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La libertad de prensa, sepultada en Afganistán tras el regreso del régimen talibán

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4–6 minutos

OPINIÓN | Los Estados donde el periodismo es, más que necesario, fundamental, también son -en una especie de realidad paradójica y sobre todo injusta-  aquellos en los no existe ni la libertad de información ni la libertad de expresión. La desestabilización socioeconómica y los regímenes totalitarios ahogan las voces que necesitan contar las injusticias y represalias de países y regiones en crisis. Con ellas también, el ejercicio periodístico de calidad. Es el caso -entre otros- de Siria, Líbano, Yemen o Afganistán, fustigado desde este verano bajo el poder talibán.

Los ciudadanos afganos perdieron el control sobre su miedo y desesperación paralelamente a la toma de Kabul. Veinte años después de que finalizara el último mandato de terror en el país asiático, se vivieron dos décadas de progreso que tras la retirada de las tropas estadounidense el pasado 15 de agosto se desvanecen y se escapan como agua entre los dedos, adquiriendo retrospectivamente cierto carácter ilusorio.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos y el Pentágono han calculado que se ayudó a escapar, en una operación de evacuación rápida y aparatosa, a unas 122.000 personas en total. Tanto personal desplegado como colaboradores del país que huyeron tan pronto empezaron a sonar campanas de hundimiento en el Gobierno de Ashraf Ghani

Violencia contra la libertad de prensa

Los profesionales de la información son etiquetados a partir de esta fecha como enemigos de los nuevos dirigentes, hasta hacía poco insurgentes. Todo esto, a pesar de las promesas públicas de los talibanes de respetar los derechos y libertades y perdonar a todos sus opositores. Una vez realizado el trasvase de poder de forma medianamente pacífica, empieza la persecución política de aquellos detractores del sistema. 

Y amanece un nuevo -pero también viejo- Afganistán. Con la mayor parte de la prensa exiliada y la residente sometida a una espiral del silencio autoimpuesta por miedo a las reprimendas. Los castigos por informar comprenden desde la censura hasta la tortura.

El Emirato ha impuesto un catálogo de restricciones con el fin de proteger el islam y que arremete contra la libertad de prensa. A merced de esto, los abusos a periodistas han sido continuos desde el levantamiento del régimen. Uno de los casos sucede tan sólo cinco días más tarde de que se estableciera el estado represivo actual. El asesinato a tiros del familiar de un corresponsal de la cadena internacional alemana Deutsche Welle (DW) demuestra la sangre fría de la nueva jerarquía.

Otra de las atrocidades contra uno de los mayores avances del país en los últimos veinte años, la libertad de información, fue el apaleamiento de dos reporteros del periódico nacional afgano Etilaat Roz, detenidos durante varias horas en Kabul cuando cubrían una manifestación a finales de agosto.

Incapacidad profesional, opacidad informativa

Reporteros Sin Fronteras (RSF) clasifica a Afganistán en el vigésimo segundo puesto en su Ranking 2021 sobre la situación global de la libertad de prensa. Siendo el país en el primer puesto el más libre en estos términos y el número 180 el menos libre. 

Además, según la ONG, de las mujeres periodistas que ejercían en la capital, menos de un centenar siguen desempeñando su labor. En total, y según denuncia la Unión Nacional de Periodistas Afganos, en estos tres meses se han extinguido todas las publicaciones en papel del país y alrededor de un 70% de los profesionales han abandonado el oficio del periodismo.

Fuente: Adobe Stock

Desde que Afganistán vuelve a ser territorio hostil para el trabajo periodístico, la opacidad reina sobre las fuentes informativas y la pluralidad muere en el panorama de comunicación afgano. En parte por la persecución política, en parte por la crisis económica que apenas permite a los habitantes cubrir las necesidades básicas. La labor de recabar, contrastar y verificar la información resulta cada vez más peligrosa y tediosa, implicación que quizá termine por arrinconar la realidad de lo sucedido en esta fracción de Asia hasta que caiga paulatinamente en el olvido mediático. 

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”

Artículo 19. Declaración Universal de Derechos Humanos

 

Podcast de la revista internacional 5W sobre el conflicto afgano

La comunidad internacional como salvavidas

Los derechos humanos son casi la única baza retórica con la que puede jugar el interlocutor internacional y también son, por otro lado, papel mojado para un estado en crisis que no incluye el término libertad dentro de sus paradigmas. 

En el ámbito periodístico, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y sus organizaciones afiliadas han acudido a los distintos gobiernos de la Unión Europea y del resto del mundo para proporcionar ayuda y protección a los trabajadores de prensa y sus familiares que estén bajo amenaza talibán. 

Desde el exterior de las fronteras tan sólo queda, por el momento, ofrecer seguridad a una nación cuyas ideas de gobierno incluyen acciones como silenciar los medios, censurar las imágenes y expulsar a todo aquél que se haya pronunciado, se pronuncie o se pueda pronunciar ante lo establecido. La libertad de prensa se erige ahora mismo como un concepto utópico que sólo se puede enfrentar a punta de pistola contra el islam.

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