OPINIÓN | Eliges una. Una noticia reenviada a través de las redes sociales cientos o miles de veces. Y haces clic.
Quizá un tweet compartido por gente que conoces, mucho o poco, personas a las que sigues. Pulsas y despliegas el hilo.
En ocasiones es una conversación en uno de esos grupos a los que parece casi imposible escapar hoy en día. Te pones a leer esa cifra ingente de mensajes atrasados hasta llegar a la información de partida. Abres el enlace.
Puede que sea una imagen a la que acompañan una o dos frases. O un vídeo.
Porque como razona la podcaster de 42 años Verónica González: “Se comunica mucho fuera de los medios de comunicación. Se envían muchos mensajes de WhatsApp, muchos montajes, muchos vídeos en diferentes plataformas, en Tik Tok, en Instagram. Y se comparten sin comprobar de ninguna forma. Entonces, al final, la investigación periodística queda en nada si la gente, generalmente, hace caso a ese tipo de mensajes.”
Más de uno achaca esa bola de comentarios que enciende la mecha de las polémicas a las nuevas tecnologías, es fácil caer en la tentación, es el denominado determinismo tecnológico. Si te paras a pensar, antes tampoco nos hacía falta el vínculo de estas redes sociales. Bastaba con las otras, las de toda la vida, para comentar sin pudor con cualquiera esa noticia que alguien contaba y cuya veracidad nadie se había molestado en confirmar.
Es cierto, sin embargo, que muchas cosas han cambiado y abstraerse en este mundo donde todo se amplifica a través de la red de redes requiere un ejercicio de consciencia, algo nada fácil en esta época de infoxicación y constante actualización que nos brinda la velocidad de esa autopista que es la World Wide Web.
Casi todo el mundo ha escuchado, en este contexto, las palabras bulo y desinformación, quizás no tanto fact-checking o verificación. A mí esta última me parece más clara y rotunda, la palabra precisa, sin duda por estar interiorizada como parte de mi idioma nativo. Una ventaja para intuir su significado si compartes esta lengua materna. “Por la denominación me puedo hacer una idea, pero realmente no tengo claro lo que es, con seguridad.” Antonio Prados, 44 años, informático.
Para aquellos que tienen una relación directa con los medios de comunicación, ya sean estudiantes o profesionales de la información, el concepto está claro. “La verificación periodística es la acción de constatar que una noticia sea real y el verificador de prensa la persona que se encarga de ello”, define Javier Moreno, estudiante de periodismo.
Alberto Corroto, periodista de 32 años, va un poco más allá: “Verificación siempre ha existido en el periodismo, siempre se ha llamado contrastar (…) Y hoy en día gana peso ese papel del verificador, ese famoso check que se pone a la información, en un mundo en el que todo el mundo tiene acceso a la información, a ser informador y a ser informado.”
Quienes pueden aportar una visión más directa son quienes se dedican profesionalmente a la verificación, es el caso de Newtral o Maldita.es. “Creemos que el fact-checking y la labor que realizamos los verificadores se ha ido conociendo cada vez más en los últimos años, probablemente con especial énfasis a raíz de la pandemia. Lo mismo ocurre con la propia conciencia en la sociedad de que algunos de los contenidos que circulan por la red son falsos, y que conviene cuestionar y verificar antes de compartir”, dice Itziar Bernaola, directora de Newtral Educación. “Sin embargo, efectivamente, todavía falta mucho trabajo por hacer para que tenga más difusión entre el gran público”, añade Bernaola.
Y en ello están, cuenta el periodista Rubén Díaz Grano de Oro, que lleva tres años formando del equipo de Maldito Dato como verificador: “Nosotros lo que hacemos también es intentar potenciar, fomentar el pensamiento crítico. La desinformación ya no es lo que se llamaba antes un fake news, una noticia en un medio de comunicación y que fuera mentira. Ahora mismo está en cualquier formato, puede ser una cadena de WhatsApp, puede ser un audio, puede ser una imagen sacada de contexto… Y lo que es muy importante es la alfabetización mediática para aprender a identificar fuentes fiables y sobre todo para desconfiar (…) Hay que dudar siempre, sobre todo cuando no sabes de dónde te está llegando una información, de dónde te está llegando un audio.”
En este escenario resulta más necesaria que nunca la verificación, no parece cuestionable, aunque intereses aquí y allá abran la puerta a la duda y siembren la desconfianza. Al contrario, la figura del verificador debería ser parte de todas las redacciones de noticias, porque con la constante actualización de contenidos y la presión por publicar antes resulta menos tupido el tamiz que analiza ese caudal de información.
Mi duda en este punto es si una vez que unas declaraciones, mensaje o noticia se ha propagado, incluso viralizado, ¿Tiene la demostración de que es falso igual repercusión? O, planteado de otra manera, ¿Se pierde el trabajo de los verificadores entre el ruido mediático que levanta una polémica?
Esa percepción tienen algunos periodistas :
“Por supuesto que se pierde. Recibimos tanta cantidad de información que apenas tenemos tiempo para asimilarla y profundizar en ella”, afirma Jenifer Acevedo, 35 años, periodista y técnica de imagen y sonido.
“El papel del verificador es un papel que se está perdiendo devorado por esa batalla tan atroz que hay por la inmediatez, por ser el primero. Prima más ser el primero, el tener más espectadores, más clics, el número ese, que el famoso check, que la información veraz”, apunta el periodista Alberto Corroto.
Y también se puede escuchar entre quienes se preparan para ejercer este trabajo, como Javier.
“En mi opinión, sí pienso que el trabajo del verificador sí se pierde cuando hay una polémica, porque la propia polémica lo consume todo”.
Y de esta forma sencilla se expresa una realidad que en la actualidad tiene una relación directa con la forma de transmisión de la información que, en las redes sociales, se difunde a un ritmo exponencial. Claro está que la fórmula podría ser igual de válida para un desmentido y no es así.
«Muchas veces la mentira es más sexi que la verdad»
Para el verificador de Maldito Dato se trata de una reacción emocional “Muchas veces por lo que se comparten tanto los bulos es porque son sexis. Muchas veces la mentira es más sexi que la verdad, usa un lenguaje que apela directamente a lo más profundo de nosotros. A los sentimientos, a nuestros propios prejuicios, y como apela a nuestras entrañas pues lo compartimos”, dice Díaz Grano de Oro. Los datos reales, las cifras, los documentos que desmontan una mentira son fríos o, quizá, sería más certero decir que muestran una realidad objetiva.
Si se suman los algoritmos de internet que “aprenden” de nuestras búsquedas y, en un intento de ofrecer una respuesta más próxima a nuestras predilecciones, limitan nuestras opciones y nos aíslan de otros puntos de vista, se crea una cámara de eco en la que solo existen opiniones iguales.
Cómo saber entonces que alguien ha diseccionado y demostrado que la noticia que provocó aquella reacción visceral es mentira. Necesitamos asumir nuestra responsabilidad.
“Es importante el trabajo de verificación, no solo el que se hace desde el periodismo, sino que nosotros como ciudadanos consumamos la información de manera más pausada, podamos profundizar en ella, para no quedarnos con lo primero que nos llega al móvil o no quedarnos con esa polémica, sino poder contrastar la información, buscar en varias fuentes y poder ampliar esa información que nos están dando.»
Las opciones están ahí, personas que dedican tiempo y esfuerzo a descubrir la verdad. Hay profesionales, técnicos y expertos en todos los campos que aportan sus conocimientos, gente con “superpoderes” como los denominan en Maldita. Y junto a ellos periodistas que apuestan por un trabajo cuyo fin es ofrecer la posibilidad de tener una “opinión formada e informada.”
“Aunque muchas veces no se llegue a tener la misma repercusión que el bulo, a veces vemos que un bulo se ha convertido en muchísimo más que un desmentido, pero sí que sirve a la hora de que alguien quiera saber si lo que le han pasado es verdad o no, pueda buscarlo, y no solo pueda buscarlo si no pueda compartirlo”.
Verdades o medias verdades, mentiras descaradas, narraciones parciales,… la verificación es un mecanismo de control, una línea de defensa ante quienes piensan que gozan de inmunidad para desfigurar la realidad en busca de su propio beneficio.
Y, si bien estoy convencida de ello, veo cada día como se lanzan mensajes interesados que hacen arder las redes sociales y esas acaloradas reacciones llegan a los debates de los medios de comunicación de masas polarizando a una parte de la sociedad, quizá no son la mayoría, pero sí la más ruidosa.







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