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La precariedad en el periodismo

Avatar de María García Marín
532 palabras
2–3 minutos

OPINIÓN | No recuerdo el día exacto en el que el periodismo llamó tanto mi atención que a partir de ahí, a la pregunta “qué quieres ser de mayor”, siempre contestaría “periodista”. Sé que fue a una edad temprana y no sucedió como una revelación, sino como algo que se fue gestando. Quizá esta idea fue alimentándose de mi curiosidad constante por el mundo que me rodeaba y por la necesidad imperante de aturdir a mis padres con preguntas. Cuando me fui aproximando a la selectividad la pregunta cambió y se convirtió en “qué quieres estudiar”. Mi respuesta siempre fue “periodismo”. Pero en este caso muchas reacciones ya no fueron de ternura o de asombro. En muchas, el rictus se volvió serio y por primera vez empecé a escuchar las palabras “precariedad” y “paro” próximas a “periodismo”.

Desde entonces no he dejado de escuchar esas palabras. Estas se han convertido en un martillo que machaca la ilusión y la vocación de aquellos que queremos dedicarnos a esta profesión. Pero sobre todo es la realidad de una gran cantidad de profesionales cualificados que no pueden trabajar. Y si lo hacen, no en las condiciones más óptimas para desarrollar de manera adecuada su trabajo.

A finales del año 2020, en España había 8386 periodistas parados registrados en las oficinas de Servicio de Empleo Público Estatal (SEPE) del Ministerio de Trabajo, un 25% más que en 2019. Este aumento del paro es superior al 23% del pasado septiembre, recogido en el Informe Anual de la Profesión Periodística 2020, editado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). Aunque el paro haya aumentado más entre los hombres, las mujeres representan casi dos tercios de los periodistas sin trabajo (62%), según este mismo informe.

Imagen sacada de Dispitch.io

Es cierto que la pandemia ha afectado de forma directa a este sector, pero el periodismo ya se encontraba en crisis antes del covid-19. Como en muchos otros sectores, la situación a la que nos ha empujado la pandemia solo ha recrudecido los problemas ya existentes. La baja remuneración, las enormes cargas de trabajo incluso en competencias que no corresponden, trabajar más horas que el límite legal establecido, son algunas de las preocupantes cuestiones ya existentes antes de la pandemia. Toda esta crisis en el sector laboral del periodismo se traduce en una sola cosa, la baja calidad de la información.

El 78% de los periodistas contratados por los medios han realizado una cobertura informativa de la pandemia. El 80% reconoce que no tenía conocimientos suficientes para ello. La precariedad en el periodismo hace que la información sea sustituida en muchos casos por la desinformación. No por el hecho de que los profesionales no sepan realizar su función, sino porque un periodista no puede tener la carga de trabajo de cuatro y ser pagado como medio. Por ello el periodismo también se ve envuelto en la falta de credibilidad.

En definitiva, la labor del periodismo se encuentra en riesgo y por lo tanto la información también. Una sociedad sumida en la desinformación, en las verdades a medias, en las noticias falsas, es una sociedad menos libre. El periodismo ayuda al ejercicio de la democracia y lo contrario al periodismo es un país absorto en su propia ignorancia.

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