REPORTAJE | Los gráficos sacados de contexto, porcentajes sin explicación y estadísticas mal interpretadas circulan cada día por las redes sociales. En un entorno donde los números generan confianza, aprender a analizarlos de forma crítica se ha convertido en una herramienta fundamental para combatir la desinformación.
Un vídeo de apenas unos 30 segundos aparece en plataformas como TikTok. En él se muestra un gráfico que aparece junto con una cifra impactante que, sin apenas dar contexto, se comparte con miles de usuarios en cuestión de horas. La mayoría de las personas no acceden a una fuente oficial a verificar el contenido ni revisan cómo se han obtenido esos datos.

Este tipo de contenido es habitual en plataformas como TikTok o X, donde la información circula a gran velocidad y los formatos breves favorecen al consumo rápido al que se están acostumbrando la mayoría de los jóvenes, ya que estos contenidos suelen consumirse sin apenas tiempo para la reflexión o la verificación. En este entorno, los datos no se presentan de forma completa y esto puede generar interpretaciones erróneas.
Aprender a consumir información
Este tipo de situaciones genera un problema más amplio relacionado con la forma en la que los usuarios consumen información en entornos digitales. La alfabetización mediática e informacional (AMI), promovida por la UNESCO, engloba las competencias necesarias para acceder, analizar, evaluar y utilizar la información de forma crítica y responsable. No se trata de estar informados, sino de comprender cómo se produce, difunde y consume la información.
La UNESCO identifica varias competencias fundamentales para desenvolverse en el entorno digital. Entre ellas destacan el pensamiento crítico, entendido como la capacidad de cuestionar y analizar la información recibida; la verificación de los contenidos mediante el contraste de fuentes; y el uso responsable de tecnologías como la inteligencia artificial, cuyos resultados también pueden contener errores o sesgos.
Este fenómeno se agrava en contextos donde la alfabetización mediática es limitada, ya que los usuarios tienden a consumir y compartir contenido sin analizar su origen.
Para comprender mejor este fenómeno, se entrevistó a Carmen Pérez, profesional formada en Estadística y actualmente vinculada al ámbito de la comunicación corporativa en una entidad bancaria. Su experiencia permite analizar cómo se interpretan los datos y de qué manera pueden presentarse de forma engañosa cuando se difunden sin el contexto adecuado.
Los sesgos que condicionan nuestra interpretación
La difusión de datos falsos no depende solo de cómo se presentan las estadísticas, sino también, influye la forma en la que las personas procesan la información. Los expertos en comunicación y psicología destacan que los humanos tienden a aceptar con mayor facilidad aquellos datos que corresponden con sus creencias previas.
Este fenómeno es lo que se conoce como sesgo de confirmación y explica por qué hay publicaciones que se vuelven virales con tanta rapidez. Cuando aparece una información donde una cifra respalda una opinión ya existente, muchas personas la comparten, simplemente por el hecho de que opinan igual que ellos, sin ni siquiera, cuestionar cuál es el origen de la noticia o si esa información es viable.
A esto también se le suma el razonamiento motivado, consiste en un proceso por el cual, los usuarios buscan argumentos que refuercen sus ideas mientras están rechazando información que las contradice. En las redes sociales, los algoritmos muestran contenidos afines a los intereses de cada usuario, estos sesgos pueden intensificarse y favorecer a la difusión de los bulos.
La percepción de la desinformación también está presente entre los propios usuarios de redes sociales. Laura Oliver, estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, afirma que plataformas como TikTok e Instagram se han convertido en una de las principales vías de acceso a la información para muchos jóvenes. Sin embargo, reconoce que la presencia de noticias falsas es frecuente y que, en ocasiones, resulta difícil distinguir entre contenidos verificados y desinformación.
Cómo se manipulan las estadísticas
Cuando se habla de manipulación de datos no siempre implica inventar cifras desde cero. Con frecuencia, el engaño reside en alterar el proceso de recolección o el análisis para favorecer una narrativa específica.
Entre las técnicas más habituales se encuentra el sesgo en la recolección de datos, que consiste en seleccionar únicamente aquellas cifras que favorecen una determinada conclusión. También es frecuente la manipulación de métricas o la alteración visual de gráficos mediante escalas que exageran diferencias mínimas.
La BBC detalla algunos casos que han sido históricos sobre errores estadísticos que son comunes. Uno de los más conocidos ocurrió en junio de 2020. La revista Forbes publicó las sorprendentes conclusiones de un estudio según el cual decía que los hombres calvos tenían más posibilidades de sufrir covid-19. Poco después, la revista se vio obligada a rectificar: el análisis estadístico no había tenido en cuenta la edad de los participantes, que era el verdadero factor de riesgo.

“Los números no son completamente neutrales: la forma en la que se recopilan, analizan y presentan puede cambiar completamente la interpretación de los resultados.”
Carmen Pérez, profesional formada en Estadística.
Herramientas para combatir la desinformación
Frente a este ecosistema de datos descontextualizados, existen medios dedicados exclusivamente a identificar bulos, como es en Maldita.es y Newtral en España. Sus herramientas principales consisten en buscadores de bulos y canales de WhatsApp automatizados a los que cualquier persona puede enviar un texto o imagen sospechosa para que sus sistemas indiquen si el contenido ya ha sido verificado.

Newtral mantiene un enfoque muy activo contra la desinformación, especialmente en formatos multimedia. Su participación en el informe SIMODS (Social Media Observational Study), organizado por la organización de fact-checking Science Feedback, junto con más organizaciones europeas, arrojó datos alarmantes sobre el ecosistema digital actual.
El estudio analiza la prevalencia de contenido engañosos en publicaciones sobre temas críticos y sensibles como son la salud o ciencia. Los resultados sitúan a TikTok como la aplicación donde más se difunde desinformación, con alrededor de un 20% de las publicaciones analizadas contenidos datos falsos o engañosos. A esta plataforma le siguen Facebook, con un 13%, e Instagram y YouTube, ambas con un 8% de incidencia en la muestra estudiada.
Estas cifras muestran cómo la inmediatez digital favorece la difusión de información falsa y refuerzan la importancia del pensamiento crítico.
La tecnología ha facilitado el acceso a herramientas de verificación, pero la responsabilidad de contrastar la información sigue recayendo en los usuarios y en los profesionales de la información. Para profundizar en esta cuestión, se entrevistó a Jesús Pintos, graduado en Periodismo y trabajador en una biblioteca pública en Fuenlabrada, quien reflexiona sobre la importancia de verificar las fuentes en el entorno digital.
Más allá de los números
Los datos forman parte de la vida cotidiana y ayudan a explicar el mundo que nos rodea. Sin embargo, detrás de cada estadística, porcentaje o gráfico existe una metodología, un contexto y una interpretación que no siempre son visibles a simple vista. En un escenario actual marcado por la digitalización donde la inmediatez y la viralidad son el mayor protagonista. Detenerse a comprobar una cifra puede marcar la diferencia entre estar informado o contribuir a la difusión de información engañosa, un fenómeno estrechamente relacionado con la manipulación de datos en redes sociales y la importancia de la alfabetización mediática.






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