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¿Periodismo «corta-pega» o salvavidas informativo? El dilema de la agregación y la curación digitales

Avatar de Alonso Escudero Fernández
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4–6 minutos

OPINIÓN | En un ecosistema digital saturado donde la competencia por captar la atención del público ha alcanzado niveles nunca antes vistos, el papel del periodista está cambiando radicalmente. Ya no solo se trata de producir contenido desde cero; en plena era de la sobreinformación, seleccionar, organizar y redistribuir lo que ya existe se ha convertido en una práctica clave. ¿Estamos ante un simple «corta-pega» para rascar visitas o ante una necesidad absoluta para salvar al lector del caos informativo?

Ahogados en el océano de la sobreinformación

Seamos sinceros: abrir internet hoy en día da dolor de cabeza. Vivimos bombardeados por un flujo infinito de tuits, vídeos, notificaciones de última hora y artículos clónicos. La atención del usuario es el recurso más escaso y disputado del planeta, y los medios digitales lo saben bien. En este escenario de infoxicación salvaje, el periodismo tradicional de «ir, ver y contar» ya no es la única opción sobre la mesa.

Gráfico que muestra el crecimiento de datos en internet en las últimas décadas. / Fuente: ITU

Ahora mismo, gran parte del trabajo en las redacciones consiste en gestionar el ruido. Los medios se han dado cuenta de que el público no necesita más cantidad de información, sino que alguien le ayude a entender la que ya hay. Aquí es donde entran en juego dos prácticas que han transformado profundamente las rutinas profesionales y los modelos de negocio en prensa: la agregación y la curación de contenidos.

Agregación: El imán de audiencias y el dilema de Google News

Por un lado, tenemos la agregación, que funciona principalmente como una estrategia de distribución y captación de tráfico masivo. El típico ejemplo de manual es Google News (o las secciones de «lo que dicen otros medios» que ves en muchos portales). Estas plataformas no crean nada; lo que hacen es usar algoritmos para estructurar, indexar y ordenar contenidos de terceros en un mismo sitio.

Para el usuario es comodísimo, pero para el periodismo es un arma de doble filo. Por una parte, te da una visibilidad tremenda si consigues entrar en sus destacados; por otra, abre un debate ético y económico gigante. ¿Es justo que una plataforma se lleve el clic y los ingresos publicitarios indexando el trabajo que a otro medio le ha costado dinero y tiempo producir? Esta dinámica ha obligado a modificar las rutinas periodísticas, obligando a los redactores a escribir muchas veces más pendientes de gustarle al algoritmo de posicionamiento que al propio lector.

Curación de contenidos: El verdadero valor añadido del periodista

Pero frente a la frialdad del algoritmo agregador, emerge la verdadera joya de la corona del periodismo digital: la curación de contenidos. Y ojo, porque curar no es simplemente recopilar enlaces o hacer un corta-pega vago de los tuits que son tendencia. Eso lo hace cualquiera.

La curación con valor añadido implica que el periodista actúa como un faro. Su trabajo consiste en coger un tema complejo que está fragmentado por toda la red, verificar qué hay de cierto entre tanto ruido, contextualizarlo (explicar por qué importa) y presentarlo de manera coherente y masticada para el lector. Piensa en el éxito brutal de las newsletters en Substack, en los hilos de análisis de X que ordenan un caos político o en los pódcast de resumen diario. Ahí el periodista no te está vendiendo humo; te está regalando su tiempo y su criterio. No es reutilizar el trabajo ajeno; es aportar orden al caos.

El «miedo a perderse algo», la paz mental del lector

Hay un factor psicológico en todo esto que no podemos pasar por alto: el famoso FOMO (Fear Of Missing Out), ese agobio constante que nos entra al pensar que nos estamos perdiendo la noticia del día si no estamos pegados a la pantalla. Las plataformas y redes sociales se aprovechan de esto con algoritmos diseñados para engancharnos en un bucle sin fin. Sin embargo, la saturación ha llegado a un punto en el que el público empieza a sufrir fatiga informativa. El usuario actual ya no quiere infinidad de pestañas abiertas en el navegador; quiere cerrar pestañas.

Aquí es donde la curación de contenidos se convierte casi en un servicio de salud mental. Cuando un medio o un periodista te ofrece un formato cerrado —como un resumen de cinco puntos o una selección de las tres mejores lecturas de la semana—, lo que te está vendiendo en realidad es tranquilidad. Te está diciendo: «Tranquilo, yo ya he leído toda la basura de internet por ti hoy, no hace falta que sigas haciendo scroll, esto es lo único relevante». Este cambio de mentalidad es brutal porque demuestra que el éxito en el periodismo digital actual ya no se mide en clics rápidos e impulsivos, sino en la fidelidad y la confianza a largo plazo.

¿Reutilización vaga o necesidad democrática?

Entonces, volviendo a la pregunta del millón: ¿Constituyen la agregación y la curación una forma perezosa de hacer periodismo o son algo totalmente necesario en el entorno digital contemporáneo?

La respuesta es clara: son una necesidad absoluta. Negar la agregación es ir en contra de cómo funciona internet hoy en día; es una realidad técnica e inevitable para sobrevivir en la lucha por la audiencia. Pero la diferencia la marca la curación humana. En un mundo donde cualquiera puede pulsar un botón y producir ruido (y más con la Inteligencia Artificial generativa inundando las webs de textos idénticos), el valor del periodista ya no se mide por cuántas palabras escribe, sino por su capacidad para separar el grano de la paja.

El futuro del periodismo digital no pertenece a los medios que griten más fuerte ni a los que publiquen más rápido, sino a aquellos que se conviertan en el filtro de confianza de los ciudadanos. Al fin y al cabo, en la era de la distracción, el mejor contenido es el que nos ayuda a entender el mundo sin hacernos perder el tiempo.

Imagen que ejemplifica el proceso de curación de los contenidos online. / Fuente: The Flipped Classroom

Puntuación: 4 de 5.

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