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El escritor gallego Manel Monteagudo.
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Manel Monteagudo, la enésima puntilla a la credibilidad del periodismo español

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795 palabras
3–5 minutos

OPINIÓN | La historia del poeta gallego ha provocado, una vez más, la pérdida de confianza en los periodistas españoles y ha puesto en valor la necesidad de verificación informativa

El pasado 28 de octubre, José Manuel Castro Blanco, más conocido como Manel Monteagudo, convocó a los medios de comunicación para presentar su nuevo poemario De mariño a poeta. Al acto, que se celebró al día siguiente, acudieron varios medios locales de Galicia. Manel contó su historia como poeta: tras sufrir un accidente en 1979, permaneció en coma durante 35 años, narró ante los asistentes.

La historia, sin embargo, no era nueva. Cada vez que a Manel se le presentaba la ocasión al publicar un nuevo libro, el relato circulaba por los distintos medios de Pontevedra. La primera vez que se publicaron estos hechos de su trágica historia fue en La Voz de Galicia en 2019. En esa misma entrada Manel desmiente haber pasado 64 días en coma. Nadie puso en duda la credibilidad de esta noticia debido a su escasa repercusión.

Lo que podía haberse quedado en suceso local, traspaso las fronteras de la comunidad gallega y alcanzo interés nacional con la cobertura de la noticia por parte de Televisión española. La hora de la 1 compartió la historia y en el programa Manel expuso cómo se había perdido los principales actos de su familia debido al accidente que le dejó en coma.

La noticia corrió como la pólvora, y en apenas unas horas ya era tendencia en Twitter. A esta historia se le dio una credibilidad absoluta, y en 24 horas ya ocupaba las principales cabeceras españolas. Sin embargo, pasadas unas horas varios usuarios en redes sociales se percataron de que la historia del poeta estaba plagada de incoherencias. Manel, como pudieron averiguar varias personas, había tenido una hija en el periodo que había estado en coma.

¿Cómo era posible? Al parecer, tal y como había narrado en 2019, el literato sufrió un accidente en el año 1979 que le provocó varias secuelas y le dejó un estado vegetativo durante unos meses. Un suceso significativo, pero lejano a los 35 años que aseguró haber pasado en Televisión española.

El pasado viernes, apenas 48 horas después de que saltara la noticia, Manel Monteagudo se apresuró a desmentir los hechos, reconociendo que la situación se le había escapado las manos.

«Admito y asumo toda la culpabilidad, acepto todo lo que me digan. El que lo dijo mal fui yo y ya está.» declaró en una entrevista en TVE.

Manel Monteagudo reconoce su mentira en TVE

Todos los medios de comunicación españoles habían sido engañados por no haber contrastado la noticia, que con tan solo dedicarle unos minutos, podía haber sido desmontada. Tras la pérdida de credibilidad, muchos medios y periodistas han rectificado, pedido disculpas o directamente borrado de sus plataformas las noticias relacionadas con este hecho. Pero, el daño provocado por la información falsa difundida ya está hecho.

El pasado martes perdí 2 horas, 53 minutos y 59 segundos de mi vida entrevistando a Manel.

Ricardo Colmenero reconociendo su error en el diario El Mundo

La cultura del click y la degradación de la profesión

El caso de Manel es uno de los últimos publicados en los medios españoles. Normalmente las fake news están relacionadas con temas políticos, pero llama la atención que la que se ha conseguido colar en la mayoría de los ha sido, en esta ocasión, una noticia de carácter social. El hecho de que Manel haya usado a todos los medios para publicitarse debería significar un antes y un después en esta profesión.

Una vez más, la credibilidad de los periodistas han quedado retratada por el simple hecho de compartir una historia, que sabían que les iba a generar visitas, pero que no se molestaron en comprobar.

La cultura del click, impuesta por los medios digitales, y también las prisas por ser los primeros en publicar cualquier noticia en Internet, han provocado que los profesionales del sector de la comunicación salgan perjudicados ante la opinión pública.

La verificación de datos o fact checking debería ser lo primordial antes de publicar cualquier información. Sin embargo, es evidente que a los medios les conviene tropezarse una y otra vez con tal de conseguir ser los más rápidos. La pérdida de credibilidad cada día está más justificada y es más común escuchar la manera en que la gente prefiere informarse por redes antes que consumir la información de manera más tradicional.

Es nuestro trabajo como profesionales del sector el dignificar la profesión de contar las cosas. Somos periodistas y es nuestra obligación defender nuestro oficio, en lugar de ser los primeros en tratar de destruirlo. Tenemos el deber de recuperar los viejos valores del periodismo si no queremos perder definitivamente al público, que al fin y al cabo es el que nos mantiene y nos da de comer.

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