualización de contenido?

R: Hay que entender que puede hacer y que no. La estamos usando de mil maneras en la profesión porque está en todas partes. En una simple búsqueda de Google la estamos empleando, en una videollamada es usada para filtros de voz, claridad, usar pantalla verde… Estamos usándola todo el tiempo. El problema está en hacerlo mal y esto significa entender mal sus capacidades. Por ejemplo, usas ChatGpt, que escribe mejor que muchas personas, entonces voy a darle datos para que  escriba sobre deportes para tener un montón un de contenido. Es posible pero incorrecto, porque por su funcionamiento y objetivos con los que está hecho, no sirve para manejar información. Ha habido medios que lo han hecho este año y han dado un tortazo por la incorrección de su contenido. El límite está en entenderla y no usarla para cosas para las que no está preparada.

Todo proceso que implique IA en un medio debe estar acompañado por una reflexión y un marco que acoja bien ese proceso. Hay que tomar decisiones sobre si por ejemplo la audiencia va a ser informada de que esa pieza ha sido elaborada con IA, hay que decidir sobre si un ser humano va a supervisar el resultado, los datos que usamos, de donde vienen… Hay que definir muchos aspectos que implican seres humanos.

P: ¿Cómo es manejada la propiedad intelectual del contenido que produce la IA?

R: Este es otro de los grandes problemas, De los más vinculados con el periodismo, siendo los otros dos la desinformación y desempleo, la sustitución de la mano de obra. El asunto de la propiedad intelectual es algo muy complejo, en diferentes niveles. En este momento, estos modelos grandes de lenguaje se han entrenado con la totalidad de Internet, por lo cual, todo lo escrito en medios ha ido a parar ahí. Hay medios que han recurrido esto a la justicia y han logrado frenar que el algoritmo se alimente de sus productos, un caso es The New York Times. De pronto aparece una tecnología muy pudorosa que cambia todo. Ante esto, las normas que tenemos, sistemas regulatorios y las prácticas profesionales, no están preparadas para la nueva realidad. Hay que hacer todo un proceso de ir ajustando todo lo que teníamos, porque no sirve.

P: ¿Hay regulación hoy en día o se está gestando sobre su uso?

R: Hay generales, por ejemplo, Reporteros Sin Fronteras acaba de publicar uno. Muchos medios han hecho esta reflexión y han elaborado sus normativas internas, como BBC, DPA, AP…

A nivel nacional hay legislación sobre IA, por ejemplo, desde la Unión Europea se trabaja en esto actualmente, pero no específicamente para periodismo, porque cada medio o el sector, genera sus propias normas.

Imágenes elaboradas con Inteligencia Artificial | Bing

P: Suele dramatizarse con que la IA es el fin del periodismo ¿es esta afirmación cierta?

R: No. Es muy difícil reemplazar algunas características de los seres humanos. Para nosotros son tan obvias, que ni siquiera las vemos. Desde los principios de las tecnologías, las tareas que para nosotros son sencillas, para una máquina son las más complicadas. Es natural que tendamos a decir que la situación nos puede pasar por encima, pero no vemos las cosas complejísimas que hacemos. Cuando un periodista está en una sala de prensa y ve a dos personas hablando, detecta los gestos, dice este es el que estaba en no sé dónde, va, habla, sabe a quien preguntar… Ese trabajo es de una ‘máquina’ de una complejidad infinita, siendo por tanto complicado que se puede automatizar.

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