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Las redes sociales hunden la verdad

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5–7 minutos

REPORTAJE | La DANA de Valencia fue una catástrofe climática que ocurrió en España. Unas fuertes lluvias desbordaron varios ríos y embalses, desembocando en una inundación que se llevó por delante hogares enteros. Causó fallos en los suministros de luz y agua corriente, y, con los garajes inundados y varios coches inservibles, carreteras inundadas y obstaculizadas con barro, objetos personales e incluso cuerpos humanos, los vecinos de los pueblos como Catarroja, Buñol, Almussafes, Paiporta, entre otros, estaban atrapados buscando a familiares desaparecidos entre los restos de los que una vez fueron sus hogares. La cifra oficial de víctimas asciende a más de 235, y aún hay gente desaparecida.

Los medios de comunicación tenían un papel clave a la hora de informar con rapidez sobre lo ocurrido. Cubrieron la noticia inmediatamente, promoviendo fotos del desastre y de los afectados.

La velocidad de la tormenta fue tal que en cuestión de horas las carreteras estaban cubiertas de agua, los camiones hundidos, locales destruidos, y hogares inundados.

Sin embargo, esta cobertura inicial se centró principalmente en el hecho inmediato, dejando en un segundo plano la situación de los afectados tras la catástrofe, porque priorizaron la objetividad en sus noticias.

Voluntarios cubiertos de barro limpiando las calles. Imagen cedida por Eloy Flores.

La voz de la situación

Ciertas personas, como una vecina de Aldaia llamada Paula, consiguieron contactar con amigos y familiares para contarles la verdadera gravedad del asunto, y aquello que los periódicos no contaban.

El vacío informativo facilitó la expansión de contenidos en redes sociales porque eran los únicos espacios en los que la gente podía contar de forma directa su situación.

La propagación de la situación consiguió reunir varios grupos de gente conmovida por la situación, que decidieron ir como voluntarios a ayudar a las personas afectadas en las localidades. Llevaron botellas de agua, comida, pañales, ropa, y compartieron la situación en redes sociales. Esto porque los medios de comunicación oficiales, en una primera instancia se centraron en explicar lo que había pasado, pero no en cómo llevaban los valencianos la situación. Y sobre todo, que la situación no se limitaba a haber sobrevivido a la inundación. Ahora los valencianos se enfrentaban a las consecuencias: el hambre, frío, duelo y la falta de recursos.

El papel social del periodismo

Imagen generada por Gemini sobre verificar los bulos

Una vez viralizada en redes sociales la situación, comenzó el principio de los bulos en redes sociales. Estas plataformas se convirtieron en un espacio clave para la desinformación. Con la viralización de la catástrofe vinieron bulos como el parking del centro comercial de Bonaire, el cual se decía que los buzos habían encontrado cientos de personas muertas, cuando la realidad es que no hubo víctimas mortales. O casos de periodistas como el de Rubén Gisbert que se manchó de barro antes de empezar a grabar para exagerar su reportaje. El foco parecía estar en empeorar la imagen de un pueblo destruido que en ayudar de verdad a las personas necesitadas.

Al ver la repercusión que estaba tomando la situación, y la desinformación que había en los canales no oficiales. Los medios volvieron a tomar las riendas de la situación. El periodismo asumió el papel social que tiene: dar voz a las víctimas. Con el paso de los días, los medios comenzaron a profundizar en historias humanas. Tal fue la repercusión que incluso los reyes de España fueron a mostrar su apoyo a las víctimas.

La parte humana de la tragedia

Por otra parte, se produjo una respuesta solidaria masiva. Tras la difusión en redes, miles de personas se organizaron como voluntarios y se desplazaron a las zonas afectadas para ayudar directamente a los vecinos. Repartieron alimentos, agua potable, ropa, pañales, comida para celíacos y material básico.

El voluntario Eloy Flores explica su sorpresa al toparse con la situación de que días después seguía estando todo igual de mal y no daba la sensación de que estuvieran recibiendo ayuda. Fotografía cedida por Eloy Flores

También organizaron encuentros como hizo Marta Díaz en el centro comercial Plaza Loranca 2, para que los vecinos compraran y aportaran material a unas furgonetas que se llevarían a los pueblos. Esta movilización ciudadana fue clave en los primeros días posteriores a la catástrofe, especialmente en aquellos momentos en los que la información oficial era limitada.

La voluntaria Cristina Gómez hablando sobre el choque de realidad que le dio al ver que las redes exageraron la situación. La cual era mala, pero no tanto como ella había visto. Fotografía cedida por Cristina Gómez.

Poco a poco iban saliendo más noticias, pero esta vez no eran actualizaciones, sino la corrección de las que resultaron ser falsas. Por ejemplo las noticias que salieron sobre que los servicios de emergencia, según Mazón, no estaban colapsados, y tuvieron que ser rectificadas cuando el periodista Sergi Pitarch, de elDiario.es, lo desmintió para decir que era mentira. Además, gran parte de las noticias corregidas ya no se encuentran disponibles.

Judit Barceló, ex redactora en prácticas del Diari del Camp de Tarragona, hablando sobre algunas noticias que tuvieron que cambiar porque resultaron ser bulos. Fotografía cedida por Judit Barceló.

La calma después de la tormenta

Con el paso del tiempo, empezó a evidenciarse el impacto de la desinformación. Muchos de los bulos difundidos inicialmente, como que hubo más de mil muertos en la DANA, o que los militares escondían cadáveres para ocultar la cifra de fallecidos, fueron desmentidos por medios de verificación y fuentes oficiales como Maldita.es, lo que sirvió para darse cuenta de lo vulnerable que es la audiencia a la información cuando los medios de comunicación no cubren las demandas de información y en las redes sociales solo hay gente que exagera.

Los medios de comunicación oficiales cubrieron la noticia desde un punto de vista objetivo, y profundizaron en la política y en cómo llevaban su vida los valencianos supervivientes, mientras que en las redes sociales los usuarios se dedicaron a esparcir rumores y mentiras para generar más morbo. Pero esta experiencia ha despertado la empatía de miles de personas y le han enseñado a la gente que cuando necesiten ayuda la recibirán bajo el lema «Solo el pueblo salva al pueblo».

Rectificar es de sabios

La cobertura de la DANA de Valencia también mostró una realidad del periodismo: su capacidad de rectificación.

Medios como RTVE o El País actualizaron cifras y datos conforme avanzaban las investigaciones, mientras que plataformas de verificación como Maldita.es y Newtral se dedicaron principalmente al fact-checking, investigando bulos como los antes mencionados entre muchos más. Y creando una línea temporal de todo lo que ocurrió realmente ese día.

Demostrando así que el papel que jugó el periodismo siempre fue con la más total transparencia.

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