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Periodismo ciudadano… ¿para informar o para viralizarse?

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3–5 minutos

OPINIÓN | El pasado 2 de marzo el cantante Álex Casademunt fallecía. Su muerte, filtrada por el sanitario que acudió a atenderle, abrió el debate en redes sociales acerca de la efectividad del llamado periodismo ciudadano. Muchos eran los usuarios que criticaban la situación que se había generado tras la publicación de lo ocurrido en redes ya que, mediante ella, la familia del cantante se enteró de lo que había pasado.  

Los periodistas buscan informar. ¿Los ciudadanos también?

El periodismo ciudadano es aquel que se basa en la información que las propias personas difunden. Los periodistas investigan un determinado suceso, verifican la información, contrastan las fuentes y se aseguran de que todo aquello que van a publicar se corresponde realmente con la realidad. Son las tareas que definen su profesión.

Por otro lado, están los ciudadanos que ejercen como periodistas sin llegar a serlo. Ahora bien, y aquí radica la peligrosidad de dejar informar a aquellas personas no profesionales, los ciudadanos no están sujetos a normas. Y esto es así porque, al no trabajar para un determinado medio, pueden no ser conscientes de que sus palabras deben tener un límite y, a su vez, respetar las reglas de la profesión.

El periodismo ciudadano existe, y seguirá siendo así, pero no hay que olvidar que las personas no sienten la presión de los periodistas, porque, al fin y al cabo, no lo son.

«Cuando el ciudadano se encuentra en el momento y sitio adecuado y se convierte en testigo directo de un acontecimiento, consideramos que está realizando la labor de un periodista. Entonces el ciudadano se convierte en fuente, pero no en periodista»

Óscar Espiritusanto

Las motivaciones de estos autodenominados periodistas a la hora de difundir una información pueden ser diversas. Pero, en los casos en los que el periodismo ciudadano no es utilizado como debería, el interés rara vez estará centrado en contar lo que ha pasado. De esta forma todo rigor se dejará a un lado con un único objetivo: hacerse virales por ser los primeros en informar de algo. Esto se ve en el caso de Álex Casademunt donde el usuario que colgó su foto en una red social para anunciar su muerte respondía a un comentario con: “yo he sido el primero en informarlo”. Siete palabras con las que parecía enorgullecerse de informar de un hecho que debería haber permanecido ajeno a la realidad mediática, al menos hasta que su familia hubiera conocido antes que cualquier otra persona la situación.

Periodismo ciudadano y fake news

Hablando de esta forma de periodismo no se pueden dejar de lado las fake news, por su significación. Según el estudio de tendencias Approaching the Future, en 2017 las noticias falsas aumentaron más del 300%. Tanto es así que, en ese período, se convirtió en la palabra del año para la editora de diccionarios Collins.

Con todo ello, no es de extrañar que muchas de las noticias que se consumen tengan solo una parte real. Además, que los ciudadanos no profesionalizados puedan aportar, sin límites, las informaciones que consideren gracias a las redes sociales no contribuye a la desaparición de las fake news. Porque de un medio de comunicación con una trayectoria se puede esperar rigor, pero de los ciudadanos y de sus ganas de hacerse virales… nunca se sabe.

En las redes sociales las noticias viajan con mucha más rapidez, haciendo que algo se torne viral en apenas minutos. El problema, en este sentido, estaría en que la mala práctica de unos pocos usuarios haría que toda la profesión periodística se viera abocada a la falta de credibilidad.

Y, ¿qué opinan los periodistas sobre esta actuación ciudadana?

Julen Berrueta, periodista en El Español
Antonio Otero, estudiante de periodismo

El periodismo ciudadano es eficaz, pero solo para quien sabe utilizarlo para su fin principal: informar. Así, habría que diferenciar entre el verdadero periodismo del que no lo es. Confiar tanto poder a los que no son profesionales puede resultar en situaciones dolorosas cuando la información va sin filtros. Habría que pensar si de verdad queremos que la información esté en manos de personas que no han sido preparadas para ofrecerla con el rigor necesario. Como dice el periodista Julen Berrueta “¿estaríamos nosotros dispuestos a que nos tratara un médico sin el título? Pues con el periodismo, pasa igual”.

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